Las Siete Verdades “Leche”

     Por:  Jairo Carbajal Delgado, Eleazar Mendoza Liñán, Ricardo Vivas Arroyo

Contenido:

0. Introducción (bajar archivo)

1. La doctrina de Cristo (bajar archivo)

2. Arrepentimiento de obras muertas (bajar archivo)

3. Fe en Dios (bajar archivo)

4. Doctrina de bautismos (bajar archivo)

5. Imposición de manos (bajar archivo)

6. Resurrección de los muertos (bajar archivo)

7. El juicio eterno (bajar archivo)

 

INTRODUCCION

 

Doctrina viene del latín doctus que significa enseñar o transmitir los conocimientos que se tienen respecto a un tema; así que es un conjunto de principios, reglas y preceptos establecidos en forma sistemática, respecto a una ciencia, filosofía o religión, que son objeto de enseñanza y que deben conocer y practicar todos aquellos que se precien de ser discípulos o seguidores de esos conocimientos. Quien domina y tiene la capacidad de transmitir la doctrina se le llama doctor o maestro. La doctrina cristiana tiene como su única fuente el Nuevo Testamento de la Biblia; además, debe ser corroborada y consistente con toda ella y resistir cualquier análisis desde las diferentes perspectivas de la Palabra de Dios.

 

El apóstol Pablo se refiere en sus epístolas en siete ocasiones a la sana doctrina, dando en cada ocasión una clave para poder conservarse en ella. Lo cierto es que es de suma importancia para un creyente en Cristo, conocer las verdades reveladas por Dios en su Palabra, de modo que las pueda comprender y practicar, disfrutando así de la eficacia de sus principios y del poder de la voluntad de Dios expresada en ellas.

 

Actuamos bajo convicción del Espíritu Santo al poner al alcance de los creyentes en Jesucristo, este libro de doctrina cristiana básica, que los apóstoles Pablo y Pedro llaman leche espiritual, palabras del comienzo o rudimentos de la doctrina de Cristo (He. 5:11-12, 6:1, 1 P. 2:2). Es también nuestro privilegio difundir esta doctrina bíblica, que aprendimos del apóstol Robert Ewing, siervo de Jesucristo por la gracia de Dios.

 

Creemos que para que un creyente pueda digerir el manjar sólido de la sana doctrina que nos lleva a la perfección, en necesario primero alimentarse de esta leche doctrinal, por medio de la cual se crecerá en salud, hasta llegar a ser maestros (doctos) en las verdades espirituales que les permitan ser maduros o perfectos en Cristo (Ef. 4:14-15). Ese es uno de los nueve puntos de la Gran Comisión, adoctrinar a los creyentes para que vivan plenamente en la voluntad de Dios (Mt. 28:18-19; Mr. 16:15-18).

El apóstol Pedro recibió las llaves del Reino, o principios que nos dan acceso al abrir las puertas del Reino de Dios (Mt. 16:19), verdades básicas o rudimentos del Evangelio que son la leche espiritual que debe alimentarnos al inicio de la nueva vida en Cristo (1 P. 2:1-3); también sabemos que San Pablo habla en sus epístolas de las mismas cosas, desarrollándolas más ampliamente (2 P. 3:16). Así que vamos a estudiar las siete doctrinas básicas o rudimentos que encontramos enlistadas por orden en Hebreos 6:1-3.

“Por tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno. Y esto haremos a la verdad, si Dios lo permitiere”.

El siguiente esquema nos muestra las siete doctrinas fundamentales o leche espiritual para crecer en salud, siendo el eje o doctrina principal de la cual se desprenden las demás, la doctrina de Cristo

0. Introduccion verdades leche

 

VERDADES “LECHE” O RUDIMENTOS DE LA DOCTRINA

Es importante la recomendación que Pablo dio a Timoteo acerca de la sana doctrina que le enseñó, diciéndole que retuviera la forma de las sanas palabras que le escuchó enseñar a las iglesias (2 Ti. 1:13), no le dijo que retuviera las sanas palabras solamente, sino la forma (Gr. Hupotuposis que significa patrón a seguir, plano, modelo, esquema o forma a la cual ceñirse). Pablo hace referencia, como un perito arquitecto que era, a los planos constructivos a los que el edificador debe apegarse estrictamente para llevar a cabo la construcción de un edificio. Pablo dice a Timoteo y a todos los ministros del Señor, que retuviera el esquema, o estructura en que les había enseñado la sana doctrina, presentada en un plano constructivo del cual se pueden desprender los detalles sin perder la visión integral. De no hacerlo así, las preciosas verdades de la doctrina pudieran verse sueltas o deshilvanadas unas de otras, y por lo tanto perder su balance o quedar incompletas. Más adelante Pablo le exhorta también a que al entrar en los detalles, los tracen bien, de modo que no tenga de qué avergonzarse (2 Ti. 2:14). La palabra griega traducida como trazo es Orthotomeho, que significa disectar o efectuar un corte preciso, es decir, que al entrar en los detalles estos correspondan exactamente a lo mostrado en el plano general.

Con todo ello, podremos estar seguros, que no son verdades sueltas, sino perfectamente estructuradas, ya que el siete en la Biblia, es símbolo de perfección o plenitud, y al corresponder a él, estas doctrinas están completas y además cumplen el propósito de llevarnos a la plenitud.

 

I. LA DOCTRINA DE CRISTO

 

Esta es la doctrina más amplia y con mayor importancia en toda la Palabra de Dios. Hablar de la Doctrina de Cristo significa hablar de toda la Biblia, ya que el mismo Cristo es el “Logos” (Palabra) de Dios (Jn. 1:1, 14). Él es también el tema central de toda la Palabra de Dios. Esto nos indica dos cosas fundamentales; primero, que conociendo la Doctrina de Cristo vamos a recibir un claro entendimiento de la Palabra de Dios, y segundo, que toda doctrina debe estar centrada en Cristo.

Dada la amplitud del tema y de las diferentes maneras en las que podemos tratarlo. Vamos a ver dos pasajes de la Escritura en el Nuevo Testamento que nos van a dar un resumen general de lo que es La Doctrina de Cristo. Estos dos pasajes son Filipenses 2:5-11 y 1 Timoteo 3:16. En estos pasajes encontramos 7 etapas en al vida de Cristo, que al estudiarlos detenidamente, nos darán una clara perspectiva de la esencia de esta doctrina.

7 ETAPAS

Filipenses 2:5-11

1 Timoteo 3:16

I

LA DEIDAD DE CRISTO

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios

II

LA HUMANIDAD DE CRISTO

Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; ha sido manifestado en carne;

III

LA HUMILLACIÓN DE CRISTO

Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. ha sido justificado con el Espíritu;

IV

LA EXALTACIÓN DE CRISTO

Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un Nombre que es sobre todo nombre. ha sido visto de los ángeles;

V

EL PODER DE CRISTO

Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; ha sido predicado á los Gentiles;

VI

LA GLORIA DE CRISTO

Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, ha sido creído en el mundo;

VII

LA ETERNIDAD DE CRISTO

Á la gloria de Dios Padre ha sido recibido en gloria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A.     La Deidad de Cristo

La primera etapa en la Doctrina de Cristo es su deidad. Esto significa que Cristo es Dios en toda su plenitud. Este hecho es de fundamental importancia, ya que a través de éste comprenderemos un aspecto básico en la salvación del hombre. El hombre no se puede salvar a si mismo, por lo tanto la salvación había de ser originada en Dios para que fuera realmente efectiva. Aquellos que niegan la deidad de Cristo no dan lugar para una verdadera salvación, ya que si Cristo fue solamente un hombre, no hubiera tenido la capacidad de ser un Redentor perpetuo. Para obtener una redención verdadera, se requería un Nuevo Adán que no hubiera heredado una naturaleza pecaminosa, es por eso que al establecer la deidad Cristo, se obtiene una visión clara de que nuestro Redentor tiene un origen completamente puro. Esta deidad vamos a verla desde la perspectiva de Los 7 Pronombres Interrogativos.

1. La primera pregunta es: ¿Dónde está la deidad de Cristo? La encontramos en una completa igualdad con Dios, en su omnipresencia.

-       Su igualdad con el Padre. Juan 10:30; 14:7-11; 17:11, 22; Col. 2:9.

-       Honrado como Dios. Juan 5:23; Heb. 1:6.

2. La segunda pregunta es: ¿Cuál es la prueba de su deidad?

-       El cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento (Isa 7:14; 8:8; 9:6; Mt 1:23)

-       Su esencia divina Juan 1:1 nos da una declaración contundente de su deidad. Ro. 9:5; Col. 1:15; 2:9, Tito 2:13; 1 Juan 5:20.

3. ¿Qué testigos lo confirman?

-       Elisabet y Zacarías. Lc. 1:43, 76

-       Simeón y Ana. Lc. 2:26-38

-       Juan el Bautista. Jn. 1:34

-       Natanael. Jn. 1:49

-       Marta. Jn. 11:27

-       Los discípulos. Mt. 14:33; 16:16; Jn. 20:28-29.

-       El Centurión. Mt. 27:54.

-       Los ángeles. Lc. 1:30-32, 35.

-       Los demonios. Lc. 4:41

4. ¿Quién es Él?

-       El Unigénito de Dios. Jn. 1:14, 18; 3:16-18; 1 Jn. 4:9.

-       El Hijo de Dios. Mt. 3:17; 17:5; Jn. 10:36; 19:7; 20:31.

-       El Gran “Yo Soy.” Jn. 6:51; 8:12; 10:7-9, 11; 11:25; 14:6; 15:1. El Jehová del Antiguo Testamento.

5. ¿Cómo se demuestra su deidad?

-       Por su capacidad de perdonar pecados. Mr. 2:5-11.

-       Por su omnipotencia. Juan 1:3; 1 Cor. 1:24; Col. 1:16; Heb. 1:2, 3.

-       Por su omnisciencia 1 Cor. 1:24; Col. 2:3.

6. ¿Por qué se manifestó Dios? Con el propósito de redimirnos.

-       Para salvarnos de nuestros pecados Mt. 1:21-23; Jn. 1:29, 36; Heb. 1:3.

7. ¿Cuándo ha existido? Dios siempre ha existido, Jesucristo es eterno.

-       Su eternidad. Juan 1:1; Col 1:17; Apo. 1:11, 17.

 

B.     La Humanidad de Cristo

Así como es de suma importancia conocer de la deidad de Cristo, también lo es el conocer su humanidad, Él no solamente fue llamado “Hijo de Dios,” como lo resaltamos en el punto anterior, sino también “Hijo del hombre” (Mt. 8:20; 16:13, etc.). El saber que Jesús fue un hombre en plenitud nos va a dar la clave para poder entender su sacrificio substitutorio y así mismo el inmenso amor detrás de él.

Cuando Jesús fue engendrado en el vientre de su madre María (Lc. 1:31-37; Mt. 1:18), Él se había ya despojado voluntariamente de todas sus capacidades divinas con el objeto de ser semejante a nosotros en todo (Heb. 2:17). Su deidad quedó solamente confinada en su espíritu (Lc. 23:46; 10:21; Mr. 8:12; Jn. 11:33; Jn. 19:30), y Él, sin hacer uso en lo absoluto de sus capacidades divinas, nació en una manera natural (Lc. 2:6,7: Mt. 1:16, 25; 2:2), y vivió en este mundo alrededor de 33 años como un hombre natural.

Las evidencias bíblicas abundan en relación a su naturaleza humana, ya que Él tuvo un cuerpo como nosotros, para que pudiera conocer las limitaciones en las que nosotros nos encontramos, algo que era necesario para poderse identificar con nosotros. Jesús lloró (Lc. 19:41; Jn. 11:35; He. 5:7), tuvo hambre (Mt. 4:2; 21:18), tuvo sed (Jn. 4:7; 19:28), se cansó (Jn. 4:6), durmió (Lc.8:23; Mt. 8:24), sintió dolor físico (Jn. 19:1-3; Mt. 26:67), experimentó también en su humanidad las carencias de la pobreza (Lc. 2:7, 24; Mt. 8:20), ya que nunca fue un hombre rico (2 Cor. 8:9) y aún en su muerte experimentó los dolores de los azotes y el brutal castigo de los soldados romanos (Mr. 15:34-37; Lc. 24:46; 1 P. 3:18).

Jesús tuvo también un alma en la cual tuvo sentimientos, razonó y decidió, como lo hacemos todos los seres humanos (Hch. 2:31, Lc. 2:46, 47, 52; 20:21; 22:41-42; Mt. 26:38; Jn. 12:27; Jn. 5:30; 6:38; Mr. 14:34). La Biblia también nos enseña que Jesucristo no dejó de ser hombre una vez que murió; ya que su resurrección (Lc. 24:38-43; Jn. 20:20, 27), su ascensión (Hch. 1:9; 7:55, 56; Ef. 4:9,10; Mt. 19:28) y su continua intercesión por nosotros (Heb. 4:16; 7:25), se llevan a cabo por un Cristo que conserva su humanidad. Y cuando Él venga por nosotros, le veremos aún en su humanidad (Hch. 1:11; Ap. 1:7).

Además de los testigos y de las muchas pruebas de su humanidad ya mencionadas, es de suma importancia considerar su tentación (Mt. 4:1-11; Lc. 4:1-13), ya que es una de las más contundentes pruebas de su humanidad, y es precisamente allí donde radica su mayor victoria sobre Satanás y el pecado. Hubiera sido sin significado que Jesucristo, en su capacidad divina, hubiera sido tentado, ni siquiera tendría sentido tentar a un “semidiós,” ya que el verdadero motivo de que Jesucristo se manifestara en carne (1 Jn. 4:2-3), era el arrebatar a Satanás el dominio que éste tenía sobre la raza humana, y ser probado en igualdad de circunstancias que ellos, para poder darles una verdadera redención.

El diablo en su astucia, cuando tentó a Jesús en el desierto, lo retó como Hijo de Dios, tratando de lograr dos cosas: 1) Hacerle caer en pecado como Hijo de Dios y entonces enseñorearse de Él como lo había hecho del primer Adán, y 2) Descalificar a Cristo como verdadero representante de la humanidad. El resultado fue que Jesús derrotó a Satanás en sus dos diabólicos propósitos. Primeramente, no cayó en ninguna de las tentaciones, y en segundo lugar, Jesús nunca respondió a las tentaciones en su calidad de Dios, más bien lo hizo como Hijo del hombre, “…no solo de pan vivirá el hombre,” fue su respuesta. Hebreos 4:15 nos confirma esto.

Todos estos versículos nos muestran a un Jesucristo que fue un verdadero hombre, con el propósito de que podamos tener una completa identificación con Él. Ésta es una de las armas más poderosas en contra de Satanás y de sus tentaciones. Al saber que tenemos a alguien que no solamente nos puede entender en nuestras tentaciones, sino que también, debido a su fidelidad, no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos resistir (1 Cor. 10:13), y por si esto fuera poco, Él mismo desde nuestro espíritu, donde vive en plenitud, nos da la fuerza para vencer (Ro. 8:13).

En resumen podemos decir esta fase de la humanidad de Cristo nos ayuda a identificarnos con el vencedor y así poder ser vencedores juntamente con Él.

 

C.      La Humillación de Cristo

Una vez que hemos entendido la humanidad de Cristo y el propósito que ella tiene en que podamos identificarnos plenamente con Él, veremos ahora, como está escrito en Filipenses 2:8, la humillación voluntaria de Cristo. La Cruz de Cristo es el tema central de la predicación apostólica (1 Co. 1:23, 24; 2:2), ya que Cristo, al haberse humillado voluntariamente, nos va a manifestar el principio más poderoso, importante y fundamental de la vida cristiana, la humildad.

La “Doctrina de Cristo” no estaría completa sin realmente entender que ser como Cristo significa que la humildad debe ser parte esencial de nuestra vida cristiana. Pablo, el apóstol de los gentiles en Filipenses 2:5, así como Pedro, el apóstol de los judíos en 1 Pedro 2:21-24, declaran el ejemplo de Cristo, un ejemplo que para el mundo es locura, pero que encierra la gloria más grande que será descubierta en la eternidad con Cristo. Si miramos atentamente como Cristo se humilló, y así obtuvo la máxima exaltación, vamos a aprender que el camino hacia la gloria no es exaltándonos, o tratando de colocarnos en una posición superior a los demás, es precisamente al contrario, humillándonos y siendo siervos de todos es que podremos alcanzar mayor gloria con Cristo. Esta humillación tiene dos aspectos principales: 1) Su dependencia del Espíritu Santo para la obra sobrenatural que tenía que cumplir. 2) Su humillación en relación al pecado muriendo en la cruz.

1) La primera fase de la humillación de Cristo la vemos en el cumplimiento de los propósitos eternos. Aquí se resalta la obediencia y la humildad del Señor. El Creador del cielo y de la tierra, el Gran Yo Soy, El Alfa y el Omega, etc., tenía ahora que cumplir la tarea más grande en una completa dependencia de su relación con el Padre y con el Espíritu Santo.

Esto tiene el propósito de enseñarnos a caminar en una mayor identificación con Él cada día de nuestra vida, para que sus planes puedan cumplirse en nosotros y a través de nosotros, al depender como Él lo hizo, de nuestro Padre celestial y del Espíritu Santo.

El hecho de que Jesús se haya despojado de sus capacidades divinas, nos enseña que Él vivió como un hombre natural todos sus días sobre la tierra. El creció como cualquier niño y nunca se movió en el ámbito sobrenatural. No fue sino hasta su bautismo en el Jordán por Juan el Bautista, a sus 30 años de edad, cuando el Espíritu Santo lo ungió para iniciar su ministerio que lo sobrenatural empezó a suceder (Lc. 3:23; 4:18-19).

Al entender esta fase de su humillación, nos vamos a percatar de que todo los milagros, sanidades, liberaciones y aún resurrección de muertos que Jesús hizo fueron por el poder del Espíritu Santo (Hch. 10:38). A través de los cuatro evangelios vemos el respaldo de Dios sobre de su vida y ministerio, ya que Jesús dependía de sus tiempos de oración y de la comunión con su Padre celestial, como una preparación para que el Espíritu Santo fluyera a través de Él cada vez que encontraba un reto sobrenatural. Es por eso que Jesús prometió: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre.” (Jn. 14:12). Este pasaje está escrito en referencia a la venida del Espíritu Santo una vez que Jesús llegara al Padre después de su resurrección, para decirnos en una manera bien clara que el mismo Espíritu Santo que le ungió a Él, es el que vendría sobre nosotros y nos habilitaría para hacer todas las cosas que Él nos había mandado. El Espíritu Santo nos da esa “virtud,” ese poder que necesitamos para ser transformados en su semejanza (2 Co.3:18), y asimismo, para ser utilizados por Cristo en la edificación de Su Gloriosa Iglesia. Esta verdad abre los ojos de nuestro entendimiento, al conocer que; si Jesús fue un hombre como nosotros e hizo todas las cosas por el poder del Espíritu Santo que vino sobre Él, nosotros también, al haber sido redimidos completamente del pecado, y mantenernos en humildad delante de Él, podemos anhelar el ser transformados, y poderosamente utilizados para el extendimiento del reino de Cristo, en el cual no existen limitaciones.

2) La segunda fase de su humillación es en relación al pecado, esto nos revela la manera en que Jesucristo, un verdadero hombre, se humilló a tal grado, que no queda duda alguna de que Él realmente hizo el pago total por el pecado del hombre de una vez y para siempre; ofreciendo ahora a todo aquel que crea en Él una redención completa y eterna (Heb. 9:11-12).

La humanidad, por causa de que Adán, su primer representante, pecó y entregó a toda su descendencia a la muerte y la condenación eterna, había quedado en esclavitud del diablo (Ro. 5:18, 19; 1 Co. 15:22). Jesús, al ser hecho un verdadero hombre, venía como el segundo Adán (1 Co. 15:45), para dar una nueva esperanza al hombre. Es en base a esta verdad que nosotros que hemos creído que Él vino en carne, hemos sido realmente redimidos por Él cuando llevó en si mismo todos nuestros pecados y sus terribles consecuencias al morir por nosotros en la cruz.

El pecado, que es la base de la esclavitud, la enfermedad, la muerte y el castigo eterno,  tiene 3 significados en la Palabra de Dios; es una naturaleza, una acción y un estado. Jesucristo nuestro Redentor hizo una obra completa, librándonos totalmente del pecado en sus 3 fases.

a) La naturaleza de pecado es aquella que trae consigo cada hombre o mujer que es concebido (Sal. 51:5), es lo que en la Biblia se conoce como “el viejo hombre” o “la carne.” Esto significa que el hombre es pecador por naturaleza, no necesita pecar para ser un pecador, su naturaleza es de pecado. Sabemos que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo (Mt. 1:18, 20), lo cual lo hacía completamente puro, es decir, Jesús nació sin la naturaleza de pecado que todos los hombres reciben de sus padres naturales, y se mantuvo en esa pureza durante toda su vida en esta tierra, aunque fue tentado en todo (Mt. 4:1-11; Lc. 4:13; He.2:18; 4:15).

¿Cómo pues nos iba a redimir Jesús de una naturaleza que Él nunca tuvo? Hablando con Nicodemo en relación al nuevo nacimiento (lo que implica una nueva naturaleza), le dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado” (Jn. 3:14). Jesús estaba revelando la manera en la que Él iba a librar a la humanidad de su naturaleza de pecado, porque ¿cómo puede Jesús ser comparado a una serpiente? Únicamente al tomar en sí mismo nuestra naturaleza en la cruz. Esto significa que el Hijo del hombre, el representante de la humanidad, estaba recibiendo en sí mismo una naturaleza de serpiente cuando el fue puesto en la cruz. Es en esa condición que el clama “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y también 2 de Corintios 5:21 nos dice: “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Ésta es la primera fase de la obra de redención, Cristo tomó nuestro lugar en la cruz llevando nuestra horrible naturaleza de pecado, ella fue puesta en Él en el mismo momento de su crucifixión. Por eso, cuando Cristo murió, nosotros (nuestro viejo hombre) morimos juntamente con Él (Ro. 6:6). En la realidad espiritual, nosotros estábamos siendo crucificados en Cristo en el Calvario. Por eso, “… el que es muerto, justificado es del pecado” (Ro. 6:7).

b)    Los actos pecaminosos también fueron pagados por Jesús cuando Él murió en la cruz por nosotros. Esto significa que todos los pecados que la humanidad ha cometido y cometerá, ya han sido expiados por el sacrificio hecho por el Hijo del hombre, Jesús. Hebreos 9:28 nos dice que Cristo fue ofrecido una sola vez para agotar los pecados de muchos. 1 Juan 2:1, 2 nos confirma esta verdad, Cristo no solamente llevó nuestros pecados en la cruz sino también los de todo el mundo, para poder ofrecer una salvación a todo el que crea en Él. No hay mas pago por los pecados, Jesús en su humanidad pagó por todos ellos, y es precisamente en ese entendimiento que 1 Juan 1:9 nos invita a reconocer continuamente y confesar nuestros pecados (hechos de pecado) para ser perdonados. Esto es algo que nuestro Sumo Sacerdote (Heb. 4:15-16), en su misericordia nos dejó como un recurso de santificación, para que podamos mantener una relación limpia con Él y con nuestros hermanos (1 Jn. 1:7).

c)     El estado de pecado en que la humanidad quedó después del pecado de Adán y Eva, fue un estado de destitución de la gloria de Dios (Ro. 3:23). Cuando Adán y Eva fueron arrojados de la presencia de Dios, ellos quedaron privados del privilegio de entrar en Su presencia, esa fue la razón por la cual solamente el sumo sacerdote en Israel podía entrar en el Lugar Santísimo, y esto una sola vez al año, y además, no podía entrar sin la sangre de un sacrificio, de otra manera moriría en la misma presencia de Dios. Todo eso por causa de este estado de destitución en el que se encontraba.

La respuesta divina a esta destitución por causa del pecado la encontramos cuando Jesús “Descendió a las partes más bajas de la tierra” para sufrir la ira de Dios y la de Satanás en el mismo infierno (Mt. 12:40; Hch. 2:27; Ef. 4:9). Este es el paso final en la humillación de Cristo, no hay nada más bajo que el infierno, y para la pureza del alma de Cristo no hay lugar más humillante que ese (Sal. 69 y 88). Al haber cumplido con la peor humillación posible, nuestro Señor nos estaba dando un nuevo pacto mencionado en Hebreos 10:16-22, el cual es la razón por la que ahora podemos entrar libremente en Su presencia y gozar de ella. Este Nuevo Pacto nos ha restaurado de nuestro estado de completa destitución, a un estado de continua comunión.

Podemos concluir que Jesucristo es el perfecto sustituto de la humanidad, que al ser humillado, nos redimió completamente de todo lo que el pecado y sus consecuencias nos han traído.

 

 

D.    La Exaltación de Cristo

(revestido de autoridad)

El Tabernáculo que Moisés levantó en el desierto, tenía un arca, sobre la cual descendía la columna de nube en donde se encontraba la presencia de Cristo. Sobre esa arca, llamada el Arca del Pacto, estaban dos querubines, que miraban hacia abajo, a la plancha de oro que era llamada el propiciatorio. Allí, donde se esparcía la sangre una vez al año, era el lugar donde reposaba la nube de la presencia de Dios, dándonos una figura de la supremacía de Cristo sobre todo el significado espiritual del tabernáculo, incluyendo los querubines (Ex. 25:18-22).

La exaltación de Cristo va ser apreciada en la manera como Él obtuvo ese lugar. Recordemos que aparte de Dios, existe el reino angélico, y lo que conocemos como la Creación, registrada en Génesis 1 y 2, en donde se le concede al hombre la máxima autoridad sobre esa creación. Sabemos que Satanás fue echado de su posición de “Querubín Protector” (Ez. 28:14-16), y en su rebelión, llevó consigo un ejército de ángeles que son ahora los demonios o espíritus inmundos. Satanás, al ser arrojado de la presencia de Dios, se presentó con Eva en forma de serpiente y la engañó, y Adán decidió caminar con ella, quedando ambos bajo la autoridad satánica por la ley del pecado y de la muerte. La obra de Cristo consistía en devolver al hombre su posición de autoridad y despojar definitivamente a Satanás y sus huestes de cualquier vestigio de reinado sobre el hombre o la creación. Cuando Cristo proclamó su victoria a través de su resurrección, estaba devolviendo a la humanidad la oportunidad de reinar con Él. Y es a través de Él que los redimidos pueden ver a Cristo reinando a través de su Iglesia y estableciendo su supremacía en una manera definitiva y contundente sobre su enemigo.

A Cristo le ha sido dada la máxima autoridad, la cual está descrita en Efesios 1:20-23 (Ro. 8:38; Col 2:10; Ef. 6:12).

a) Sobre todo principado. Esto nos habla de que el reino y la autoridad de Cristo están sobre los principados de más alto rango, esto incluye al mismo Satanás (Lc. 11:15).

b) Sobre toda potestad. Estas son las autoridades que derivan o reciben su poder de la autoridad de los principados, estas potestades tienen un poder delegado. Existen diferentes rangos de maldad dentro de los espíritus inmundos, cada uno tiene su esfera de acción (Mt. 12:45).

c) Sobre toda potencia (dunamis en griego). Este es un poder manifestado, no se refiere a algún demonio en particular, más bien se refiere al poder con que el reino satánico opera. Es decir, no hay poder superior al de Cristo.

d) Sobre todo señorío. Estos demonios operan en regiones específicas donde han establecido su señorío. Como en el caso de la legión que le rogó a Cristo que no los mandase fuera de aquella provincia (Mr. 5:10).

e) Sobre todo nombre que se nombra. Esto corresponde a los exorcistas, hechiceros, brujos, magos, adivinos, los que leen las cartas, los que echan suertes, los que elaboran las predicciones zodiacales, la tabla ouija, limpias, etc., etc. Todos estos utilizan nombres o fórmulas para engañar y entregar a la gente que los busca en poder de los señoríos y las potestades superiores del reino satánico (Hch. 8:9-11; 19:13-16).

f) Sometió todas las cosas debajo de Sus pies. Toda la creación está sujeta a Cristo (Heb. 2:8; Ro. 9:5), esto también incluye a los ángeles; los cuales muchas veces sirvieron a Cristo en su ministerio terrenal. He aquí una lista cronológica de los versículos que muestran el ministerio angélico en la vida de Cristo (Lc. 1:26-31; Mt. 1:20-24; Lc. 2:9-15; Mt. 2:13, 19; 4:11; Jn. 1:51; Lc. 22:43; Mt. 26:53; 28:2, 5; Hch. 1:10-11).

g) Cabeza de la Iglesia. La iglesia también está sujeta a Cristo, sin embargo, esa sujeción es la que la iglesia necesita para que la autoridad de Cristo, mencionada en los 6 puntos anteriores, pueda fluir (Ef. 4:15; 5:23-31; Col. 1:18).

 

E.    El Poder de Cristo

(la predicación del evangelio)

El poder de Cristo nos habla del ejercicio de Su Autoridad para la predicación efectiva de Su Evangelio. Una vez que hemos visto la autoridad que le fue otorgada a Cristo en su exaltación, debemos entender el porqué todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas (Heb. 2:7-8). La razón es que Él ha escogido que sus discípulos vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio de poder a toda criatura (Ro. 1:16). Los demonios, los hombres, los ángeles (1 Pe. 1:12), y el resto de la creación, van a ver el poder de Cristo únicamente a través de la propagación del evangelio. Esto nos coloca en la perspectiva correcta de la doctrina de Cristo. Él ya reina, y le ha sido dada toda la autoridad, sin embargo, es necesario que Él ponga a sus enemigos por estrado de sus pies (1 Co. 15:25). Al considerar esta fase de la Doctrina de Cristo, vamos a entender cómo es que su poder opera en nosotros y a través de nosotros. Debemos darnos cuenta que el poder de Cristo no nos ha sido dado para obtener una comodidad personal, llenos de riquezas, salud y dominio para seguir viviendo en la tibieza espiritual, más bien, como lo vemos una y otra vez en los Hechos y en las cartas apostólicas, ese poder es para predicar el evangelio de la gracia de Dios, y así ir sometiendo a los enemigos del Señor debajo de sus pies. Pablo, en Romanos 10:13-15 nos expresa esta fase de la Doctrina de Cristo, Él debe ser predicado en todas las naciones.

En lo que conocemos como la “Gran Comisión,” mencionada principalmente en Mateo 28: 18-20 y Marcos 16:15-18, encontramos 9 aspectos que nos van a revelar la manera en la que el Poder de Cristo va a ser manifestado en este tiempo.

a)     Id, nos muestra el mandamiento de Cristo a todos los que han creído en Él, debemos salir de nuestra diaria rutina y del círculo en el que nos hemos encerrado e ir a predicar el evangelio.

b)    Doctrinad o hacer discípulos. La segunda clave para la manifestación del poder de Cristo está en hacer seguidores de Cristo.

c)     Bautizándolos. El bautismo en agua por inmersión provee un testimonio muy poderoso, que impacta no solamente a los que se bautizan, sino también a los testigos. Es por eso que esta práctica cristiana recibe tanta oposición.

d)    Enseñándoles. Esto no se refiera a una clase de teoría, sino más bien a poner en práctica lo que Jesucristo nos mandó, como por ejemplo el Sermón del Monte de Mateo 5, 6 y 7.

e)     Echando fuera demonios. El ejercicio de la autoridad de Cristo a través de sus redimidos. Derribando las puertas del infierno.

f)     Hablando en nuevas lenguas (Hch. 2:4). Esto nos habla de la virtud, o el poder del Espíritu Santo que es necesario para la predicación del evangelio de poder.

g)     Quitarán serpientes (Hch. 28:1-5). Ya que toda la creación está sujeta a la autoridad del reino de Cristo, tendremos la confianza de predicar a Cristo sin temor al reino animal.

h)    Si bebieren cosa mortífera no les dañará. Sabiendo que el evangelio tiene muchos enemigos en este mundo, es importante que tengamos confianza en una protección sobrenatural que nos hará inmunes a cualquier clase veneno que se nos quiera dar.

i)      Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán. Finalmente vemos, que el mismo Jesucristo que anduvo sanando a la gente en su ministerio terrenal, quiere continuar propagando su evangelio, supliendo para las necesidades más básicas de una humanidad afligida por Satanás y por su pecado.

 

F.    La Gloria de Cristo.

(La Iglesia)

Cuando el evangelio es predicado, aquellos que lo reciben son hechos hijos de Dios, y es a partir de éstos que la iglesia puede ser establecida para manifestar la gloria de Cristo (Ef. 3:21). Aunque el evangelio ha de ser predicado en todo el mundo, sabemos que no todos recibirán estas buenas nuevas, es por eso que la gloria de Cristo se manifestará solamente a través de aquellos que han aceptado el mensaje de salvación. Esto concuerda con la doctrina que Cristo predicó, ya que Él manifestó su voluntad de edificar una Iglesia, y esto deja en claro que además de la predicación del evangelio, se requiere que se levanten iglesias locales conforme al plan de Dios y el modelo que Cristo dejó en el Nuevo Testamento. La Iglesia Universal estará entonces conformada por aquellos creyentes que en cada iglesia local caminan conforme a lo que ha sido escrito, y están siendo preparados para llegar a ser la Esposa del Cordero. Esta Iglesia gloriosa nació en los sufrimientos más profundos de Cristo, como se describe en una manera profética en el libro de los Salmos, hablando acerca de la formación de su Cuerpo (Sal. 139:15).

El libro de los Hechos nos presenta al mismo Cristo de los evangelios edificando Su Iglesia, como Él lo había prometido (Mt. 16:18). Una Iglesia que tiene a Cristo como Cabeza y da toda la gloria y honra a Él.

Escribir acerca de la Iglesia Neotestamentaria nos llevaría varios libros, por lo tanto, daremos en este estudio 7 características básicas de la Iglesia de Cristo.

a)     La Iglesia de Cristo tiene un solo cimiento, un Fundamento, el cual es Cristo mismo (1 Cor. 3:11). Un Cristo que gobierna y se manifiesta en su Iglesia, dando vida a cada miembro en particular.

b)    La Función de la Iglesia, su objetivo principal es glorificar a Cristo. Dentro de las muchas funciones y actividades que una iglesia puede tener, nunca se debe perder de vista que su función principal y central es que Cristo sea glorificado en todo lo que se haga en la iglesia (Ef. 3:21).

c)     La Estructura de la iglesia viene a través de los 5 ministerios de Efesios 4:11, cuando son ordenados por Dios y no por el hombre, llevarán a cabo la labor encomendada, dando firmeza y estructura a la iglesia.

d)    La Forma de adoración de la Iglesia Neotestamentaria. Está en dar libertad al Espíritu Santo, para que los dones de 1 Corintios 12:7-11 estén en operación, y para que la iglesia siempre se mueva en la dirección correcta.

e)     La Comunión de la Iglesia se establece a nivel mundial. Las asambleas locales que caminan en el patrón Neotestamentario, solamente son una pequeña parte de la Iglesia Universal. Ninguna iglesia local, o grupo de iglesias locales, puede reclamar superioridad o derechos de exclusividad, ya que al hacerlo así estará seccionando al Cuerpo de Cristo (Ro. 12:5).

f)     La Iglesia de Cristo es una Familia que camina en unidad (Ef. 4:1-6). El amor de Cristo debe ser la norma de conducta de la Iglesia verdadera. Este es el sello de los verdaderos discípulos del Señor (Jn. 13:35).

g)     La Iglesia tiene un Futuro. Ser la Esposa de Cristo (Ef. 5:25-27). Esto obviamente requiere la preparación adecuada (Mt. 25; Ap. 19:7). En las bodas de Cristo con su Iglesia sin mancha ni arruga ni cosa semejante se manifestará la mayor Gloria de Cristo. Así como la luna refleja la luz (gloria) del sol, así la iglesia que se ha preparado, reflejará nítidamente la Gloria del Cordero de Dios.

 

G.     La Eternidad de Cristo.

Como parte final en la doctrina de Cristo veremos su Eternidad futura, que in incluye, su Segunda Venida, su reinado en el Milenio y la eternidad con Dios.

Una vez que Cristo haya cumplido su propósito de someter a todos sus enemigos y ponerlos por estrado de sus pies a través de la predicación del evangelio en todo el mundo; y haya concluido también la preparación de Su Esposa, vendrán los siguientes cuatro eventos principales que concluyen la Doctrina de Cristo.

  1. El Rapto. En esta etapa se cumplirán los versículos que hablan de su venida como algo intempestivo, sorpresivo y secreto. Como un relámpago (Mt. 24:27-28), las primicias (1 Co. 15:22), Las vírgenes sabias (Mt. 25:1-13), la resurrección de entre los muertos (Fil. 3:10-12), El ladrón de noche (Mt. 24:43; 1 Tes. 5:2-4), el hijo varón arrebatado para Dios (Ap. 12:5).
  2. La Cosecha General. En esta segunda fase encontramos al Cristo viniendo en las nubes, aunque a diferencia de la primera etapa, esta vez será visto de todos. A mitad de la Gran Tribulación (Mt. 24:28-36), regresando de las bodas (Lc. 12:36), la mujer que dio a luz al hijo varón estará en el desierto (la tribulación) por 1260 días, es decir 3 años y medio (Ap. 12:1-17).
  3. La Segunda Venida. Esta es cuando el Señor Jesucristo volverá a poner sus pies sobre de la tierra para establecer su reino milenial, un reino lleno de justicia y paz, como nunca se ha visto en la tierra. Esto está profetizado tanto en el A. T. como en el N. T. (Isa 9:6-7; 11:1; 30:15-33; capítulos 35, 44 y 49; 65:17-66:14; Jer 23:5-6; Zac. 14:4-9; Ap. 19:11-16; 20:1-9).
  4. Una vez concluido el milenio, Satanás será suelto por un poco de tiempo para probar a las naciones que vivieron en el milenio bajo el reinado de Cristo, el engaño satánico hará que varias naciones se rebelen para pelear en contra del Señor, más éste los derrotará y enviará finalmente a Satanás con todos sus seguidores al Lago de Fuego por la eternidad, por otro lado, habrá nuevos cielos y nueva tierra, donde nunca ha existido ni existirá el pecado, ni el diablo, ni la muerte, ni la maldición, ni habrá mas noche y allá estaremos para siempre con Él (Ap. 21 y 22). El cumplimiento final de la Doctrina de Cristo es ser como Él (1 Cor. 15:28; 1 Jn. 3:2), que seamos uno con Él por siempre (Jn. 17:22-23) allí esta la plenitud de la Eternidad de Cristo.

II.  ARREPENTIMIENTO DE OBRAS MUERTAS

Hebreos 6:1

 

La segunda de las 7 doctrinas básicas de la vida cristiana bosquejadas por el apóstol Pablo en Hebreos 6:1-3 es la del Arrepentimiento de Obras Muertas. Esta tiene su origen en la necesidad del hombre de reconocer el camino equivocado en el que se encuentra y volverse a Dios. La invitación de Dios a través de toda la Biblia para aquellos que se apartan es volverse a Él (Gén 4:3-16). Esta doctrina revela el carácter conciliador de nuestro Dios amoroso, ya que teniendo el poder para destruir a todos aquellos que se rebelan y se oponen a su justicia, más bien tiene misericordia y es benigno, “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”(2 Pe 3:9).

Esta invitación queda de manifiesto desde el Antiguo Testamento donde encontramos revelado el corazón de Dios al decir: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Jehová; el cual tendrá de el misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isa. 55:7.)

“Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?…  Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello; por la iniquidad que hizo, morirá. Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir su alma. Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había cometido, de cierto vivirá; no morirá.  (Eze 18:21-23; 26-28).

Para poder proceder al arrepentimiento, es necesario entender primero que es lo que está mal o equivocado, de otra manera no es posible lograr un arrepentimiento verdadero, ya que el quebrantamiento en el corazón, que es lo que inicia el arrepentimiento, viene cuando nos damos cuenta de la gravedad de nuestras acciones en contra de Dios. El Arrepentimiento de Obras Muertas es entonces el cambiar de dirección para caminar en sentido contrario, dejando atrás las obras muertas y dirigiéndonos hacia Dios. Veamos entonces que son las obras muertas.

 

A. OBRAS MUERTAS

 

Las obras muertas abarcan todo tipo de intento o acción que está fuera de la voluntad de Dios. Son actos que ofenden a Dios y transgreden su Palabra, y aunque algunos de ellos sean aparentemente buenos a los ojos de los hombres por tratar de alcanzar la justicia de Dios, sin embargo no llegan a su destino ya que no han sido ordenados por Dios. Por lo tanto, el arrepentimiento de obras muertas implica el dejar atrás la práctica de cualquier obra que no sea agradable a Dios, cada una de las cuales es pecado.

La palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento para el pecado es “hamartia” que significa literalmente “errar el blanco,” es decir, una falta de conformidad con la voluntad de Dios, o el no alcanzar la meta que ha sido propuesta. Este fallo o error se puede cometer en cuatro direcciones específicas, así como uno puede errar el camino a seguir en los cuatro puntos cardinales, así es cuando uno peca, uno está caminando en la dirección equivocada del camino de la justicia de Dios, es por eso que el Nuevo Testamento nos muestra 4 definiciones específicas de pecado que nos enseñan lo que significa para Dios; y así mismo nos muestran cuatro clases de error.

Hemos de entender también que Dios ha puesto una conciencia en todo ser humano, y que Él ha escrito mandamientos y leyes básicas en esas conciencias (Ro. 2:15), con el objeto de hacer a todo hombre, independientemente de su cultura, lugar geográfico o histórico en la humanidad, inexcusable delante de Él (Ro. 2:1). Es precisamente en la conciencia donde se sostiene la batalla entre el bien y el mal, y es por eso que al conocer lo que Dios determina como obras muertas, nuestras conciencias son avivadas y el proceso de arrepentimiento puede iniciar. La conciencia personal es, después de Dios y Su Palabra, la máxima autoridad que rige nuestra vida, por lo tanto, cuando nuestra conciencia ha sido convencida por el Espíritu Santo utilizando la Palabra de Dios que ha sido sembrada, obtenemos la responsabilidad de dar cuenta a Dios de todo lo que hacemos. Y cuando alguien camina en contra de la voluntad revelada de Dios a su conciencia, está desobedeciendo la autoridad de su conciencia y por lo tanto está pecando. Cuando nos enfrentamos a ciertas decisiones en la vida, es muy importante hacernos un examen de conciencia y preguntarnos; ¿El hacerlo afecta mi relación personal con Dios? ¿Estoy haciéndolo por satisfacer mis deseos y dando gusto a mis sentidos pero violando la autoridad de mi conciencia? ¿Estoy haciendo algo que me impide dar gracias a Dios con limpia conciencia? Si hay duda al responder negativamente a estas preguntas, entonces se requiere detenernos y no actuar hasta tener una claro entendimiento de lo que la Palabra de Dios dice para no caer en pecado. Esta regla aplica a la comida, a la bebida, al vestido, a los lugares que vamos, a que cosas son lícitas en la relación matrimonial, etc. Ya que si no podemos tener limpia conciencia en lo que hacemos, estamos caminando en contra de la voluntad revelada de Dios a nuestras conciencias. Es necesario entender que así como podemos santificar nuestras conciencias por el conocimiento de la verdad de Dios, también las podemos corromper, al no hacer caso de sus advertencias cuando caminamos en pecado, lo cual es definido por la Palabra de Dios como conciencias cauterizadas (1 Tim. 4:2).

 

  1. La primera definición de pecado la encontramos en Romanos 14:23: “Todo lo que no es de fe es pecado,” el significado de esta frase es que todo lo que no nace, o no es originado por la fe se considera pecado. Dios no quiere que tratemos de alcanzar su justicia o bendiciones a través del esfuerzo propio; Él quiere que siempre actuemos en fe, ya que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6); y lo que genera y activa la fe es la Palabra viva de Dios, como está escrito en Ro. 10:17 “La fe viene por el oír, y el oír por la palabra (rhema) de Dios.” Cuando una persona ha recibido una revelación o entendimiento de alguna verdad de Dios, esta abre los ojos espirituales con el objeto de que la persona que la recibe cambie su manera de actuar para agradar a Dios obedeciendo en fe, mas si por incredulidad no se camina de acuerdo a la revelación que ha sido mostrada, entonces se considera pecado. Esta es la razón de las severas advertencias en las cartas paulinas a los Gálatas y a los Hebreos (Gál. 3:1-5; 4:8-11; 5:1-5; Heb. 6:4-8; 10:26-31).

Es por eso que Cristo, cuando habla del ministerio del Espíritu Santo en Juan 16:9, menciona que Él convencerá al mundo de pecado; ¿y cual es ese pecado? “por cuanto no creen en mí.” Lo que condena al mundo es rechazar en incredulidad la obra redentora de Nuestro Salvador.

El error que manifiesta la falta de fe es un error de visión, ya que al no ver con los ojos de la fe, como Pablo dijo “por fe andamos no por vista” (2 Cor. 5:7), erramos en el camino de Dios al no ver lo que Dios ve. La visión de fe va mejorando a medida que caminamos de fe en fe (Ro 1:16, 17). Mientras estamos en ignorancia, es decir, cuando no hemos recibido la revelación de la verdad de Dios, la misericordia de Dios nos cubre hasta que despertamos a Su verdad. Eso fue lo que pasó con Pablo, cuando por un error de visión persiguió a la iglesia en ignorancia y en incredulidad (1 Tim 1:13).

De la misma manera, toda obra religiosa que no es hecha en fe, es descalificada por Dios como “trapos de inmundicia” (Is. 64:6). Esta es la razón por la que ninguna religión lleva a Dios, ya que toda religión está basada en obras que la gente hace para tratar de agradar a Dios y así obtener el perdón de sus pecados y su redención; sin embargo, como esas obras no son originadas en fe, sino en el esfuerzo propio, quedan cortas y yerran el blanco. Is. 64:6 habla de “buenas obras;” Fil.3:9, Tito 3:4,5 de “obras de justicia;” Ro.3:20-25; Mr. 7:6-9; Col.2:8 hablan de las tradiciones, costumbres, ritos, y He.9:14 de “obras muertas.” Todas ellas son obras muertas ya que no son en fe sino en esfuerzo propio.

 

  1. 1 Juan 3:4 dice; “Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.” Esta segunda definición de pecado nos revela que las obras muertas consisten en infringir o transgredir los mandamientos expresos de Dios. Y toda infracción se cuenta como pecado. Aquí entendemos que la única autoridad para determinar que cosa es pecado es la Ley que ha sido escrita en la Palabra de Dios, la Biblia. Todo lo que la Biblia identifica como los límites del comportamiento para la raza humana, es lo que rige en la determinación de que actos son considerados como pecado por Dios. Independientemente del criterio humano, de las costumbres de los pueblos y de los tiempos o lugares de habitación, trasgresión es todo aquello que traspasa los límites que la ley de Dios ha establecido. Pablo explica el proceso por medio del cual el conocimiento de la ley lo constituyó en un hombre pecador (Rom. 7:9). Cuando una persona recibe la Biblia como la única verdad absoluta por la cual ella será juzgada, es entonces cuando esa persona identificará la magnitud de sus obras muertas, o de pecado, y aprenderá la doctrina correcta. Pablo aún menciona que los hombres hemos de ser juzgados conforme a su evangelio, no que Pablo tuviera un evangelio diferente al de Cristo, más bien se refiere a que la revelación que recibió el apóstol Pablo del evangelio es la que nos da claridad de las cosas que Dios juzga como pecado, y por ende la transgresión de esos escritos nos llevará a juicio.  Donde no hay ley no hay pecado. El error de doctrina es cuando la persona justifica sus actos en base a interpretaciones personales de la Palabra de Dios, o simplemente ignora voluntaria o involuntariamente lo que la Ley de Dios establece como pecado. La justicia de Dios que nos es dada en Cristo y que nos redime de toda la maldición de la Ley, nos es dada cuando reconocemos nuestros pecados, es decir, todas las transgresiones que hemos cometido en contra de la Ley de Dios.

 

  1. La tercera definición de pecado que nos da la Palabra de Dios se encuentra registrada en 1 Juan. 5:17; “toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte.” Esto nos habla de las obras de la carne enlistadas en Gálatas 5:19-21. Las obras de la carne son  pecados en los que la gente se ha acostumbrado a vivir y por ende son mortales. El Diablo programa las circunstancias que conducen al pecado específico; aprovechando la concupiscencia descrita en Stgo.1:13. Estas obras de la carne son:
    1. Adulterio -Moicheia- relación sexual ilícita. Mt.5:32; 15:18,19;  5:27,28. -Violar el lecho matrimonial
    2. Fornicación -Porneia- Inmundicia Mr.7:21. Conductas mundanas, se adaptan al mal para satisfacer su carnalidad.
    3. Inmundicia -Akatharsia- lo opuesto a la pureza: sodomía,  homosexualidad, lesbianismo, pederastia, bestialidad y todas las formas de perversión sexual. Ro.1:21-32. Confusión al relacionarse con quienes practican tales vicios. Ro.1:32.
    4. Lascivia -aselgia- promover o participar de lo que tiende a producir emociones sensuales, lujuriosas. Ef.4:19. Lectura de revistas o libros obscenos, pornografía.
    5. Disolución -glotoneria- palabras impuras, gestos bromas de inmoralidad vistas no santas, charlas obscenas.
    6. Idolatría -la adoración a otra cosa- aparte de Dios, corrupción y perversión espiritual, al curiosear en tales practicas.
    7. Hechicería – meterse a lo invisible- espiritismo, ocultismo,  juegos satánicos: adivinación, guija, tijeras, café etc. Pharmekia – trato con los malos espíritus- encantamientos mágicos, potajes – pócimas, drogas. Toda clase de objetos o sustancias  mágicas, amuletos fetiches, símbolos. Ap.22:15 Preguntar a los muertos, liga con el Diablo. Buscar lo malo y lo bueno. “magia blanca”, adivinación, escritura automática. Amargura contra otra persona. Rencor, rencilla males puestos.
    8. Enemistades -fuego consumidor- resentimientos, venganza. -Echtra. Lc. 23:12, aborrecimiento, malicia, mala voluntad, enojo.
    9. Pleitos -variancia, contenciones, facciones, grupos sectarios. Eris.- disensión. Ro.1:29.
    10. Celos -emulaciones, buscar lo que otro tiene para apropiarse de ello.      Espíritu de rivalidad- el sobre salir y pasar a los demás. Hch.13:45, aun en actividades espirituales.-Zelio.
    11. Ira – Explosión de pasión. Violencia. -Thumos- pasiones turbulentas. Lc.4:28,29. -Contradicciones perpetuas.
    12. Contiendas -Eritheia- contención. Fil.2:3. Peleas.
    13. Disensiones – planes, contra otros. -dichostasia- división, sedición, partidos, facciones. Ro.16:17.
    14. Herejías – principios malos- error, oposición a la verdad- minar sobre todo por ignorancia de la Verdad.
    15. Envidias – actitud agria del alma- lastimar. “envidia espiritual  Num. 11:26-29. -Phtonoi- pena, mala voluntad, celo y tristeza de la bendición de los demás. Tito 3:3.
    16. Homicidios – intento o acto de tomar la vida de otra persona. Despojar la felicidad de otro. Gn.4:6-8 provocado por rencillas que degeneran en odio. Aborrecimiento. 1Jn.3:15. Phonoi.
    17. Borracheras – el excitar las pasiones. Pr.20:1; 23:29-33; Is.5:11. -Methai- esclavo de la bebida. Lc.21:34.
    18. Banqueteos. Orgías -cantos lascivos- la locura de los placeres de la vida- asociaciones pecaminosas. Jr. 17:9,10; Is.5:11,12. Fiestas con música obscena- 1P4:3. -Koroi-
    19. Y cosas semejantes a estas. Ga.5:21.

 

Esta maldad puede ser también entendida como injusticia o iniquidad. Aquí encontramos que hay acciones injustas que vienen de un estilo de vida equivocado. Aquí no estamos hablando solamente del acto de pecar, sino más bien de algo que ya es costumbre en el individuo, así que las obras de la carne que aquí vemos, nos definen que cosas son aquellas que llevan a la muerte espiritual y si no hay un verdadero arrepentimiento, incluso a la muerte física por un juicio de Dios. Es importante darnos cuenta que aunque todos pecamos, como lo asevera Juan en 1 Jn. 1:9, el permanecer en el pecado y hacerlo un estilo de vida es lo que lleva seguramente a un juicio, y después a la muerte como consecuencia por tal conducta. Esto es lo que se define como error de vida.

Este error se ve en gente que es más bien religiosa y legalista que consagrada, los escribas y fariseos nos dan un buen ejemplo de este pecado que fue definido por Nuestro Señor Jesucristo como hipocresía; que en las palabras de Cristo significa “sepulcros blanqueados.” Cuando la gente ha llegado a desarrollar un estilo de vida que cumple con los requisitos superficiales de una vida religiosa, más en ninguna manera sigue adelante a la perfección que Cristo demanda para sus discípulos, es entonces cuando esta maldad en forma de soberbia entra en el corazón y desarrolla una vida carnal. Las injusticias que se cometen en este tipo de pecado son relatadas en Mateo 23, donde el legalismo, en vez de ayudar a que la gente desarrolle un alto nivel de santidad, crea corrupción en el corazón. Esta maldad está originada por el egoísmo y la auto-justificación de pequeñas desviaciones de la verdad, que al seguirlas por tiempo, van deteriorando a los que las practican hasta llevarlos a vivir en el error.

4.      La cuarta definición de pecado es la que está en Santiago  4:17, “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

Aquí encontramos que pecado no es solamente hacer cosas que ofendan a Dios o que causen daño a nuestro prójimo. Esto es lo que se conoce como pecado de omisión, es decir, cuando está en nuestro poder o a nuestro alcance hacer algo bueno, y no lo hacemos, eso es también considerado un pecado. El Señor Jesucristo hace un reclamo a sus seguidores en Lucas 6:46 preguntándoles; ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Esto es un error de espíritu, o de una actitud incorrecta, en este caso estamos hablando de algo que la persona está conciente ya que ha sido redargüido por el Espíritu Santo, y sabe que debe actuar, sin embargo no lo hace. Este pecado se puede considerar dentro del rango de rebelión. Esto es lo que endurece el corazón. Uno de los casos más comunes de este tipo de pecado es visto en casos en los que se requier pedir u otorgar el perdón en alguna ofensa. Tanto el pedir perdón, como el otorgarlos son una de las cosas que prueban nuestra actitud. Y esto nos aclara que los pecados no solamente son de comisión sino de omisión.

 

 

B.  EL ARREPENTIMIENTO

 

El Nuevo Testamento utiliza básicamente la palabra griega “metanoia” para arrepentimiento, y ésta significa una firme decisión firme interior, que envuelve un cambio de opinión, es decir, apartarse del pecado y volverse a Dios. Esta palabra se encuentra en los siguientes versículos que nos explican el significado del arrepentimiento: Mt. 3:2; 4:17; 11:20; Mr. 1:15b; Hch. 2:38; 3:19; 8:22; 17:30; 26:20; 2Ti 2:19; Ap. 2:5, 16, 21, 22; 3:3, 19.

 

En 2 Cor 7:10 Pablo muestra que existen dos clases de tristeza o dolor, “porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”  Por lo tanto debemos diferenciar el arrepentimiento falso del verdadero.

El arrepentimiento falso se caracteriza por lo siguiente; es un sentimiento de vergüenza. Una tristeza por la pérdida o consecuencias que el pecado produjo, más no por haber ofendido a Dios o haber quebrantado sus mandamientos. Es una auto-acusación que a veces es fruto de traumas o frustraciones de la niñez o juventud. Es un desaliento o desesperación por no conseguir lo que se deseaba. Puede ser también un temor al castigo, sin embargo no tener una actitud de cambio en la conducta personal.

También existen ideas erróneas acerca del propósito del arrepentimiento como son: Utilizarlo como un medio de conseguir la gracia de Dios, considerarlo como un estímulo para la fe, siendo que es al contrario. Otro concepto equivocado es considerar al arrepentimiento como el medio para obtener paz mental.

 

Ejemplos de un falso arrepentimiento:

    1. Saúl. 1 S. 15:18-30.
    2. Esaú. He. 12:15-17. Dolor y lágrimas no son arrepentimiento. No cambio la actitud de Isaac. He. 12:17. “No hubo lugar para que Isaac cambiara su modo de pensar” aunque Esaú lo procurara con lagrimas. Gn.27:34-38; Esaú no se arrepiente, lamenta la perdida de la bendición, no el pecado
    3. Judas Iscariote. Mt. 27:3-5.

 

El verdadero arrepentimiento ocupa un lugar especial en el corazón de Dios, es por eso que su importancia se resalta por Dios el Padre (Hch. 17:30: 2 P. 3:9); Jesucristo (Mt. 4:17; Lc. 13:1-5); Juan el bautista (Mt. 3:1,2.); los discípulos (Mr. 6:12; Lc. 24:47); Pedro. (Hch. 2:38); y Pablo (Hch. 20:21; 26:20). Este verdadero arrepentimiento empieza a través de lo que Pablo llama “la tristeza según Dios.”  Esto significa que el quebrantamiento que trae Dios en la vida del ser humano que está siendo llamado al arrepentimiento, va a hacerle ver la bondad, paciencia y longanimidad de Dios y así su necesidad de volverse a Él (Ro. 2:4; 2 P. 3:9). Esto es lo que se conoce como el don del arrepentimiento que se menciona en (Hch. 5:30,31; 11:18; 2 Ti. 2:25). Ese quebrantamiento puede venir por medio de:

a. La corrección y la disciplina de Dios. He. 12:6,10,11; Ap. 3:19.

b. El reproche de otros cristianos. Mt. 18:15-17 o

c. La disciplina del ministerio. 2 Ti. 2:24,25.

 

En cualquiera de estas tres maneras, el propósito de Dios es que el pecador se de cuenta de su pobre y triste realidad a la que el pecado le ha llevado; y entonces desee regresar a Dios. La parábola del hijo pródigo nos muestra este concepto (Lc. 15:11-32).

 

Pablo explica en el pasaje de 2 Cor 7:11 lo que se considera un verdadero arrepentimiento, el cual va a traer los frutos dignos de arrepentimiento. Y ya que hemos de ser juzgados conforme a su evangelio, es importante entender lo que significa estar verdaderamente arrepentido.

 

1.  “Qué solicitud produjo en vosotros,” esta es la posición correcta de un corazón arrepentido, una pronta disposición de corregir el rumbo, no de auto justificarse, sino mas bien de cambiar, puede haber un reconocimiento de las consecuencias del pecado mas sin una verdadera disposición de cambiar, esto se refleja en una actitud de estar dispuesto a ser ayudado, mientras no se ve esa necesidad, el corazón no ha llegado al lugar correcto para iniciar el arrepentimiento. Es aquí donde se genera la confesión de pecado (1 Jn. 1:9) y se obtiene el perdón de Dios. Dios mira el corazón y sabe perdonar cuando la persona ha tiene un verdadero arrepentimiento de corazón. Cuando los que oían el mensaje de Pedro en Pentecostés, la Palabra de Dios menciona que fueron “compungidos de corazón” y al llamado de Pedro a arrepentirse, ellos estuvieron solícitos para  hacerlo por lo cual fueron bautizados como señal de haber recibido la salvación. (Hch. 2:37-41). Esta confesión es hacia Dios (1 Jn. 1:9, Sal. 32:5) y hacia los que hemos ofendido (Mt. 6:14,15; Lc. 19:8, Is. 1:17.)

Cuando uno ha confesado sus pecados en un verdadero arrepentimiento de corazón, Dios otorga su perdón completo que incluye el olvido eterno de nuestras ofensas (Heb 8:10-12).

 

2. “Qué defensa,” esto es la prueba de que estamos arrepentidos, en este paso tomamos acciones concretas e inmediatas para defender nuestras áreas débiles para no volver a caer en obras muertas. Un falso arrepentimiento muestra una autodefensa del yo, es decir, el guardar lugar para los deseos que provocan el pecado, la concupiscencia.

 

3. “Qué indignación,” El odio hacia el mal es la tercera manifestación de un corazón arrepentido, ya que esa es la mejor protección para nuestro corazón, un corazón no arrepentido simpatiza aun con ciertas áreas de las obras muertas, tiende a buscar el lado bueno de la compañía con malas amistades, y busca el lado “cultural” del mal.

 

4. “Qué temor,” como cuarta manifestación del verdadero arrepentimiento viene una conciencia mas fuerte del temor de Dios, su presencia se hace más evidente en la vida diaria, ayudándonos a caminar procurando agradarle en todo lo que hacemos.

 

5. “Qué ardiente afecto,” una vez que se han manifestado las reacciones correctas en relación a las obras muertas y que el temor de Dios ha empezado a surgir, el verdadero arrepentimiento muestra un ardiente afecto por las cosas de Dios. La indiferencia por las cosas de Dios es muchas veces una señal de que existen áreas en el corazón que aun están atadas a las obras muertas. Este ardiente afecto o deseo por las cosas de Dios es el poder que impulsa al corazón a una mayor dedicación y consagración a Cristo.

 

6. “Qué celo,” Este celo se manifiesta por una necesidad de dar fruto para la gloria de Dios, así como invitar a otros a tener un verdadero arrepentimiento, los pecadores son atraídos hacia Cristo cuando ven que los cristianos tienen un verdadero celo por Dios y por ser fieles a sus mandamientos.

 

7. “Y qué vindicación” Esta vindicación nos habla del cambio que ha ocurrido en nuestra vida, una verdadera transformación que ha dejado atrás al viejo hombre y ha entrado en una nueva vida para Dios. Esto es lo que se conoce como “conversión.” La conversión en si tiene doble aspecto: el de volver las espaldas a lo antiguo, y el volverse positivamente hacia Dios, o sea, el arrepentimiento y sus frutos (1Ts.1:9; Mr.1:15; Gál 5:22-23). El hombre realmente convertido “ha pasado de la muerte a la vida”, reconociendo que hubo un “entonces” cuando era un mero hombre natural y pecador, y un “ahora” cuando esta en una nueva relación con Cristo. Jn.5:24; Ef. 2:2, 11, 13. Hch.11:18; 2Ti.2:25. Jn.6:44; Fil.2:13; Hch.20:21.

 

William Burns estaba predicando una tarde al aire libre a una vasta multitud. Apenas habia terminado cuando uno se le acerco tímidamente y le dijo: “Oh, Señor!, quisiera usted venir a ver a mi esposa que esta moribunda?”. Burn acepto, pero el hombre replico inmediatamente. “Oh, tengo miedo de que usted no vendrá cuando sepa donde esta”. “Yo iré a cualquier lugar que sea”, replico el predicador.

El hombre tembloroso, le dijo que era arrendatario del prostíbulo de mas baja nota, en uno de los peores distritos de la ciudad. “No importa – dijo el misionero- vamos”. Mientras andaban, el hombre, mirando el rostro del servidor de Dios, dijo: “Señor, también yo quiero abandonar esto cuando pueda”. Burns replico: “No hay términos de dilación para Dios”. Cada vez que el tembloroso publicano trataba de reanudar la conversación respecto al estado de su alma y el camino de salvación, no conseguía sacarle otras palabras que estas: “No hay términos de espera para Dios”.

Llegaron por fin al edificio y entraron hasta la habitación de la moribunda. Tras una breve conversación el servidor de Dios se puso a orar y, mientras oraba, el publicano se deslizo silenciosamente fuera del cuarto. Pero de repente se oyó el sonido de una rápida sucesión de fuertes golpes de martillo; pareciera que el hombre se hubiera vuelto loco, tratando de perturbar aquel solemne momento. ¿Era así? De ningún modo.

Cuando Burn salio a la calle vio el letrero anunciador de la casa hecho pedazos en el suelo. El hombre se había apresurado a dar fin a su nefando oficio y volviese al Señor, quien tuvo de el misericordia, y al Dios nuestro, que abundantemente perdono todos sus pecados. Nada ocurrió después de aquel día que desacreditara la realidad de su  conversión. – William Brawn en Joyful Sound.-

 

El ejemplo de David de un verdadero arrepentimiento en el Salmo 51

 

 

  1. ¡Qué solicitud produjo en vosotros! “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.”
  2. ¡Qué defensa! “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.”
  3. ¡Qué indignación! “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.”
  4. ¡Qué temor! “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.”
  5. ¡Qué ardiente afecto! “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.”
  6. ¡Qué celo! “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza.”
  7. ¡Y qué vindicación! “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, El holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.”

III. Fe en Dios

 

FE EN DIOS es la tercera de las siete doctrinas básicas listadas en Hebreos 6:1-2, que como parte de los rudimentos del Evangelio, son la base o “doctrinas leche” que preceden a las doctrinas “vianda sólida” que Pablo trata en sus epístolas, que nos pueden llevar adelante hacia la perfección que Dios planeó para la Iglesia y cada creyente.

 

ETIMOLOGÍA

 

Tanto en hebreo como en griego, existen dos palabras que se traducen como fe:

 

`âman (he): Aceptación racional de que el testimonio que alguien da es verdadero (En qué creer). Esta palabra también se aplica a fidelidad (Hab. 2:4, Gn. 15:6, Pr. 13:17, 11:13, Sal. 19:7).

 

Châsâh (he): Confianza o certeza de que alguien es veraz (En quién creer). (2 Sm. 22:3, Sal. 18:2, 31:19, 57:1).

 

Êlpis (gr): Seguridad de que se disfrutará lo creído antes de verlo (En qué creer). (He. 10:23, Ro. 15:4). (La mayoría de las veces se traduce como esperanza).

 

Pistis (gr): Convicción moral, confianza plena, estar persuadido de que alguien es veraz (En quién creer). (Mt. 15:28, Mr. 11:22, Ro. 1:5, He. 6:12, 1 Ti. 6:12, 1 Co. 2:5).

 

A. La Fe Espiritual

Hay tres niveles de fe que pueden operar en las personas, es posible que se confundan y que alguien crea que lo importante es tener fe, no importa de que tipo. Somos espíritu, alma y cuerpo, y como creyentes debemos evitar el movernos en el ámbito natural dependiendo sólo del alma y sus capacidades:

 

  • Fe espiritual: Es la fe que viene de Dios para relacionarse con Él, es viva y libera el poder de Dios. Sólo opera en quien ha renacido espiritualmente.

 

  • Fe mental: Es la fe natural necesaria para la vida natural, todos desarrollamos esta fe basada en la lógica, es por ella que todos inician cosas nuevas, corren riesgos y enfrentan dificultades cada día. Todo mundo tiene esta clase de fe.

 

  • Fe ciega: Es una fe supersticiosa, basada en lo desconocido, ignorante, mágica y diabólica, que generalmente se apoya en cosas visibles y tangibles como amuletos, fetiches o ídolos. Esta fe se abre a la hechicería y pone a la gente bajo servidumbre, llena de temores, opresiones y hasta posesión por espíritus inmundos.
LA FE ESPIRITUAL ES UN DON

Es divina y nos es dada por Dios para movernos con seguridad en el ámbito espiritual, cuando nuestro espíritu ha sido regenerado mediante el nuevo nacimiento. Conociendo la estructura de las siete relaciones básicas, podemos tener mayor compresión de sus propósitos.

 

1.- Nos fue dada por Dios mediante el mensaje del Evangelio (Jn. 20:31, Ro. 10:14-17, 1 Ts. 2:13, 1 Co. 3:5). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS.

2.- Nos fue dada por Dios para Salvación (Ef. 2:8-9, Hch. 14:27, 1 Jn. 5:4-5). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON EL MUNDO (separación y testimonio).

3.- Nos fue dada por Dios para poder obedecerle (Ro. 5:1, He. 11:8). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA AUTORIDAD.

4.- Nos fue dada para victoria (Jd. 3, Fil. 1:28-30). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LOS TRATOS PERSONALES DE DIOS.

5.- Nos fue dada mediante la resurrección de Cristo y para liberar el poder de la resurrección (Hch. 17:31, Hch. 3:15-16, He. 12:2, 2 Co. 1:9-10). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON EL PLAN DE DIOS.

6.- Nos fue dada para agradar a Dios (He. 11:6, Ro. 14: 22-23, Mr. 11:22-24). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON DIOS MISMO.

7.- Es la fe de Cristo glorioso operando en el creyente (Ro. 3:22, 26, Ef. 3:12, 6:23, Stg. 2:1). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA GLORIA DE DIOS.

 

EFECTOS DE LA FE ESPIRITUAL EN EL ALMA

El alma está constituida por tres áreas principales: la mente o intelecto, las emociones o sentimientos y la voluntad; es la parte de nuestro ser susceptible de ser transformada a la semejanza de Cristo, por lo tanto la fe es un canal que desde nuestro espíritu influirá en ella para madurarla o volverla menos carnal y más espiritual.

 

Afecta el intelecto. Nos fue dada para entender las verdades espirituales que son locura a la mente natural (1 Co. 2:14, He. 11:3). La sabiduría de Dios se recibe por la fe en su Palabra (2 Ti. 3:15, 2 Co. 3:14-16, 2 Co. 4:3-6, 13). La fe nos permite entender las verdades espirituales, lo espiritual se vuelve lo más lógico, se vuelve obvio para el creyente, porque mediante la fe es que tenemos la mente de Cristo (1 Co. 2:14-16). Nuestra inteligencia se vuelve espiritual a medida que va comprendiendo las verdades espirituales (Col. 1:9-11).

 

Afecta las emociones. La fe abre el corazón y cambia la actitud, llenándolo de gozo y de una perfecta paz (Ro. 15:13, Hch. 8:5-8, 16:14-15, 34, 1 P. 1:8). Es por eso que el lenguaje de la fe es la alabanza que nace del corazón que confía plenamente en Dios y lo expresa emotivamente (Sal. 106:12, Sal. 98:4-6, Sal 126).

 

Afecta la voluntad. La gente se convierte cuando verdaderamente cree, es decir, decide volverse al camino de Dios abandonando sus veredas torcidas, obedece a la fe (Hch. 6:7, 8:35-39, 11:20-21, Jn. 17:17, Stg. 2:17-24).

 

LA FE ESPIRITUAL DEPENDE SÓLO DE DIOS

Es perder la confianza en uno mismo para ponerla sólo en Dios. Siempre se da el conflicto entre nuestra capacidad y la gracia, pero es muy claro en el Nuevo Testamento que por nuestras obras buenas no podemos conseguir nada de Dios, y que sólo mediante la fe se puede liberar la gracia de Dios (Ro. 4:16, 10:3-4, Gá. 2:16, 3:22-26, Hch. 13:38-39). Ese es el valor de negarse a uno mismo y tomar nuestra cruz para poder seguirle en fe.

 

B.   DIMENSIONES DE LA FE

Así como el amor tiene cuatro dimensiones: Ancho, largo, profundo y alto (Ef. 3:18-19), la fe también tiene cuatro dimensiones para extenderse hasta la plenitud que Dios tiene para cada creyente. Es importante distinguir en la Biblia estas diferentes clases de fe, para fluir con libertad en el reino espiritual y así cumplir los propósitos de Dios.

 

RELACIÓN DE LA FE CON EL AMOR

Las cuatro dimensiones del amor nos permiten ser llenos de la plenitud de Dios, y es importante comprender lo que significan:

 

LA ANCHURA DEL AMOR DE DIOS se refiere a extenderse hacia los lados, abarcándolo todo, tiene que ver con mostrar el amor de Dios al mundo para que más y más los hombres vengan a la Salvación, hasta que todos los ordenados para vida eterna disfruten de ese amor que perdona y restaura (Hch. 2:47, 13:48).

 

LA LONGURA DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con el recorrer todo el camino hasta alcanzar la meta, tiene que ver con la fidelidad, con la perseverancia que va a llevar al creyente de la mano, desde la niñez hasta la madurez, disfrutando del amor del Padre y poseyendo lo que el Padre le ha dejado a medida que avanza (He. 10:35-39).

 

LA PROFUNDIDAD DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con los detalles, con las cosas profundas de Dios que nos son reveladas por el Espíritu para que el amor se haga parte de cada hijo de Dios y se parezca cada vez más al modelo perfecto que es Cristo en nuestro espíritu (1 Co. 2:9-10, 2 Co. 3:18, Ro. 8:29).

 

LA ALTURA DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con el futuro glorioso que nos espera, que disfrutarán todos aquellos que aman su venida y por lo tanto tienen la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra (2 Ti. 4:8, Col. 3:1-4).

 

Entendiendo estas cuatro dimensiones espirituales, veremos que cada clase de fe va a desarrollarse hacia Dios y en Cristo (Mr. 11:22, Jn. 14:1), obrando la fe por el amor en esas cuatro direcciones (Gá. 5:6).

 

FE CREATIVA. Esta clase de fe es un don del Espíritu Santo que nos fue dada para entrar a la Salvación (Ef. 2:8). Todos requerimos de este don para venir a Cristo y nos fue dado mediante el oír la Palabra del evangelio de Dios (Ro. 10:17, Gá. 3:2, 5).

 

Pero además el Espíritu Santo da una medida de fe diferente a cada uno de los hijos de Dios, como herramienta específica para cumplir su llamado particular (Ro. 12:3, 6). Es decir, hay un don de fe, dentro de los nueve dones del Espíritu Santo, que Él reparte entre los miembros de una iglesia local como cuerpo de Cristo (1 Co. 12:9), y que cumple propósitos específicos de ejercer autoridad espiritual dentro de su voluntad creativa (Hch. 3:16, 4:10, 8:6-8, 14:9-10, 19:11-12). Esta clase de fe nos es dada para extendernos a lo ancho del amor de Dios, ganando almas para Cristo, para que sean ganados todos aquellos que han de ser salvos.

 

FE DOCTRINAL. Esta es la fe fundamento, que junto con la esperanza y el amor, nos establece en Cristo Jesús (1 Co. 13:13). Se desarrolla mediante el conocimiento y la aplicación de la Palabra de Dios (Jn. 17:20, Hch. 6:7, 24:14, Mr. 1:15, Fil. 1:27, Col. 2:7, 1 Ts. 2:13).

 

Es también la fe escudo, que con los principios de su Palabra, permite apagar los dardos de fuego del maligno, que son pensamientos naturales y egocéntricos que buscan su propio confort y no aceptan tener que enfrentar dificultades (Ef. 6:16). El Señor Jesús venció toda tentación del diablo con aplicar en su propia vida los principios de la Palabra de Dios (Mt. 4:3-11). Por ejemplo, cuando respondió al diablo que estaba escrito que no tentaría al Señor su Dios, no se refería a que el diablo no lo tentara, sino a que él no accedería a las sugerencias del diablo, precisamente porque sería poner a prueba a Dios.

 

La longura del amor de Dios requiere de perseverancia, es el camino de fe que se camina paso a paso en el que se va avanzando en la medida que se heredan las promesas de Dios y se obtiene la gran remuneración de galardón que requiere de paciencia y confianza para hacer la voluntad de Dios y obtener la promesa (He. 6:12, 10:35-39).

 

FE PERSEVERANTE. Es la fe fruto del Espíritu, la que denota madurez de carácter (Gá. 5:22, Fil. 1:29). Esta fe se forma mientras se sufre en las pruebas y obra la madurez espiritual del creyente, que le permite a Cristo vivir en él, como con Job, con José, con David, con Pablo y demás hombres de Dios (Gá. 2:20).

 

Confesar es decir lo mismo que Dios dice, aunque todo lo demás lo contradiga, y mantenerse firme sin fluctuar, porque fiel es el que prometió (He. 10:22-23). Mientras que la fe doctrinal nos relaciona con la Palabra de Dios como un conocimiento espiritual verdadero, la fe perseverante, nos relaciona con Dios y sus propósitos específicos para cada creyente, madurándolo para hacerlo cada vez más como Cristo, porque Él es fiel (1 P. 1:6-9, Ro. 8:28-30).

 

La profundidad del amor de Dios es esa madurez en la que Cristo ya vive a través del creyente y su carácter se manifiesta en él y el fruto como manifestación de su naturaleza lo lleva a ser un canal limpio donde puede su gracia fluir libremente. Es la vida en el Espíritu, el andar en el Espíritu y servir en el Espíritu a Dios.

 

FE CONSCIENTE DE DIOS. Es la fe sentido del espíritu regenerado, que viene con el nuevo nacimiento, es la vista espiritual que ve las cosas como Dios la ve, las espirituales por sobre las naturales, las celestiales, las eternas por sobre las temporales (2 Co. 4:18, 5:6-9, He. 11:1, 13-16, Col. 3:1-4).

 

Dios desarrolla este sentido del espíritu para que nos movamos hacia la cita, al encuentro de Cristo que viene pronto, mirando las cosas eternas por sobre las naturales, para no atar nuestro corazón a la tierra sino mantener viva la fe que Él espera encontrar a su retorno (Lc. 18:8).

 

Cuatro clases de fe para extendernos en el amor en estas cuatro direcciones y cumplir así los cuatro propósitos que nos lleven a disfrutar toda la plenitud de Dios.

 

* * *

 

Estas cuatro clases de fe nos permitirán a su vez experimentar las cuatro glorias de Dios, al caminar en las cuatro voluntades de Dios, para disfrutar de las cuatro gracias de Dios, es decir, de Cristo en plenitud, extendiendo las cuatro fronteras, de lo que Dios hace, lo que Dios tiene, lo que Dios es en el creyente y de lo que Dios es con el creyente, como dice Ro. 11:36:

 

Rom 11:36  Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.

 

  • Todo lo que es por Él, se refiere a lo que Él hace, a sus obras maravillosas que nosotros también podremos hacer en su Nombre, si tan sólo obedecemos su encomienda de compartir el evangelio con todos (Jn. 14:12-14, Mr. 16:16-18). Para ejercer la fe creativa nos fue dado el Nombre de Jesucristo, para disfrutar de lo que Él hace por medio del creyente que comparte el evangelio (Mr. 16:17-18).

 

  • Lo que es de Él, es decir, todo lo que Él tiene, es puesto a nuestro alcance por medio de la fe en su Palabra, de modo que transitemos por el camino de la fe, donde la justicia de Dios se va descubriendo a cada paso y se va heredando (Ro. 1:17, Gá. 3:29). La fe doctrinal es la que hereda lo que Dios tiene para su pueblo, obrando junto con la paciencia hasta ver cumplidas las promesas de Dios (He. 6:12, 2 Co. 4:13, Ro. 4:20-21).

 

  • En Él son todas las cosas, se refiere a lo que Él es en nosotros y nosotros en Él, cuando le rendimos nuestra voluntad y le permitimos vivir y manifestarse en nosotros, en la fe del Hijo de Dios (2 Co. 1:19, Col. 2:6, 10, 1 Jn. 2:6). La fe perseverante es la fe que se sostiene bajo presión, la fidelidad que no se desanima, porque permite al mismo Señor Jesús mostrar lo que Él es en nosotros (2 Co. 4:13, Sal. 116:10).

 

  • A Él sea la gloria, nos habla de resultados que muestran su gloria y convergen en Él, que se refiere a su persona y a estar en su presencia, es decir, disfrutar de lo que Él es con nosotros desde ahora en fe y cuando Él venga (1 P. 1:13, Col. 3:4, 1 Ti. 6:12).

 

LA FE CREATIVA opera en la voluntad creativa de Dios, la que nos permite experimentar la gloria de su Nombre, en especial cuando evangelizamos. El don de fe nos permite ejercer la autoridad que libera a los oprimidos del diablo al expulsar a los demonios en su Nombre (Mr. 16:17); también nos permite ejercer dominio sobre las cosas, aún inanimadas, como un monte, o el viento o una higuera (Mt. 21:21, Mr. 4:39); o caminar sobre el agua, o viajar en el espíritu (Mr. 6:46-50, Mt. 4:1, Hch. 8:39). Mediante la fe creativa puedes disfrutar de todo lo que Dios hace.

 

LA FE DOCTRINAL  pone en acción la voluntad justa de Dios, permitiéndonos experimentar la gloria de su Palabra, en la medida que heredamos sus promesas y comprobamos que sus principios funcionan, cuando los obedecemos, los aplicamos y esperamos su cumplimiento fiel. En qué creemos se hace carne, se hace parte de nuestra nueva naturaleza (Stg. 1:21-23, 2 Co. 3:3, Lc. 11:28). Mediante la fe doctrinal poseerás todo lo que Dios tiene.

 

LA FE PERSEVERANTE nos permite conocer la voluntad específica de Dios para cada uno. Tu llamado personal, el equipo específico para que entres en él, tus tratos personales, son la manifestación de su voluntad específica para ti y te llevará a experimentar la gloria de su vida, es decir, ésta fe te permitirá que Él viva y se manifieste a través de ti (Gá. 2:20, 2 Co. 4:10-11, Col. 1:29). Mediante la fe perseverante podrás disfrutar de todo lo que Dios es en ti.

 

LA FE CONSCIENTE DE DIOS nos relaciona con la voluntad final de Dios, es decir, con el pleno cumplimiento de lo que Él se propuso desde el principio. Esta vista espiritual nos permite caminar en la gloria de su presencia, como el pueblo de Israel en el desierto caminaba bajo la nube. Andar en el Espíritu es más que sólo vivir en el espíritu, es estar consciente en todo momento que Dios está contigo, impuesto en todos tus caminos (Mt. 28:20, Gá. 5:25, Sal. 44:3, Sal. 89:15, Sal. 139:3, Hch. 23:1, 2 Co. 4:2). La fe consciente de Dios nos lleva a la experiencia de lo que Dios es contigo.

 

La fe espiritual es una, fluye en cuatro dimensiones gloriosas para que las gracias de Dios fluyan incontenibles en nuestro ser y podamos entender, poseer, andar y cumplir en todas las cosas que conforman la agradable y perfecta voluntad de Dios.

 

LA FE Y LAS AFLICCIONES

El apóstol Pedro nos declara que el Dios de toda gracia obre cuatro cosas en cada creyente que está siendo probado (1 P. 5:8-10), a quien Dios le pide resistir los embates firme en la fe:

 

  • Que Dios lo perfeccione (en Gr. Katartizo, se refiere a que se encuentre terminado), es decir, que la obra de Dios en el creyente se concluya porque no falte nada por hacer.

 

  • Que Dios lo confirme (En Gr. Zterizo, que significa lo establezca o fundamente sobre una base sólida), esto tiene relación con los principios de la Palabra que sustentan la vida del creyente y la vuelven estable, firme, inamovible.

 

  • Que Dios lo corrobore (en Gr. Stenoô, que significa aumentar la fuerza, o aportar mayor poder), lo cual tiene relación con la impartición de la vida de Cristo que obra en el interior del creyente.

 

  • Que Dios lo establezca (en Gr. Themelioô, que significa poner derecho y firme o consolidar algo), que tiene que ver con el andar delante de Dios y dependiendo enteramente de Él.

 

Es muy claro que estas cuatro cosas tienen que ver con las cuatro clases de fe y las cuatro dimensiones del amor, las cuatro voluntades de Dios y las cuatro fronteras que debemos extender para ser llenos de la plenitud de Dios. ¡Aleluya!

LA FE Y LA PALABRA DE DIOS

En griego hay cuatro palabras que se traducen como palabra, y como veremos, se relacionan con la fe en sus cuatro dimensiones:

 

RHEMA se refiere a una palabra específica de acción inmediata (Mt. 4:4). Aparece 73 veces en el Nuevo Testamento. La fe creativa nos fue dada precisamente para que Dios obre en el acto su Palabra y se cumpla en quien la escucha y la cree.

 

LOGOS significa tratado o compendio, termino aplicado a toda la Biblia como la Palabra de Dios (Col. 1:5). Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, y les dijo: oíd mis palabras usó “rhema” (Hch 2:14), porque se refirió a lo dicho por el profeta Joel, que se estaba cumpliendo en ese momento; pero más adelante les explica sobre quién es el Señor Jesús y les dice (verso 22): oíd estas palabras, donde usó “logos”, porque iba a tratar sobre el Señor. Aparece 325 veces en el Nuevo Testamento. La fe doctrinal es aplicada para comprender las verdades del Evangelio y establecernos en ellas sólidamente.

El inicio del evangelio de Juan, que traduce Verbo cuando se refiere a Cristo, la palabra griega es Logos, por lo que se puede traducir literalmente: “En el principio era la Palabra, la Palabra era con Dios y la Palabra era Dios”, refiriéndose a que toda la Palabra de Dios es un tratado de Cristo, quien es la Palabra y es Dios revelado en ella.

 

ÈMPHÜTÖS se refiere a la palabra cuando ha sido asimilada, aceptada o implantada en alguien (Stg. 1:21). Es la Palabra cobrando vida en el creyente que la pone por obra. Aparece 1 sola vez en el N. T. La fe confesional es desarrollada en el creyente para que la Palabra de Dios se haga carne en el creyente y la vida de Cristo fluya en él, es decir, lo transforme a su semejanza.

 

APAGELLÔ que significa palabra cumplida, también se traduce como mensaje o reporte de algo que pasó (Mt. 2:8, 28:8). Aparece 48 veces en el N. T. La fe consciente de Dios, la vista del espíritu regenerado, le permitirá al creyente ver la Palabra de Dios cumplida junto con el propósito para lo cual fue dada, aun antes de que se manifieste físicamente, y con ello disfrutará el saber que se encuentra en su presencia.

LA FE EN EL LIBRO DE LOS HEBREOS
  • Los capítulos 3 y 4 nos presentan la fe creativa como el don de fe.

(He 3:19, 4:2-3, 12, 16).

 

  • Los capítulos 5 y 6 nos explican sobre la fe doctrinal o fe fundamento.

(He. 5:13, 6:1, 11-12, 17).

 

  • El capítulo 10 trata sobre la fe PERSEVERANTE o fe como fruto del Espíritu en el creyente.

(He. 10:22-23).

 

  • El capítulo 11 nos presenta la fe consciente de Dios como el sentido del espíritu regenerado o visión espiritual. (He. 11:1-6).

 

 

C.   DESARROLLANDO LA FE CREATIVA

 

La fe creativa, que es en su fase inicial la fe que nos trajo a la Salvación, es también uno de los nueve dones espirituales, repartido entre los creyentes según el Espíritu Santo quiere. Los nueve dones deben operar en cada iglesia local, para que funcione como el cuerpo de Cristo y todos los miembros se interesen los unos por los otros (1 Co. 12:9, 11), de modo que no todos tienen este don de fe.

 

Aunque es un don, requiere ser desarrollado para que alcance su plenitud, por lo que todos aquellos que tienen el don de fe, deben saber que hay un modelo o patrón en la Biblia que Dios sigue para lograr ese desarrollo, que podemos estudiar en la vida del profeta Elías. Es importante que todo creyente conozca este modelo para que pueda identificar la obra de Dios en su propia vida para el operar en la medida de fe que Dios le dio.

 

1.- La fe creativa requiere de una palabra Rhema para operar. Elías pudo hablar al rey Acab la palabra que Dios le había dado sobre que no llovería sino por su palabra, que la diría cuando Dios se lo ordenara (1 Ry 17:1). La fe creativa convierte al creyente en boca de Dios, es una palabra que dará inicio a cosas nuevas y específicas para esa ocasión (Is. 55:11).

 

Cristo, nuestro modelo perfecto en todo, siempre esperó en su Padre y cuando habló, siempre fue su Padre quien habló y respaldó las palabras de fe con sus obras sobrenaturales (Jn. 14:10-11, 24, 12:47-50).

 

2.- Cuando se ha hablado una palabra de fe creativa, hay que aprender a depender totalmente del dicho de Dios, confiando que Dios obrará lo que hablamos en su Nombre, no hay que ayudar a Dios, no hay que forzar las cosas para que la palabra se cumpla. Que no lloviera afectaría a todos y también en lo natural a él, así que tenía que depender de Dios para no ser afectado, quien le proveyó sobrenaturalmente su alimento mediante cuervos, y su agua en forma natural hasta que el arroyo de Cerit se secó (1 Ry. 17:2-7). El reposo de fe es necesario, nos enseña a depender de Dios por entero. Elías aprendió que Dios puede suplir milagrosamente y esperó cada día su sustento.

 

El pueblo de Israel tuvo que recibir la disciplina de la demora para aprender a depender de Dios (Dt. 8:2-4), sin embargo cada día vieron la provisión de Dios por 40 años (Ex. 16:4). Cristo también estuvo en el desierto por cuarenta días de ayuno en el que fue tentado del diablo en su hambre, pero fue el tiempo en que aprendió a depender de la Palabra recibida de Dios (Mt. 4:1-4).

 

3.- Para desarrollar la fe creativa es necesario cultivar la humildad. Es más fácil recibir de cuervos que de otras personas, sobre todo si se trata de una viuda pobre, pero eso era lo que debía hacer el profeta, obedecer en humildad la palabra  dada por Dios e ir a Sarepta y pedirle a una viuda sin recursos, que ni era israelita sino de Sidón, que primero le diera a él de comer y luego comería ella y su hijo (1 Ry. 17:8-16). Ella tenía el corazón preparado por Dios para sustentar al profeta y él no tenía que cuestionar lo dicho por Dios sino actuar en fe con sumisión (Lc. 4:25-26). La humildad precede a la gracia de Dios que es la provisión para que los propósitos de Dios se cumplan (Stg. 4:6-7).

 

El ministerio poderoso de Cristo fue sustentado materialmente por mujeres (Lc. 8:3). Cristo apreció lo que una viuda pobre echó en la caja de las ofrendas, más que lo mucho que echaban los ricos de lo que les sobraba (Mr. 12:41-44), así que la humildad coopera con la voluntad de Dios porque libera la gracia.

 

4.- La fidelidad es fe que se mantiene bajo la presión de la adversidad. Para desarrollar la fe creativa, el profeta fue aún más probado en medio de la ya difícil prueba, algunos dirían que le estaba lloviendo sobre mojado cuando el hijo de la viuda murió, pero el profeta no se rajó, se encerró a orar con el cuerpo del niño y Dios le oyó y resucitó. Fue puesto en esa situación para que desarrollara más y se ejercitara su fe creativa (1 Ry. 17-17-24). El que opera en el don de fe debe ser fiel en decir lo que Dios dice, sin modificar el mensaje por la presión de las circunstancias o el dolor y no moverse.

 

Pablo experimentó esta presión de una respuesta de la misma muerte, pero era propiciado por Dios para desarrollar su fidelidad, al confiar en la fidelidad de Dios que resucita a los muertos, y no confiar en sí mismo (2 Co. 1:9, 1 Ti. 1:12).

 

Nuestro Señor también experimentó la presión de las circunstancias hasta la misma muerte, y fue oído por su temor reverente y al soportar la presión aprendió la obediencia y pudo cumplir la voluntad de su Padre (He. 5:7-9).

 

5.- La fe debe ser por naturaleza radical para imperar sobre cualquier obstáculo, así que Dios va a desarrollar determinación. Después de tres años de no llover, Samaria se moría de hambre, las bestias de trabajo morían de hambre y sed. Acab el rey pensaba que Elías tenía la culpa, era un rey malo y cruel de corazón muy duro, pero el mandamiento de Dios al profeta era que fuera ante Acab y le diera instrucciones para que reuniera a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de los bosques, y se probara ante los ojos del pueblo quién era el verdadero Dios, si Baal o Jehová. El profeta manda el recado al rey: “vive Jehová delante del cual estoy, que hoy me mostraré ante ti”. La fe creativa fue dada para enfrentar retos imposibles y confiar en la palabra dada por Dios, caminar con determinación en ella con la seguridad de que Dios la cumplirá. Estando ya en el monte Carmelo da instrucciones a los profetas para que pidan fuego a Baal, según Dios le dijo (1 Ry. 18:25-29, 36). Dios le dio dominio al no titubear y hacer puntualmente lo que Dios le mandó (2 Co. 2:17), este dominio espiritual impidió que el diablo respondiera a los profetas de Baal, porque estaba atado y su obra estaba siendo saqueada (2 Co. 10:4-5).

 

Cristo dijo que el dominio lo ejerce el más fuerte, algunos pretendían que su poder venía  de Belcebú, pero él les aclaró que provenía del Espíritu Santo para saquear la casa del valiente, lo cual hizo con determinación (Mt. 12:27-29, Lc. 11:21-22).

 

6.- Hay tres aspectos a desarrollar en cuanto al conocimiento necesario para que la fe creativa opere:

 

6.a.- Conocimiento de Dios. Elías reúne al pueblo y restaura el altar de Dios, pone doce piedras en él conforme a la palabra de Jehová dada al pueblo de Israel, tal y como lo había recibido de Dios. El altar de Dios es para darle adoración, usando doce piedras o principios de fundamento, que nos muestran su confianza plena en el pacto que Dios hizo con su pueblo, recordando además que Dios le puso por nombre Israel o guerrero de Dios, que prefigura el nombre de la nueva criatura en Cristo (Gn. 32:28). El altar además fue edificado en el nombre de Jehová o de parte de Dios. El altar de Dios así restaurado nos habla del mismo corazón de Dios, figura del Calvario como la fuente de toda bendición. Elías tuvo una revelación de Dios mientras edificaba el altar, porque lo centró en Él mismo y sabía que tocaría su corazón solo mediante un sacrificio (Dn. 11:32, Ex. 20:24-26).

 

Ese es el secreto del creyente que conoce a Dios y sabe con toda certeza que todo lo va a recibir sólo mediante la ofrenda de Cristo (1 P. 2:5).

 

Nuestro Redentor sabía que para que el camino al Padre se abriera, era necesario un sacrificio perfecto, así que no ofrecería un toro, sino a sí mismo, para que nosotros fuéramos aceptos por medio del amado de Dios (He. 9:12, 10:19-22, Ef. 1:6).

 

6.b.- Conocimiento de la gracia. El toro ofrecido sobre la leña del altar prefigura la ofrenda de Cristo en la cruz (1 Ry. 18:33-35), el agua sobre la ofrenda y llenando la reguera, prefigura la purificación del pueblo mediante su palabra (Jn. 15:3, Ef. 5:26), que fue derramada 3 veces con 4 cántaros cada vez, es decir, 12 cántaros para provisión de las doce tribus, cubriéndolas totalmente con la gracia de Dios. En forma natural la madera mojada no encendería, pero el profeta sabía que de ese modo no habría duda que Dios lo haría sobrenaturalmente, rebasando la imposibilidad, tal y como la gracia rebasa a la ley que condena al pecador (Ro. 5:20, 1 Ti. 1:14, 1 Co. 15:10).

 

El precio pagado es inconmensurable, pues la misma vida del Hijo de Dios fue entregada por nuestra Salvación, pero el pecador lo recibe en forma gratuita, de pura gracia. La gracia es Cristo dado por entero a nosotros, no hay mérito nuestro, sólo recibir por fe lo que para nosotros es imposible (Ro. 8:32, Ef. 2:8, Jn. 1:16-17).

 

6.c.- Conocimiento del celo de Dios. Dios hace descender su fuego del cielo, figura del Espíritu Santo, en respuesta a la oración obediente de Elías, que declara que todo lo hizo como Dios se lo mandó (1 Ry. 18:36-40). El fuego consumió el holocausto y lamió las piedras mojadas y con ello el corazón del pueblo se volvió a Dios y lo adoró, convencido por el poder de Dios. El Espíritu Santo nos convence de pecado, de justicia y de juicio, para volvernos a Dios arrepentidos. El celo de Dios llevaría al profeta Elías a ejecutar a los 450 profetas de Baal por haber desviado el corazón de su pueblo en pos de dioses ajenos (Dt. 13:1-5). El propósito de la palabra de fe dada es que la gente se acerque a Dios y que sólo Él sea glorificado. Dios tiene celo y no desea compartir su gloria con nadie más (Stg. 4:5).

 

Cristo vino para ser boca de Dios y hablar palabras de fe que trajeran a todos a la Salvación, Él recibió la encomienda de glorificar a su Padre y no a esculturas (Is. 42:6-8), ese es su celo santo y6 debemos conocerlo para no usurpar su gloria.

 

7.- Finalmente, la fe creativa desarrolla cuando se aprende a reposar en fe, en cuatro maneras:

 

7.a.- Reposando en Dios velando. (1 Ry. 18:41-46), Elías da la palabra de fe al rey Acab que la lluvia ya viene, pero no se va a descansar esperando que las cosas pasen, sino que el reposo se dio cuando el se fue a orar con su rostro escondido entre sus piernas, figura de replegarse a su espíritu, para estar en contacto con Dios, intercediendo hasta que sucediera lo que había hablado de su parte. Por siete ocasiones manda a su criado para ver si ve alguna nube subir del mar, pero él no interrumpe su intercesión hasta cuando su criado le dice que ve una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, figura de dominio. De inmediato le dice que vaya al rey y le diga que unza su carro y descienda porque la lluvia no lo ataje y pronto el cielo se oscurece y cae una gran lluvia conforme a su dicho (Stg. 5:17-18). Cuando Dios ha dado una instrucción y damos la palabra de fe, es necesario orar porque así suceda e interceder hasta que suceda (Mt. 6:6).

 

Daniel también aprendió a interceder por aquello que Dios había hablado por medio de Jeremías, sabiendo que obrará lo que habló cuando alguien se lo pide (Dn. 9:1-4, 18, 10:12). La oración eficaz es la que pide lo que Dios dijo que quiere hacer (1 Jn. 5:14-15). Esa es la manera de  reposar velando.

 

Muchas veces Jesús reposó velando, cuando Lázaro murió no se quedó dos días a matar el tiempo, sino a orar, Él sabía que Lázaro iba a morir y a resucitar y así se los había declarado a sus discípulos (Jn. 5:17-21, Jn. 11:3-6, 14-15). Cuando llega frente a la  tumba de su amigo, no pide sino da gracias a su Padre por haber sido escuchado, es por eso que entendemos lo que había estado haciendo esos dos días de espera, pidió en secreto y venía a ver la recompensa en público (Jn. 11:40-44).

 

7.b.- Reposando en silencio. (1 Ry. 19:1-14, 18), Por un momento el peligro que se cernió sobre él, lo hizo huir de Jezabel porque pensó en sí mismo y olvido lo que Dios le había mostrado, se desanimó hasta el punto de desear morirse, lo que demuestra lo frágil que es la carne, pero Dios le va a enseñar a reposar en quietud y tranquilidad total. Primero lo alimenta de modo que camine por 40 días para ir al monte Sinaí, él obedece y cuando llega al monte ve diferentes manifestaciones de fuerza: Un viento recio que quebraba las rocas, después un terremoto, luego un fuego, pero Dios no estaba en esas figuras de su poder ((Jon. 1:4, Sal. 114:6-7, Mal. 3:2). Finalmente vino un silbo apacible y delicado y Elías pudo hablar con Dios y descargar su corazón y recibir la paz de Dios que le devolvió el reposo de fe (Sal. 46:10), pues Dios le muestra que no era el único sino que Él se había reservado a otros siete mil fieles. Dios tiene un reposo de quietud serena en donde estar conscientes de Él y no de las circunstancias adversas y peligros que parecen querer destruirnos.

 

En la barca Jesús reposó en silencio, mientras los experimentados pescadores temían por sus vidas (Mr. 4:37-41), es despertado por sus asustados discípulos y se levanta, da la palabra de fe a los elementos inanimados y estos le obedecen cesando la tormenta, luego les recrimina su poca fe.

 

Cuando fue llevado preso ante Herodes, era tiempo de reposar en silencio y no perder su paz bajo la presión de las circunstancias, mientras el rey quería ver un espectáculo, presionando a Cristo para que pensara en sí mismo y le concediera su deseo para así salvar su vida, pero el reposó en silencio y perseveró en el propósito encomendado por su Padre (Lc. 23:7-11).

 

7.c- Reposando sirviendo. (1 Ry. 19:15-21), Después del silbo apacible que le devuelve el reposo, Dios manda a Elías a ungir a Hazael por rey de Siria, a Jehú por rey de Israel y a Eliseo para que lo suceda como profeta. Esta clase de reposo es necesaria para la fe creativa. El profeta cumplió su ministerio y reposó haciendo todo aquello que Dios le había mandado, además Eliseo le empezó a servir y no caminó más solo. El reposo del apóstol es ejercer su apostolado, el del pastor pastorear, el del discípulo seguir el ejemplo de su Maestro, el del creyente obedecer y servir en las cosas pequeñas para que Dios le ensanche.

 

Nuestro Señor siempre obró la voluntad de su Padre puntualmente (Jn. 4:34, 5:15-17, 30, 6:38-39, 9:4), al final pudo decir que había concluido la obra que el Padre le dio y proclamó “Consumado es” (Jn. 17:4, 19:30).

 

7.d.- Reposando con esperanza. (1 Ry. 21:17-24, 27-29, 2 Cr. 21:12-15), Elías siguió su ministerio sin temor y aunque tenía que dar palabras duras de parte de Dios, las dio con esperanza y fielmente, de modo que Acab el rey se humilló delante de Dios y con ello Dios aplazó su juicio. El reposo de esperanza permitirá que Dios obre su voluntad a través de sus siervos fieles.

 

(2 Ry. 1:1-17) Mas adelante vemos a un profeta maduro y reposado, que no se inmuta ante las amenazas del nuevo rey Ocozías, que sentado en reposo hace descender fuego del cielo y consume a los soldados que habían ido por él, esto por dos veces, la tercera vez descendió para darle al rey la palabra de Dios, la cual se cumplió puntualmente y el rey murió conforme a su dicho.

 

Nuestro amado Señor también habló con exactitud y esperanza todo lo que el Padre le guió a decir, eso trajo arrepentimiento a Saqueo el publicano, a la mujer que fue tomada en el lecho del adulterio, porque tenía su esperanza en Dios y no en las personas (Lc. 20:20-26).

 

 

D.    EL CAMINO DE LA FE

 

Sabemos hay 4 tipos de fe: Don de fe o fe creativa; Fe doctrinal o fundamento; Fe perseverante o fe fruto del Espíritu, y la fe consciente de Dios o sentido del espíritu. El desarrollo de la fe doctrinal depende de cuánto conocemos, comprendemos, creemos y vivimos la Palabra de Dios (1 Ti. 4:6). Para agradar a Dios es que nos fue dada la fe, pero debemos actuar en ella (He. 11:6). Lo que no es de fe, es pecado (Ro. 14:23). Sin fe reprobamos las pruebas (2 Co. 13:5). La fe es un camino definido en el que hay que avanzar paso a paso (Ro. 1:17), descubriendo la voluntad de Dios y viviendo en sus propósitos.

 

Siempre necesitamos un modelo que nos permita practicar lo que aprendemos, y Abraham fue evangelizado antes para ser padre o modelo de fe a los creyentes (Gá. 3:6-9, 29, Ro. 4:12, 16). Los hijos aprenden por imitación, así que debemos seguir las pisadas de fe de nuestro padre Abraham, haciendo como él, sus obras de fe (Jn. 8:39-40).

 

Pablo nos enseña siete pasos que Abraham caminó mostrándonos el camino seguro de la fe que llega a la meta y obtiene resultados (Ro. 4:17-22).

 

1.- CONFESIÓN DE LA FE (Ro. 4:17). Abraham creyó lo que Dios le prometió, pero además creyó que Dios llama las cosas que no son como las que son, y la clave era que si él las creía las llamara como Dios. Confesar es decir lo mismo que otro dice, en este caso Dios por medio de su Palabra. Hay más de 3,500 promesas en la Biblia, cada una de ellas es un cheque al portador con la firma de Cristo, lista para ser cobrada mediante la fe que la confiesa. No dice la Biblia que Dios pensó sea la luz, sino, “dijo Dios sea la luz y fue la luz” (Gn. 1:3). Confesar es creativo, es ejercer el poder de la vida y la muerte que está en nuestro hablar (Pr. 18:21), es por eso que debemos confesar lo que Dios nos ha prometido (Sal. 116:10, Ro. 10:10-11, 2 Co. 4:13, Sal. 119:41-43), Cristo confesó ante Pilatos algo que se oía ridículo, pero era la verdad, Él era Rey (1 Ti. 6:12-13).

 

2.- CONFLICTO DE LA FE (Ro. 4:18). Abraham siguió creyendo en la promesa de Dios aún y cuando la esperanza natural se había acabado, porque la fe espiritual nunca se acaba, pues nos conecta con la eternidad. Su cuerpo viejo, la matriz muerta de Sara, todo era imposible en lo natural. Del mismo modo, en tus circunstancias, cuando se han ido cerrando todas las puertas y parece que todo se acabó, necesitas decidir si Dios está sobre tus imposibles y vencerás el conflicto entre lo que vez y lo que Dios dice. Afirma tu rostro, determina que Dios es fiel y vendrá su paz terminando el conflicto. Pablo tuvo este conflicto al punto de tener duda de vivir, pero confió en Dios, el que da vida a los muertos (2 Co. 1:8-10, Hch. 27:20-25). En el conflicto debemos someter nuestros sentidos naturales y reducir tu pensamiento a la promesa que estás esperando que Dios te cumpla, no debes ver las circunstancias, ni cuando son favorables, sino esperar por entero en lo que Dios te habló por medio de su Palabra (Sal. 31:1-6, 1 P. 1:13, Jon 2:9-10).

 

3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Ro. 4:19). No consideró las cosas naturales que enflaquecen a la fe, y sí consideró la fidelidad de Dios en cumplir sus promesas y eso les fue por fortaleza para seguir esperando en Dios (He. 11:11-12), considerar es pensar en lo que Dios dice, llenar nuestra mente de su fidelidad (1 Co. 1:9, 10:13, 1 Ts. 5:24).

 

4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Ro. 4:20a). No desconfió, no claudicó, no echó marcha atrás. Consistencia es que no se altera, no varía, no fluctúa, ni siquiera se debilita, sigue igual que al principio, persevera hasta alcanzar (He. 6:12-15). Varios héroes de la fe se murienron en la raya, creyendo (Ef. 4:13-14, He. 10:23, 11:13-16, Stg. 1:6-8).

 

5.- CONCIENCIA DE LA FE (Ro. 4:20b). Se fortaleció en fe, dando gloria a Dios (1 Co. 16:13). La alabanza nos vuelve conscientes de Dios y de su poder y grandeza, por sobre nuestras circunstancias por difíciles que sean. Notemos el contraste entre Sal. 106:24-25 y 12. Dios no nos pide que le alabemos porque sea vanidoso, su gloria es perfecta la reconozcamos o no, así que es más bien para que se cree la atmósfera propicia para que Dios obre, porque cuando su pueblo le alaba, Él habita en sus alabanzas (Sal. 22:3-4).  La alabanza precede a la victoria, te imparte la fuerza necesaria para no distraerte de Dios hasta ver su propósito cumplido (Dt. 10:20-21).

 

6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Ro. 4:21). Convencido plenamente que Dios tenía el poder para cumplir sus promesas. A veces, después de orar por un problema, se complica, por una enfermedad, se empeora, pero si tienes convicción, eso no te moverá, porque la fe es la certeza y la demostración de aquello que Dios ha prometido (He. 11:1). Abraham esperó 25 años por la promesa de un hijo, cuando la recibió él podía, por eso vino Ismael, pero cuando Dios cumplió él ya no podía y sólo se sostuvo por convicción (Gn. 18:10-14, He. 11: 11-12). Todo lo que Dios promete es firme, sólido, confiable (2 Co. 1:20-21, 2 Ti. 1:12).

 

7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Ro. 4:22). Dios cumplió cuando su fe fue contada por justicia, es decir, su fe agradó a Dios y Dios le dio el hijo de la promesa (Gn. 21:1-3). Abraham obedeció a Dios y obró en obediencia y en ello demostró que verdaderamente creía y fue justificado por fe sin obras sino por las obras de la fe (Stg. 2:14, 17-18, 21-24, 26). La obediencia es la evidencia de la fe que obtiene.

 

Ejemplo: Si la Biblia enseña que todos los que han sido bautizados en el Espíritu Santo pueden hablar en lenguas y tú lo crees y lo pides, la evidencia de que lo has creído es que podrás hablar en otras lenguas. Ese es el paso de obediencia que demuestra tú fe.

 

SEGUNDO TESTIMONIO

La lección fue repasada por Dios, con lo que cada pisada de fe de Abraham fue corroborada con ambos pies, y para nosotros el camino de la fe quedó definido con claridad. Aquel niño hijo de la promesa cumplida, entró en la adolescencia y Abraham lo amaba y se sentía cumplido y gozoso, sabiendo que en ese hijo reposarían las promesas y los propósitos de Dios se cumplirían. Empero Dios quiso probarlo nuevamente, y le pidió algo que parecía absurdo, que sacrificara a su hijo, al único, al que amaba (Gn.22:1-18), repasando uno a uno cada paso de fe ya antes caminado:

 

1.- CONFESIÓN DE FE (Gn. 22:1-5). Abraham no dudó ni un instante, al contrario, madrugó, preparó todo y tomando a su hijo, la leña un burro, dos mozos y el fuego, se dirigió al monte Moriah para sacrificar a su amado hijo, heredero de las promesas. Él confesó al pie del monte, cuando pidió a sus mozos lo esperaran: “…Mi hijo y yo iremos, adoraremos y volveremos”. Estaba seguro que volverían juntos, pasara lo que pasara en el monte, el tenía confianza plena en Dios y confesó.

 

2.- CONFLICTO DE LA FE (Gn. 22:6-7). Isaac va con su padre, sabe que van a adorar, pero algo falta, ve la leña, el fuego, pero no ve el cordero para el sacrificio y le pregunta a su papá. Seguramente Abraham tragó saliva al escuchar la pregunta y siguió caminando ante la mirada escrutadora de su hijo. El vértigo de obedecer contra la lógica, el conflicto de la fe. En ese momento se llena la mente de preguntas: “¿Y si… esto, y lo otro?”. Pero Abraham venció el conflicto mientras caminaba al encuentro de Dios en obediencia.

 

3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Gn. 22:8). Después de considerar la situación y quién era su Dios, pudo responder: “Dios se proveerá de cordero, hijo mío”. En su corazón no cabía la menor duda de que Dios era poderoso para resucitar a los muertos si era necesario para cumplir sus promesas (He. 11:17-19).

 

4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Gn. 22:9-10). Estaba determinado, no le tembló el corazón, se mantuvo fiel en la medida en que preparaba el altar, acomodaba la leña y ataba a su sorprendido hijo, que seguramente le miraba con grandes ojos de asombro. No le dio explicaciones, estaba seguro que su hijo comprendía que en ese momento era necesario confiar totalmente en Dios, eso le había enseñado, los principios de su fe habían sido sembrados en su corazón, por lo que Isaac no se resistió, confiaba en el Dios de su padre. Abraham finalmente levantó el brazo, empuñando aquel cuchillo que brilló a los rayos del sol. El corazón de Abraham, que amaba entrañablemente a su hijo, estaba a punto de reventar, pero no por eso desistió y obedeció (Stg. 2:17-22).

 

5.- CONCIENCIA DE LA FE (Gn. 22:11). En ese momento el ángel de Dios le gritó deteniendo el sacrificio y él respondió: “Heme aquí”. Es de capital importancia que toda nuestra atención se concentre en Dios y no en las circunstancias, de ello dependerá el que se cumpla el propósito de Dios.

 

6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Gn. 22:12). El ángel lo detuvo para que no tocara a su hijo, le dijo que ya conocía lo que había en su corazón, temor de Dios, pues no le había rehusado a su hijo. La prueba de la fe de Abraham demostró que Dios era su prioridad, aún sobre la persona más amada para él sobre la tierra, esa convicción es necesaria en el creyente cuando es probado, y debe manifestarse antes de ser aprobado.

 

7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Gn. 22:13-14). Un sustituto fue dado a Abraham para que adorara a Dios con la ofrenda pedida por Dios, el sello de la aprobación divina es Cristo nuestro sustituto, en quien tenemos garantizado el favor divino manifestado en la respuesta de gloria que tuvo, porque después del sacrificio, le fueron confirmadas todas las promesas y la bendición de Dios se derramó sobre aquel hombre de fe invencible (Gn. 22:15-19), “bendiciendo te bendeciré y multiplicando te multiplicaré en gran manera”, Dios le promete dos simientes, una terrena como la arena de la mar, y otra celestial, como las estrellas del cielo, y le confirma en forma contundente que en su simiente (Cristo), serían benditas todas las familias de la tierra, por lo cual somos hijos de la fe de Abraham (Stg. 2:23). Los aprobados en la fe, descubrirán una nueva y más íntima relación con Dios, que es la de ser sus amigos, con quienes compartirá todos sus secretos (Jn. 15:14-15).

 

 

E.   DESARROLLO DEL FRUTO DEL ESPÍRITU FE

 

Dios dio por medio del profeta Habacuc una palabra para nuestra dispensación:

 

“Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará. He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá.” (Hab. 2:2-4).

 

Esta palabra  es para la iglesia, en la cual la fe de Cristo sería implantada en el corazón de cada creyente, que cuando la lee debe correr, es decir, ponerla a funcionar en tal manera que cumpla el propósito de Dios (1 Co. 9:24), conociendo que la carrera a la que se refiere no es de velocidad sino de resistencia y por lo tanto requiere de paciencia (He. 12:1-2). Cristo es el autor (origen) y el consumador (cumplimiento) de la fe y por lo tanto siempre debemos concentrar en Él nuestra atención. Habacuc además advierte que la fe operará en humildad y no en orgullo, por lo que para mantener el canal limpio debemos practicar la humildad, para que se manifieste la justicia que es por la fe de Cristo en nosotros (Fil. 3:9).

 

El apóstol Pablo desarrolla en base a esta palabra de Habacuc el tema de la fe en tres epístolas: Romanos, Gálatas y Hebreos, dando en cada caso una aplicación diferente que nos permite ver cómo se desarrolla la fe fruto del Espíritu, que nos habla de la madurez del carácter (Gá. 5:22-23).

 

1.- LA SEMILLA FE (Ro. 1:16-17). El tema principal de la epístola a los Romanos es la Justicia de Dios alcanzada mediante la fe o justificación, cuando ésta libera la gracia (Ro. 3:22-24, 28, 31). La fe de Jesucristo nos trae a vida. El justo es el que ha sido justificado por la fe, quien ha recibido su fe y esto ha dado inicio a su nueva vida en Cristo por pura gracia.

 

Pablo inicia la epístola diciendo que su ministerio consiste en lograr la obediencia de la fe, en el Nombre de Jesucristo (Ro. 1:5), donde la fe es alguien y no algo, a quien obedecer. La epístola termina en el mismo tenor, el Evangelio revelado a Pablo, como los escritos de los profetas anteriormente, tienen el mismo propósito de que todos obedezcan a la fe, para gloria de Dios (Ro. 16:25-27).

 

Pero es muy claro que el apóstol pone mucho cuidado en separar las obras propias de la fe que nos trae a la Salvación (Ro. 4:4-8), porque declara que la fe y no las obras propias son contadas por justicia, pretender algún valor de las obras propias anulan la promesa de Dios, que sólo es garantizada por la gracia al que cree (Ro. 4:13-16). Sólo justificados por la fe tenemos paz para con Dios, por medio de Jesucristo nuestro Señor (Ro. 5:1-2).

 

Como vimos, el apóstol en su epístola a los Romanos pone juntos la Justicia, la Gracia y la Fe, que ponen en acción la voluntad de Dios. La fe nace por la Palabra del evangelio al escucharla (Ro. 10:8-11, 17). Es contundente cuando afirma que Dios encerró todo en incredulidad para tener misericordia de todos (Ro. 11:32), pero también afirma que todo lo que no es de fe es pecado (Ro. 14:23), es decir, las obras propias son pecado siempre. Mas el que tiene esta semilla de fe experimenta el gozo y la paz de Dios (Ro. 15:13).

 

Justificación mediante la fe de Cristo operando en el nuevo creyente, es el fundamento y seguridad que le fue sembrada, de modo que nunca el creyente dependa de su capacidad, sino de la gracia de Dios. El apóstol nos da una visión de toda la obra: si la raíz es santa, lo serán las ramas y también el fruto, explicando en Romanos el inicio o la raíz de la fe espiritual (Ro. 11:16).

 

2.- LA PLANTA FE (Gá. 3:10-14). La más pequeña de las semillas da la mayor de las legumbres (Mr. 4:30-32, Mt. 17:20), así la fe fue comparada a la semilla y la planta de mostaza. Ahora Pablo toma la palabra de Habacuc para hablar del justo que por la fe debe seguir viviendo, para lo cual le ha sido dado el Espíritu Santo.

 

Los Gálatas habían empezado bien, pero fueron movidos de su seguridad y esto frenó su crecimiento (Gá. 1:6-7, 3:1, 5:7), por lo que Pablo va a enseñarles que deben volver a poner a operar la fe de Cristo dejando el esfuerzo propio (Gá. 3:2-5).

 

(Gá. 3:25-29, 4:1-2) Pablo argumenta sobre el propósito de la fe en quienes son hijo de Dios, para que sean herederos. La vida del creyente debe ser en la fe del Hijo de Dios no en su propio esfuerzo, la fe libera la gracia de Dios, es decir, permite que Cristo viva en el creyente (Gá. 2:19-21). Eso es que el justo por la fe vivirá. Esa es la verdadera vida espiritual, la que es por el Espíritu, la que libera la fe que obra por el amor (Gá. 5:5-6, 16-18), es decir, las obras de la fe y no las nuestras, son las que nos llevan a heredar lo que Dios nos dejó en Cristo (Gá. 4:6-7). La fe nos hizo vivir en el espíritu y ahora es necesario andar también en el Espíritu, donde la fe vendrá a ser un fruto cumplido (Ef. 5:22-25), porque la gracia de Cristo es con nuestro espíritu (Gá. 6:18).

 

3.- EL FRUTO FE (He. 10:35-39). Una semilla que germina y crece hasta formar un árbol, llegará a dar el fruto según su especie. El Apóstol en Hebreos muestra que el justo siempre vivirá por la fe que le trajo a vida y que le ha desarrollado hasta que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtenga la promesa de la grande remuneración de galardones (He. 9:15), esperando que Cristo venga para ganancia del alma.

 

El fruto nos habla de madurez, de cumplimiento, de la perfección alcanzada y eso es el tema principal de la epístola, que vayamos adelante a la perfección (He. 6:1-2, 11-12, 7:19, 11:40). La provisión para ser perfeccionados ya fue hecha por Cristo y está en el espíritu regenerado del creyente (He. 10:12-14, 12:23). Participar de esta provisión es para que los que tenemos la fe, permanezcamos en ella sin fluctuar porque Él es fiel que nos prometió resultados y herencia.

 

El reposo de fe es permanecer creyendo lo que Él nos dice en su Palabra, dejando nuestras obras para obrar las suyas (He. 4:2-3, 8-11). La fe como parte del carácter de Cristo en el Creyente que sometido a Dios permanece.

 

La fe que alcanza la perfección es la que se mantiene activa (He. 11:1, 6, 39-40), hasta la consumación de esa fe que fue semilla, se ha convertido en árbol y está dando fruto (He. 12:2), la fe que cumple, exitosa, la que podemos aprender al imitar la de quienes han predicado, nos preceden y nos presiden (He. 13:7).

 

Fuimos Justificados por la fe, estamos siendo Santificados por la fe y seremos Glorificados por la fe de Cristo en nosotros, que nos dio la vida, nos mantiene viviendo y para la eternidad.

IV.   Doctrina de Bautismos

 

… vamos adelante á la perfección; no echando otra vez el fundamento; del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos

Heb 6:1-2

 

1. Significado de la palabra

 

El verbo usado en el Nuevo Testamento es (βαπτίζω, baptízō). Los sustantivos asociados son báptisma y bautismo. En general baptízō  es equivalente a baptō , que significa sumergir, como lo muestra la historia de Naamán (en la septuaginta) y la de Lazaro.

 

El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme á la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio.

2 Re. 5:14 RV09

 

Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje (baptō: sumergir) la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.

Lc. 16:24 RV09

 

En Apocalipsis 19:3 se usa la palabra para hacer referencia al proceso de teñido de una tela: se sumerge la tela en el líquido colorante:

 

Estaba vestido en una ropa teñida de sangre.

 

 

2. Un bautismo o muchos bautismos

 

Cuando Pablo habla en Efesios 4:5 de un bautismo, algunos autores suponen que se refiere al bautismo en agua. Sin embargo, probablemente debamos interpretarlo más bien como un bautismo triple que corresponde a un ser humano trino creado a la semejanza de un Dios trino. Un bautismo se refiere, entonces, en manera integral al ser humano en unidad. Esta unidad se ve en Dios, cuando dice: Un Espíritu…, un Señor…, y un Dios y Padre de todos, es decir un Dios trino. Del mismo modo, la Biblia muestra que el hombre fue creado como una trinidad, a la imagen de Dios (Gn. 1:27). También nos muestra que existen tres bautismos que se aplican a las diferentes partes de nuestro ser: espíritu alma y cuerpo. La doctrina de Bautismos incluye:

 

Bautismo en

Cristo

Agua

Espíritu Santo

Referencias Ro. 6.3 bautizados en Cristo Hch. 10.47,48 ¿puede alguno, impedir el agua…?Jn. 1.33 el que me envió a bautizar en agua… (LBLA) Jn. 1.33 …el que bautiza en el Espíritu Santo (LBLA)Hch. 1.5 seréis bautizados con el Espíritu

 

 

 

 

El siguiente día ve Juan á Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo. Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua. Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él. Y yo no le conocía; mas el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.

Juan 1:29-33 RV09

El tema de los bautismos es de mucha importancia para Dios. Así se lo reveló a Juan el Bautista. Dios le ordenó bautizar en agua para que Cristo fuera manifestado a Israel. Además Dios le dijo acerca de Cristo: “Sobre quien vieres descender el Espíritu Santo”, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Sin duda que hay otras partes muy importantes del ministerio de Cristo que Dios le podría haber mencionado a Juan, pero escogió mencionar el hecho de que Cristo bautizaría a los creyentes con el Espíritu.

Cristo moriría por nuestros pecados y por nuestras enfermedades, todo eso es grandioso, pero si Dios escogió solo mencionar el bautismo con el Espíritu, haríamos bien en concederle la misma importancia.

 

3. Los elementos bautismales

 

Bautismo en

Cristo

Agua

Espíritu Santo

¿Quién es el Bautizador? El Espíritu Santo1 Co. 12:13 por un solo Espíritu fuimos todos bautizados Un ministroHch. 8:38 descendieron al agua y le bautizóPablo1 Co. 1:14 he bautizado… a Crispo y a Gayo.El creyenteMt. 28:19 Id y doctrinad… bautizándolos CristoMt. 3:11 él os bautizará con ESMr. 1:8 él os bautizará con ESLc. 3:16 él os bautizará con ES

La primera pregunta que tenemos que resolver es: ¿Quién es el que lleva a cabo el bautismo? Y la Biblia tiene respuestas muy claras.

En el bautismo de salvación es el Espíritu Santo quien nos lleva a morosamente a los pies de Cristo. En el bautismo en agua es un ministro, aunque no necesariamente tiene que ser un ministro, ni tampoco un ministro ordenado, sino que puede hacerlo cualquier creyente en obediencia al mandato de Cristo para todos los que creen en Él (Mt. 28:19).

Bautismo en

Cristo

Agua

Espíritu Santo

¿Cuál es el elemento bautismal? Cuerpo de CristoGa. 3:27 bautizados en Cristo, de Cristo revestidos1 Co. 12:13 bautizados en un cuerpo AguaHch. 8:38,39 descendieron ambos al agua y le bautizó… subieron del aguaMt. 3:16 Jesús…bautizado, subió luego del agua Espíritu SantoJn. 1:33 con Espíritu Santo

Ahora buscamos la respuesta a: ¿Cuál es el elemento bautismal?

Aquí encontramos que en el bautismo en Cristo el creyente es introducido al cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo, es decir, pasa a formar parte del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. En el bautismo en agua, el medio bautismal es el agua, mientras que en el bautismo en el Espíritu Santo, el creyente es lleno y es sumergido en los ríos del Espíritu Santo.

 

Bautismo en

Cristo

Agua

Espíritu Santo

Parte del creyente que recibe el bautismo EspírituJn. 3.6 Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.1 Co. 6.17 El que se une al Señor un espíritu es con él CuerpoMt. 3:15-16   Y Jesús…bautizado, subió luego del aguaHch 8:36-39 …y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. AlmaEste es el terreno donde sedesarrolla el fruto del Espíritu.Alcanza el espíritu: 1 Co. 14.14 si yo oro en lengua… mi espíritu oraAlcanza al cuerpo: 1 Co. 6.19 es templo del Espíritu Santo

Finalmente, a la pregunta de cuál parte del creyente recibe el bautismo, tenemos que recordar que el ser humano está compuesto de tres partes: espíritu, alma y cuerpo, y que la salvación tan grande que Dios ha provisto para nosotros abarca cada parte de nuestro ser. Por lo que encontramos que nuestro espíritu es el que experimenta el bautismo en Cristo, siendo regenerado, naciendo de nuevo. Nuestro cuerpo recibe el bautismo en agua y nuestra alma recibe el bautismo en el Espíritu Santo. En este último caso, se puede ver que la obra del Espíritu Santo alcanza al espíritu y al cuerpo del creyente.

 

4. Figuras y modelos del bautismo

 

4.1 Figuras en el Antiguo Testamento

 

Durante la ceremonia de consagración de los sacerdotes (Ex. 29), estos debían ser:

 

A. Lavados con agua.

B. Se les aplicaba la sangre del sacrificio.

C. Eran ungidos con aceite.

 

De manera que, en figura, ellos fueron bautizados en agua, en sangre para salvación y en aceite para recibir la unción del Espíritu Santo.

4.2 Tipos en la historia del pueblo de Israel

PORQUE no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; Y todos comieron la misma vianda espiritual; Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo.

 

1 Co. 10:1-4 RV09

 

El pueblo de Israel era la iglesia de Dios en el desierto, ellos fueron bautizados en:

 

Moisés – Figura de Cristo, como el que Dios usó para redención de la esclavitud de su pueblo Israel (además comieron del maná y bebieron de la roca que era Cristo).

 

La nube – Tipo del Espíritu Santo, porque  permaneció sobre el pueblo todas las jornadas por el desierto y hacía las mismas funciones que hace el Espíritu Santo, de guiar, proveer, proteger, etc.

 

La mar – Figura del bautismo en agua, que da inicio al discipulado como un camino de obediencia, mediante el cual dejaron atrás a Egipto y el creyente deja atrás el estilo del mundo.

 

 

4.3 El modelo en la vida de Cristo

 

Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él. Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.

Mt. 3:13-17

 

Bautismo en agua

 

Jesús nunca cometió pecado por lo que no necesitaba arrepentirse ni recibir perdón, sin embargo, para cumplir toda justicia se presentó para ser bautizado en agua por Juan. De esta manera Cristo estableció el ejemplo que los cristianos deberían seguir. Hay que notar que Cristo fue bautizado siendo adulto, cuando tenía la capacidad de entender plenamente por qué se bautizaba, esto cancela la idea del bautismo de infantes. Este es el modelo que Cristo nos dejó. En evidente que cristo fue sumergido en el agua del río jordán, puesto que “subió luego del agua”.

 

Bautismo en el Espíritu Santo

 

Inmediatamente después de ser bautizado en agua, Cristo recibió el bautismo en el Espíritu Santo, después, como lo relata Lucas (4:1), lleno del Espíritu fue llevado al desierto.

 

 

4.4 Modelos en el libro de los Hechos

 

Entonces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo… Así que había gran gozo en aquella ciudad… Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres… Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan: Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.) Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

Hch. 8:5-17

Bautismo en Cristo

 

Cuando los samaritanos oyeron la predicación de Felipe y vieron las señales, creyeron en el Cristo que Felipe predicaba y había gran gozo en la ciudad.

 

Bautismo en Agua

 

Inmediatamente los creyentes se bautizaban en agua para dar testimonio de su fe y su deseo de ser discípulos de Cristo.

 

Bautismo con el Espíritu Santo

 

Sin embargo, ellos no habían recibido todavía el paquete completo. Los apóstoles enviaron a Pedro y a Juan, quienes oraron por ellos, imponiéndoles las manos para que recibieran el bautismo del Espíritu Santo.

 

4.5 El testimonio de la historia de la Iglesia en los primeros siglos

 

Bautismo en agua

 

Tertuliano (150-212 dC):

“Poco antes de entrar al agua, hacemos profesión solemne de renunciar al diablo, a sus pompas y a sus emisarios, lo que hacemos en manos del presidente y en presencia de toda la asamblea. Enseguida se nos sumerge en el agua por tres veces… Al salir del agua nos dan una bebida de miel y de leche, y durante una semana entera nos privamos de nuestro baño ordinario.”

“Sin duda, el Señor dijo: Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis. Pero estas palabras quieren decir: dejadles venir a mí, mientras crecen, mientras aprenden, mientras se les enseña hasta donde deben llegar, pero no les hagáis cristianos (bautizándolos), hasta que sean capaces de conocer a Cristo.”

 

Como se puede notar, ya para esta temprana época, la práctica de la iglesia se había distorsionado. Sin embargo, podemos rescatar algunos puntos valiosos de las declaraciones de Tertuliano:

  • El bautismo era por inmersión.
  • Se daba testimonio público de la fe.
  • No se practicaba el bautismo de niños.
  • Antes de bautizarse, era necesario conocer a Cristo.

 

La Didache dice: “Concerniente al bautismo, bautizareis así: Habiendo enseñado primero todas estas cosas, bautizareis en el nombre de Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, en agua viva. Y si no tuvieran agua viva, bautizareis en otra agua; y si no lo pueden hacer en agua fría, lo haréis en agua tibia. Pero si no tienen ninguna de estas, derramareis agua tres veces sobre la cabeza en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

La Didaché es un documento muy antiguo (escrito entre el 65 y 80 DC), que se dice contiene la doctrina de los doce apóstoles. Este documento establece:

  • Primero se debe enseñar a los discípulos.
  • La formula del bautismo: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
  • Preferentemente se celebraban los bautismos en agua viva: ríos.
  • La concesión de bautismo por aspersión se dio para casos extremos de carencia de agua o para enfermos o presos.

 

 

Bautismo en el Espíritu Santo:

 

Justino, refiriéndose a la profecía de Joel, de la cual Pedro hace mención en el día de Pentecostés, añade: “Aún pueden verse entre nosotros a mujeres y a hombres poseyendo los dones del Espíritu de Dios… Hasta ahora permanece entre nosotros en espíritu de profecía”. Irineo dice: “Fieles hay entre nosotros que tienen presentimiento de futuros acontecimientos, tienen visiones y profetizan”. Los montanistas en particular, afirmaban que el don de profecía continuaba manifestándose entre las mujeres.

 

4.6 Bautismos en la iglesia Católica

 

Bautismo de infantes

 

Según la Iglesia Católica Romana, un infante recibe los beneficios de la muerte de Cristo mediante el sacramento del bautismo:

“El santo bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios; llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la iglesia y hechos coparticipes de su misión”

Mediante el bautismo un niño:

Es rescatado del poder de Satanás.

El liberado del pecado original.

Es hecho inocente y sin mancha ante Dios.

Es nacido de nuevo.

Es hecho partícipe de la vida eterna.

 

El bautismo de infantes engaña a los católicos en lo que atañe a su verdadera condición y necesidad espiritual produciendo una esperanza falsa. Desde niños se les enseña que el bautismo ha eliminado el pecado original y les ha infundido gracia santificante. Y como prueba les otorga un certificado de bautismo. De esta forma, los católicos crecen convencidos de que ya tienen una relación correcta con Dios y que están en el camino que conduce al cielo. Pero dicha esperanza carece de apoyo bíblico. El certificado de bautismo no vale para nada a los ojos de Dios, porque la fe de ellos no está en el Salvador, sino en un sacramento y en el ministro de los sacramentos: la Iglesia Católica.

 

La confirmación

 

Según el Catecismo de la Iglesia Católica:

Con el bautismo y la eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”. La recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. La plenitud del Espíritu que recibió primeramente Cristo y después los apóstoles en el día de Pentecostés, está todavía disponible para los creyentes mediante la Confirmación.

Así como los apóstoles comunicaban mediante la imposición de manos el don del Espíritu Santo, la Iglesia católica imparte este sacramento. “Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de manos una unción con óleo perfumado… este rito de la unción permanece hasta nuestros días.

En los primeros siglos, la Confirmación y el bautismo constituían una sola celebración, pero puesto que el obispo era el único indicado para celebrarla, se estableció la separación temporal de ambos sacramentos.

En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los confirmados, gesto que, desde el tiempo de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:

“Dios Todopoderoso… escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito… “

Sigue el rito esencial del sacramento: “El sacramento de la confirmación es conferido por la unción del santo óleo en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

El beso de paz concluye el rito.

 

Como se puede observar, tanto el bautismo como la confirmación son prácticas diferentes que las que se establecen en los escritos del Nuevo Testamento. Quedan solo sombras distorsionadas de lo que enseña la Palabra de Dios.

 

5. Bautismo en Cristo

Propósito Salvación, regeneración, nuevo nacimiento, ser parte de la familia de Dios, ser miembro del cuerpo de Cristo, ser hechos hijos de Dios.Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.Gá. 3:26-27
Prerrequisitos FeEsta fe es un don de Dios que se recibe cuando aceptamos la convicción del Espíritu en nuestro corazón, creyendo en Cristo y su obra redentora.Jn. 16.7-9 El Consolador… redargüirá al mundo de pecado… por cuanto no creen en mí.Jn 1.12 Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Forma ConfesiónLa fe que hay en el corazón debe expresarse mediante una confesión de viva voz.Ro. 10:8-10 …si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud.
Fruto o señal Novedad de vidaRo. 6.4 Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.El fruto natural del nuevo nacimiento es una vida nueva.
Tiempo Hoy…He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DIA DE SALVACION.2 Co. 6:2 LBLA

5.1 Este es un bautismo diferente que el bautismo en agua

 

Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos o Griegos, ora siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

1 Co. 12:13

 

Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.

Gá. 3:27

A veces algunos pasajes de la Biblia que hablan acerca del bautismo se asignan automáticamente al bautismo en agua. Sin embargo, no es difícil encontrar las diferencias en los componentes del bautismo:

 

¿Quién es el que bautiza? – El Espíritu Santo

 

¿Cuál es el medio bautismal? – El cuerpo de Cristo

 

1 Co. 12:13 habla de dos bautismos: en Cristo y en el Espíritu Santo.

 

5.2 ¿De cuál bautismo habla Romanos 6?

 

¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Ro. 6:3-6

Aunque muchas veces se usa este pasaje al celebrar bautismos en agua, el texto claramente nos indica que se trata de otro bautismo: el bautismo en Cristo.

En este bautismo, luego de llegar al arrepentimiento por la obra de convicción del Espíritu Santo en nuestra vida, pasamos por el proceso de muerte, sepultura y resurrección en forma espiritual. Nuestro viejo hombre muere crucificado juntamente con Cristo, somos sepultados juntamente con él y nos levantamos para vivir una vida nueva en Cristo.

El bautismo en agua es solo una representación y testimonio público de lo que ya ha pasado en nuestro interior.

 

5.3 La experiencia multifacética del nuevo nacimiento.

 

Cuando una persona recibe a Cristo como su Señor y Salvador personal, ocurren simultáneamente muchas cosas maravillosas:

 

La salvación – Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Ro. 10:9

La justificación – Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. 1 Co. 6:11

El viejo hombre es crucificado – Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Ro. 6:6.

La regeneración y la renovación del Espíritu Santo – No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo. Tit. 3:5

Pasamos a ser miembros del cuerpo de Cristo – Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado. Rom 6:6.

          Etcétera.

 

Todas estas cosas suceden al mismo tiempo, no lo entendemos cabalmente, pero todo es parte de la gran salvación que Cristo ganó para nosotros en la cruz.

 

6. Bautismo en agua

Propósito Mt. 28.19 DiscipuladoEl creyente se bautizaba para indicar clara y públicamente su decisión de hacerse discípulo de Cristo. El bautismo era, entonces, la puerta de entrada a la vida de discipulado. No solo queremos tener creyentes nominales, sino discípulos comprometidos con la causa de Cristo.
Prerrequisitos Arrepentimiento, fe y obediencia:Hch. 2: 37-38 Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.El arrepentimiento es un primordial. El bautismo en agua no tiene sentido si la persona no ha llegado al punto del arrepentimiento.Mr. 16:16 el que creyere y fuere bautizado.Hch. 8:36-38 Si crees de todo corazón, bien puedes.Creer, tener fe, aceptar el mensaje del evangelio, creer en la obra redentora de Cristo.

Mt. 28:19 (LBLA) Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos…

Obedecer el mandato específico de Cristo.

Forma Mediante inmersión.Ese es el significado de la palabra baptōEn el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo – Mt. 28.19
Fruto o señal Buena Conciencia… en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es a saber, ocho personas fueron salvas por agua.A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:1 P. 3:20,21Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento. Mt. 3:17Cuando el hijo de Dios obedece al mandato de Cristo, por consecuencia tiene buena conciencia y no solo eso, sino que tiene la gran satisfacción de lograr el contentamiento del Padre.
Tiempo Inmediatamente después de creer.Los que creyeron el mensaje de Pedro el día de Pentecostés fueron bautizados aquel mismo día – Hch. 2:41Felipe bautizó al eunuco el mismo día que lo encontró en el camino – Hch. 8:36-39Ananías bautizó a Saulo el mismo día que fue a orar por él. – Hch. 9:18Pedro bautizó a Cornelio y los de su casa el mismo día que les predicó por primera vez – Hch. 10:48El carcelero de Filipos y toda su familia fueron bautizados la misma noche en que escucharon por vez primera el evangelio – Hch 16:33

 

Como podemos ver, la práctica común en los tiempos de la primera iglesia era bautizar a los creyentes inmediatamente después de su conversión. Aunque había un tiempo de predicación y enseñanza anterior, por lo general no esperaban más que unas horas o días para bautizarse. El caso del carcelero de Filipos es notable puesto que no quisieron esperar ni siquiera que amaneciera parea bautizarse.

6.1 Bautismo judío

 

De acuerdo a las enseñanzas rabínicas, dominantes durante la época del Templo, el bautismo, junto con la circuncisión y el sacrificio, eran una condición absolutamente indispensable que debería cumplir todo prosélito.

Junto con el bautismo por inmersión el prosélito era rociado con sangre “Para traerlo bajo las alas de la Shekinah” (Enciclopedia Judia)

 

Lightfoot (Horae Hebraicae) nos da la ley para el bautismo de los prosélitos: “Tan pronto como sana la herida de la circunsición, lo llevan a bautizar, y colocado en el agua le intruyen otra vez en cuanto a algunos mandamientos de la Ley. Habiendo oído esto, él se sumerge y sale del agua, y, he aquí, ya es un israelita en todo.”

 

 

6.2 El bautismo de Juan

 

Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas. Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados. Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados.

Mar 1:3-5

 

El bautismo de Juan tenía como propósito preparar el corazón del pueblo de Israel para recibir al Mesías. Les exhortaba a creer en aquél que vendría después de él. Para esto, Juan esperaba que la gente mostrara claras señales de arrepentimiento e hiciera una confesión pública de sus pecados.

El arrepentimiento y perdón de los pecados no eran resultado del bautismo de Juan, sino tan solo la confirmación de que los que se bautizaban ya habían llegado a eso en sus corazones y tenían frutos dignos de arrepentimiento (Mt. 3:7,8). Los que se bautizaban daban testimonio público de que se habían arrepentido de sus pecados y se comprometían a llevar una vida diferente y mejor. Los que se bautizaban manifestaban su aceptación del mensaje de Juan y se hacían discípulos de Juan.

El bautismo de Juan no es equivalente al bautismo cristiano. Cuando Pablo se encontró con los discípulos de Efeso y encontró que ellos solo se habían bautizado por el bautismo de Juan, procedió a bautizarlos en la manera ordenada por Cristo e inmediatamente después recibieron el bautismo con el Espíritu Santo.

 

Y ACONTECIO que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino á Efeso, y hallando ciertos discípulos, Díjoles: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo. Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Y eran en todos como unos doce hombres.

Hch. 19:1-7

6.3 ¿Nos salva el bautismo en agua?

 

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. (Mr. 16:16). Lo que condena es no creer, de donde lo que salva es creer.

 

6.4 ¿Nos limpia de pecado el bautismo en agua?

 

Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre. (Hch. 22:16). Clamar al nombre del Señor es lo que nos limpia de pecado.

 

6.5 ¿Puede administrarse el bautismo a los niños?

 

Si hemos de hacer caso a los prerrequisitos bíblicos para el bautismo: Arrepentimiento, fe y obediencia, entonces tenemos que concluir que el bautismo en agua solo puede administrarse a personas que tienen la capacidad para entender su pecado, reconocer su necesidad de perdón y creer que en Cristo pueden encontrar el perdón, sin importar su edad física.

 

7. Bautismo en el Espíritu Santo

Propósito Poder – Hch. 1:8 – No recibimos este bautismo simplemente para presumir que hablamos en lenguas. Tampoco para gloriarnos en nuestra “espiritualidad”.Lo recibimos para ser investidos de poder de lo alto. Poder para testificar, poder para vencer la tentación. Poder para servir a través de los dones del Espíritu..Para Glorificar a Cristo – Jn. 16: 14-15 – El propósito del Espíritu Santo es glorificar a Cristo, y este propósito se cumplirá a través de creyentes llenos de Espíritu.
Prerrequisitos FeGá. 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, ó por el oir de la fe?Gá. 3:14 Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.El bautismo en el Espíritu Santo se recibe por la fe, es parte de la bendición de Abraham, el hombre de fe, que nos alcanza a nosotros. No es por obras, por esfuerzo, por méritos. No es necesario ser bueno , perfecto, maduro… más bien, se requiere ser lleno del Espíritu para ser bueno…Hch. 19.2-6 Díjoles: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo.Este bautismo se recibe después de haber creído. El mundo no lo puede recibir, pero nosotros si porque hemos nacido de nuevo y somos hijos. Cuando los hijos le piden al Padre que les de el Espíritu, el Padre se los da.
Forma Imposición de ManosHch. 2:2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;Hch. 11:15 Y como comencé á hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.Hch. 19:6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo…Al ser bautizados en el Espíritu Santo, el Espíritu llena el lugar, los creyentes son “sumergidos” en el Espíritu. El Espíritu es derramado o cae sobre ellos. Frecuentemente la experiencia del bautismo se recibe mediante la imposición de manos de creyentes llenos del Espíritu, pero a veces ocurre que el creyente recibe el bautismo sin que nadie le imponga las manos.
Fruto o Señal Hablar en lenguasHch. 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.Hch. 10:44-46 …el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón… también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.Hch. 19:6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.De acuerdo al libro de los Hechos, la única evidencia externa de que alguien ha sido bautizado con el Espíritu Santo es el hablar en lenguas.No hay base bíblica para establecer otra señal, como el gozo, la risa, el temblor, el desvanecimiento, etc. Sin embargo, no se descarta la posibilidad de que creyentes sinceros tengan experiencias de esa naturaleza en sus tiempos de búsqueda del Señor.
Tiempo Tan pronto como sea posible después de su conversión, el creyente debe buscar el bautismo del Espíritu Santo.

 

7.1 Cómo recibir el bautismo en el Espíritu Santo

 

El creyente que anhela recibir el bautismo en el Espíritu debe seguir las instrucciones claras y suficientes de las Escrituras:

 

A. Creer en Cristo para salvación

 

Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;

Mr. 16:15-17

 

Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Hch. 2:38-39

 

B. Anhelarlo

 

Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. (Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.)

Jn. 7:37-39

 

C. Pedirlo

 

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?

Lc. 11:13

 

D. Creer que Dios te lo dará

 

Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.

Gá. 3:14

 

E. Imposición de manos

 

Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.) Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

Hch. 8:15-17

7.2 Hablar en lenguas

 

Hablar en lenguas no es un invento moderno del movimiento pentecostal, Dios nos ha dado múltiples testimonios que certifican que esta es la voluntad de Dios para el creyente:

 

A. Isaías lo profetizó

 

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará á este pueblo, A los cuales él dijo: Este es el reposo: dad reposo al cansado; y éste es el refrigerio: mas no quisieron oir.

Is. 28:11-12

 

B. Cristo lo prometió

 

Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;

Mr. 16:15-17

 

C. El Espíritu Santo lo cumplió

 

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

Hch. 2:4

…el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón… también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.

Hch. 10:44-46

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Hch. 19:6

 

D. Pablo lo confirmó

 

Doy gracias á Dios que hablo lenguas más que todos vosotros:

1 Co .14:18

7.3 ¿Hablan todos en lenguas?

 

¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? 1 Co. 12:30

 

Este versículo es causa de inquietud en algunos.

La respuesta es ¡No! No todos hablan en lenguas.

¿Por qué? Porque es este pasaje Pablo no está hablando de la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo y su evidencia de hablar en otras lenguas sino que está hablando del ejercicio de los dones del Espíritu para la edificación de la iglesia.

Nótese como se menciona antes los dones de sanidades y posteriormente el don de interpretación de lenguas.

 

En cuanto al orar en lenguas como señal para todos los creyentes, encontramos que todos los que son bautizados en Espíritu Santo hablan en lenguas (1 Co. 14:5, 39, 14 con Mr. 14:38, Jn. 4:23-24).

 

7.4 Beneficios que se pueden recibir al tener el bautismo en el Espíritu Santo y hablar en lenguas:

 

Hablar en lenguas no es un fin en si mismo, es un medio para adorar y para recibir bendición de Dios:

 

  1.       I.     Esta es la forma de adoración que el Padre anhela– Jn. 4:24
  2.     II.     Para hablar con Dios, nos da línea directa – 1 Co. 14:2,28
  3.   III.     Para la edificación personal, las lenguas son el generador de nuestra batería espiritual – 1 Co. 14:4
  4.   IV.     Para crecer en fe – Jd. 20
  5.     V.     Para orar en el Espíritu – 1 Co. 14:14,15
  6.   VI.     Es parte de la armadura del soldado cristiano, la intercesión en el Espíritu es un arma secreta – Ef. 6:18
  7. Para tener la intercesión del Espíritu. Por nosotros y por los santos – Ro. 8:26,27
  8. Para cantar en el Espíritu – 1 Co. 14:15, Ef 5:19, Col. 3:16
  9.   IX.     Para darnos reposo – 1 Co. 14:21, Is. 28:11,12
  10.     X.     Son la puerta de entrada a lo sobrenatural, al ejercicio de los dones – 1 Co. 14:5 (“a fin de que profeticéis”)

7.5 Diferencia entre la Señal y el Don

 

Hay mucha confusión en los creyentes en cuanto al uso de las lenguas. Esto se debe a que no hacen diferencia entre las lenguas como señal y las lenguas como don.

Señal

Don

Es para todos los creyentes – Y estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;Mr. 16:17 No es para todos los creyentes – A otro, operaciones de milagros, y á otro, profecía; y á otro, discreción de espíritus; y á otro, géneros de lenguas; y á otro, interpretación de lenguas.1 Co. 12:10
El que habla lenguas como señal habla a Dios – Porque el que habla en lenguas, no habla á los hombres, sino á Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.1 Co. 14:2 El que habla lenguas como don habla a la iglesia – Si hablare alguno en lengua extraña, sea esto por dos, ó á lo más tres, y por turno; mas uno interprete. Y si no hubiere intérprete, calle en la iglesia, y hable á sí mismo y á Dios.1 Co. 14:27-28
La dirección del que habla en lenguas como señal es hacia arriba – el creyente habla con Dios La dirección del que habla en lenguas como don es hacia abajo – Dios habla a la iglesia
El que habla en lenguas como señal se edifica a sí mismo – El que habla lengua extraña, á sí mismo se edifica; mas el que profetiza, edifica á la iglesia.1 Co. 14:4 El que habla en lenguas como don (siempre en conjunto con el don de interpretación de lenguas) edifica a la iglesia – Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas, empero más que profetizaseis: porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si también no interpretare, para que la iglesia tome edificación.1 Co. 14:5
No necesita interpretación, nadie lo entiende y no es necesario que lo entiendan pues es una comunicación con Dios – Porque el que habla en lenguas, no habla á los hombres, sino á Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.1 Co. 14:2 Requiere interpretación, mediante la operación del don sobrenatural de interpretación de lenguas – Por lo cual, el que habla lengua extraña, pida que la interprete.1 Co .14:13

7.6 Obra del Espíritu Santo a lo largo de la vida del creyente

 

La obra del Espíritu Santo en el creyente no se reduce a darle las lenguas, aunque eso por sí mismo es una gran bendición. En cada etapa de su relación con Dios el creyente puede ver la mano del Espíritu, ayudándolo, guiándolo, enseñándolo, obrando en su vida:

 

Redarguye y Convence – Jn. 16:7-11

Bautizador – 1 Co. 12:13

Regenera – Tit. 3:5

Nacer del Espíritu – Jn. 3:3

Consolador con nosotros – Jn. 14:16

Consolador en nosotros – Jn. 14:17

Mora en el creyente – 2 T. 1:14

Maestro – Jn. 14:16

Fortalece el hombre interior – Ef. 3.16

Da testimonio de que somos hijos – Ro. 8:16

Sella – Ef. 1:13,14

Llena – Hch. 2:4, Hch. 4:31, Ef. 5:18

Imparte poder – Hch. 1:8

Equipa para servir, para provecho, para edificación de la iglesia – 1 Co. 12:7, Hch. 10:38

Produce fruto en el creyente – Ga. 5:22,23

Oración en el Espíritu – Jd. 20

Intercede – Ro. 8:26

Adoración – Fil. 3:3 (LBDA), Jn. 4:23,24

Cánticos espirituales – Ef. 5:18-20, Col. 3:16, 1 Co. 14:15

Guía – Jn. 16:13, Ro. 8:14, Hch. 10:19-20, Hch. 13:2

Nos transforma – 2 Co. 3.18

Revelación – 1 Co. 2:10-14

Vivifica en el presente y en la resurrección – Ro. 8:11

 

7.7 ¿Es el bautismo en el Espíritu Santo la misma experiencia (simultanea, equivalente) que la salvación?

 

En muchos pasajes de la escritura podemos observar que estas son dos experiencias distintas:

 

En los discípulos

 

A. Los discípulos tenían sus nombres escritos en el libro de la vida (Lc. 10:20) y tenían señales inequívocas de vida cristiana:

 

Permanecían unánimes – Hch. 1:14

Oraban – Hch. 1:14

Tenían revelación de las escrituras – Hch. 1:15-22

Permanecían en el templo – Lc. 24:53

Fueron obedientes para esperar. (Hch. 1:4)

 

Sin embargo, si quisiéramos establecer el momento en el que ellos fueron salvos, de acuerdo al modelo del Nuevo Testamento, tendríamos que decir que fue hasta que vieron a Cristo resucitado y creyeron.

 

Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Ro. 10:9

 

Ellos ya lo habían confesado como su Señor, pero fue hasta que lo vieron que pudieron recibir plenamente la salvación.

 

B. El día de Pentecostes les llegó el cumplimiento de la promesa y recibieron el bautismo del Espíritu Santo– Hch. 2:1-4

Con Los Samaritanos – Hch. 8:1-14

 

A. Primeramente recibieron el mensaje del evangelio a través de Felipe y creyeron.

B. Después vinieron Pedro y Juan y recibieron el bautismo del Espíritu Santo.

 

En Pablo – Hch. 9:3-17

 

A. Saulo tuvo una experiencia gloriosa de salvación en el camino a Damasco que lo llevó a expresar: “Señor, que quieres que yo haga”. Ananías mismo lo reconoce como un “hermano”.

B. Varios días después Ananás le ministra el bautismo del Espíritu Santo.

 

Los discípulos en Efeso – Hch. 19:1-7

 

A. Ellos eran discípulos, aunque solo habían sido bautizados en el bautismo de Juan.

B. Pablo los bautiza en agua y procede a ministrarles el bautismo con el Espíritu Santo.

 

7.8 Tipos de estas dos experiencias en el Antiguo Testamento

 

Testimonio de las fiestas

 

A. La Pascua – Ex. 12, 1 Co. 5:7 El sacrificio del cordero pascual les da liberación de la esclavitud de Egipto. Esto es una figura del sacrificio de Cristo por el cual tenemos salvación.

B. Pentecostés –La fiesta de Pentecostés o de las semanas, se celebraba 50 días después de la Pascua Lev. 23:15-16). Se conmemoraba la recepción de la Ley en el monte Sinaí. También se le llama fiesta de la cosecha o día de las primicias. Fue el día de Pentecostés cuando el Espíritu fue derramado por vez primera.

 

La nube y el mar 1 Co. 10:1-4

 

A. El cruce del mar Rojo – es claramente una figura del bautismo en Agua, que se lleva a cabo después de que el pueblo ha sido redimido la noche de la Pascua.

B. La nube – es una figura del Bautismo con el Espíritu.

 

8. Otros bautismos

 

En primer lugar se encuentra el bautismo de Juan, el cuál, como hemos visto, era diferente que el bautismo cristiano.

La Biblia hace referencia a otro bautismo, que pudiera llamarse el bautismo de sufrimiento (parece que este bautismo de sufrimiento es el que experimentan aquellos que quieren servir a Cristo como ministros, ya que para hacerlo es necesario sumergirse juntamente con Él en sus padecimientos por la iglesia. No es un bautismo para todos, solamente para aquellos que como Pablo quieren ser semejantes a Él en todo.), pero no hay mucha información al respecto. Obviamente Cristo experimentó este bautismo, y algunos de sus discípulos también, pero no se puede concluir que todos los creyentes deben experimentarlo:

 

Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ­cómo me angustio hasta que sea cumplido!

Lc. 12:50

 

Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que soy bautizado, seréis bautizados.

Mr. 10:38-39

 

9. Referencias

 

El Manual del Cristiano lleno del Espíritu

Derek Prince

Editorial Carisma

 

Doctrinas fundamentales

Carroll Thompson

Amistad Comunicaciones

 

El Evangelio según Roma

James G. McCarthy

Editorial Portavoz

 

Historia de la iglesia primitiva

E. Blackhouse y C. Taylor

Editorial CLIE

V.   Imposición de Manos

 

Las manos nos hablan de la capacidad de obrar, representan lo que hacemos, es por eso que es importante pedir a Dios que primero ordene la obra de nuestras manos y luego que la confirme

 

Y sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: Y ordena en nosotros la obra de nuestras manos, La obra de nuestras manos confirma.

(Sal. 90:17).

 

Para que se cumpla que nuestras obras en realidad son las de Dios realizadas a través de nosotros

 

Jehová, tú nos depararás paz; porque también obraste en nosotros todas nuestras obras. (Is. 26:12).

 

Para comprender bien esta doctrina leche que nos introduce a la doctrina carne de las verdades del dominio, mediante la imposición de nuestras manos, es importante antes tener claridad sobre estos dos aspectos:

 

  • Ordenar la obra de nuestras manos.

Requiere comprender cómo Dios obra con sus manos, y cómo es que nosotros podemos ministrar a Dios con nuestras manos para recibir de su gracia. Si nosotros primero bendecimos a Dios en su santuario, Él nos bendecirá (Sal. 134) y sólo así tendremos con qué bendecir a los demás.

 

  • Confirmar la obra de nuestras manos.

Se refiere al respaldo que Dios dará a los que le sirven, dando de gracia lo recibido de gracia.

 

Consideremos estos aspectos a la luz de la Palabra de Dios:

 

LA MANO DE DIOS

 

Cuando el Hijo de Dios se humanó para salvarnos, Isaías nos dice que el brazo de Dios se extendió y en su mano la voluntad de Dios sería prosperada (Is. 53:1, 10). Cristo es el brazo extendido con la mano abierta de Dios para darnos salvación. Si la mano de Dios se abre, sus bendiciones serán derramadas (Sal. 104:28). Las manos del Señor fueron traspasadas y de ellas viene su poder para bendecirnos (Sal. 22:16).

 

Su mano poderosa ahora se manifiesta mediante el ministerio quíntuple, como un equipo dado a la iglesia como la mano al cuerpo, para realizar la obra del servicio, para edificar, para perfeccionar a los santos y cumplir así su plan en cada creyente y en la iglesia (1 P. 5:5-6, Ef. 4:11-13, Hab. 3:3-4).

 

Hay siete direcciones en que se extiende la mano de Dios:

 

1.- Su mano es para salvar, para redimir, para librar (Is. 50:2, 59:1), pero eso no se disfruta si el corazón se endurece, es por eso que Dios obra en el creyente para que tenga un corazón obediente a su Palabra y tomarlo de su mano para librarle (2 Cr. 30:8-12). La mano de Dios fue sobre Esdras porque él preparó su corazón para entender su Palabra y para enseñarla (Esd. 7:6-10).

 

2.- Su mano es para separar a los que son suyos, del resto de los hombres, como lo fue con Cristo (Sal. 80:17). Dios eligió a Juan el Bautista, por eso la mano de Dios era sobre él (Lc. 1:66). Cuando los discípulos predican su fe al mundo, la mano de Dios es con ellos para confirmar sus palabras (Hch. 11:19-21, Mr. 16:19-20).

 

3.- Su mano es para proteger a los suyos, en contra de sus enemigos (Sal. 89:20-27, Jn. 10:27-29). Su mano es firme para con los que le buscan (Ex. 15:6, 1 Sm. 5:6). Pablo experimentó este respaldo contra el diablo y sus seguidores (Hch. 13:11-12).

 

4.- Su mano es para disciplinar amorosamente a su pueblo, corrigiendo y promocionando (Dt. 2:14-15, Rth 1:13, Job. 19:21, Sal. 32:4-6, 38:1-2, 39:9-11). Si un creyente es tentado y cae, no quedará postrado, porque Dios lo sostiene de su mano (Sal. 37:24, Dt. 33:26-27).

 

5.- En su mano su voluntad es prosperada (Is. 53:10, Jr. 32:17), el nos guiará con su mano derecha (Sal. 139:7-10). LO que él se propuso lo hará con sus manos (Ex. 15:17). Cuando queremos hacer su voluntad su buena mano nos encamina en ella (Esd. 7:28, 8:18, Neh. 2:1-8, 18).

 

6.- Su mano para impartirnos de sí mismo (Nm. 11:23-25, Ez. 1:3, 3:22-24). El Señor tocaba con su mano y su amor a la gente para darse a ellas (Mt. 8:1-3, 15-17, 20:34).

 

7.- Su mano para transformarnos a su semejanza, somos por excelencia la obra de sus manos (Sal. 95:6, 100:3, 119:73, 138:6-8, Job. 10:8-13, 14:15), para su gloria (Is. 64:8, 60:21).

 

ORDENA LA OBRA DE NUESTRAS MANOS

(EJERCIENDO NUESTRO SACERDOCIO).

 

El Nuevo Testamento nos enseña que todos los nacidos de nuevo somos un real sacerdocio, es decir, tenemos acceso a su presencia para ministrar ante Él (He. 5:1, 1 P. 2:5, 9, Ap. 1:6). Los sacrificios que ahora ofrecemos son espirituales, es decir, de adoración (Jn. 4:23-24). Ya no ofrecemos sobre el altar animalitos, sino a nosotros mismos como un sacrificio vivo, que además es un culto racional o de nuestra razón rendida a Él mediante la alabanza (Ro. 12:1-2, He. 13:15); además el grato perfume de las acciones de gracias que también se muestra en ofrendar de nuestros bienes, reconociendo su bendición y  para su obra (2 Co. 9:12, Ef. 5:4, 20, Fil. 4:18, He. 13:16).

 

En especial los sacerdotes usaban sus manos en su oficio para acercarse a Dios: Antes de ministrar se tenían que lavar las manos para no morir (Ex. 30:17-21), lo que tipifica la limpieza de nuestro servicio. Oraban con las manos alzadas (Esd. 9:5-6), las ofrendas eran mecidas en lo alto por las manos de los sacerdotes (Ex. 29:22-25), tipificando los méritos de Cristo que ahora Él presenta ante su Padre por nosotros (Ro. 8:34), y es por eso que siempre debemos orar al Padre Celestial en su Nombre (Jn. 14:13, 16:23). También el pontífice ponía sus manos y confesaba los pecados del pueblo sobre aquel animalito que el día de la expiación sería soltado al desierto (Lv. 16:20-22), prefigurando cómo el espíritu de Cristo ofreció también su alma, llevando en ella el castigo de nuestros pecados en el infierno (He. 9:14).

 

Levantar las manos santas (Sal. 141:1-2), como la ofrenda de la tarde, que era para paz durante la noche, expresando plena confianza en Dios en tiempos de oscuridad y tribulación (Dt. 12:6-7, 11, 17, Ex. 29:41-43, Lv. 7:29-30, 32).

 

El rey Salomón dedicó el templo orando a Dios una larga oración, de rodillas y con las manos alzadas al cielo, después se paró y pudo bendecir al pueblo (1 Ry. 8:22-23, 54-61).

 

Nosotros en el Nuevo Testamento debemos levantar nuestras manos sin inconvenientes para orar a Dios (1 Ti. 2:8-9a).

 

Alzar las manos es presentar el alma ante Dios:

 

Abraham alzó sus manos a Dios en señal de confianza (Gn. 14:18-23).

 

David nos enseña que en las palmas de la mano se presenta el alma ante Él (Sal. 119:109). Jeremías también lo afirma (Lm.3:40-41). Jefté con ello mostró determinación (Jue. 12:3).

 

Abrir el alma ante Dios, como cuando la tierra seca se agrieta, se muestra al alzar las manos a Dios (Sal. 143:6-8).

 

También el alma se puede abrir a otras cosas, lo cual Dios demandaría al creyente que lo hiciera, porque viene de su corazón (Sal. 44:20-21). El que no levanta su alma a la vanidad, es limpio de manos y puro de corazón, por lo tanto subirá al monte de su santidad (Sal. 24:3-6).

 

Buscar a Dios con las manos alzadas muestra una actitud de esperanza, de reposo y de rendición a Él (Sal. 130:5-6, Sal. 25:1-5, Job. 11:13-15, Is. 1:15-19).

 

BENEFICIOS DE ALZAR EL ALMA A DIOS

 

1.- Para recibir revelación de su Palabra (Sal. 119:48). La Palabra es más alta que nuestra mente, por lo que para entender sus verdades espirituales hay que humillarse y levantarla por sobre nuestra cabeza en señal de rendición (Neh. 8:2, 5-6, 8, 12).

 

2.- En señal de consagración (Sal. 63:1-8, 18:20-24), el alma es saciada y bendecida por Dios a causa de su separación para Él.

 

3.- Es señal de sumisión Cristo en sus mayores sufrimientos así se sometió a la voluntad de su Padre, siendo obediente hasta la muerte de cruz (Sal. 88:1-9, Mr. 14:36, He. 5:7-9, Fil. 2:8).

 

4.- Para reconocer a Dios en la tribulación, para que el alma se ensanche más (Sal. 139:1-6, 14, 23-24, 26:1-3, 86:1-7, 28:1-2, 31:7, 57:1, 4:1, 5-7).

 

5.- Para recibir dirección de Dios (Sal. 143:6-8, 25:1-5).

 

6.- Para rendirle culto y recibir por ello su bendición (Sal. 134, 84:1-2, 24:3-6, 42:1-2).

 

7.- Palmear para proclamar su majestad. Cuando Cristo vino y entró triunfalmente a Jerusalén, su pueblo se alegró al reconocerle como su Rey  (Zac. 9:9, Mt. 21:4-11) y cumplió lo declarado por David batiendo sus manos ante Él (Sal. 47, 98:4-9), y ante quienes lo proclaman así (Is. 55:12-13).

 

LA OBRA DE NUESTRAS MANOS CONFIRMA

(LAS MANOS PARA IMPARTIR BENDICIÓN)

 

Para poder movernos con seguridad, debemos conocer los límites de autoridad que Dios ha establecido:

 

Todos los creyentes tenemos autoridad espiritual por el sólo hecho de ser hijos de Dios, es un derecho de nacimiento y se incrementa en la medida que se madura (Gá. 4:1-2), que fue el caso los apóstoles que no pudieron echar fuera al demonio del niño lunático, porque no tenían el nivel (Mt. 17:16-21). Se requiere desarrollo mediante el ejercicio de los sentidos espirituales por sobre los naturales (He. 5:14, Ef. 4:17). A más madurez mayor autoridad espiritual.

 

Los ministros pueden ejercer la autoridad delegada para gobierno, que depende de su llamado y de su fidelidad de caminar en él, así como de la impartición de autoridad sobre quienes son ordenados como ancianos de una iglesia local, mediante la imposición de manos de otros ministros (Gá. 1:1, Ef. 4:11, Hch. 16:4, He. 7:7, 17).

 

AUTORIDAD ESPIRITUAL

 

1.- Extender las manos para tomar dominio (Ex. 17:11, Hch. 21:31-40).

 

2.- Usar las manos para bendecir (Lv. 9:22, He. 5:1, 1 P. 2:5). Como los sacerdotes, que primero ministraban delante de Dios y después podían impartir bendición al Pueblo en el nombre de Dios (Ex. 29:9, Lv. 16:32, Dt. 10:8, Nm. 6:22-27, 1 Cr. 23:13). Nosotros, como sacerdotes neotestamentarios, podemos impartir diferentes bendiciones de parte de Dios.

 

3.- Para sanar a los enfermos (Mr. 16:18, Mr. 6:5, Lc. 4:40, Hch. 28:8-9).

 

4.- Para ministrar bautismo con Espíritu Santo (Hch. 9:17), quienes lo tienen (Hch. 8:14-17, Hch. 19:6).

 

AUTORIDAD DELEGADA

 

Además de ejercer los aspectos anteriores, los ministros pueden imponer manos para:

 

1.- Padres para bendecir a sus hijos (Gn. 27:4, 27-30, 48:14-10, 17-20).

 

2.- Ministros para impartir bendiciones especiales en el nombre de Cristo tanto a la iglesia como a los creyentes (He. 7:7):

 

a)     Como Cristo (Lc. 24:50-51, Ap. 1:12-17).

 

b)    Presentar a los infantes (Mt. 19:13-15, Lc. 2:25-34). Esto también podría incluir otras bendiciones especiales, como bendecir a las parejas que se casan (Mt. 19:6-7, 1 Ti. 4:3).

 

3.- Ministros para impartir dones espirituales (2 Ti. 1:6, 1 Ti. 4:14, Ro. 1:11).

 

4.- Ministros para profetizar palabras confirmativas y predictivas (1 Ti. 1:18 con 4:14, Hch. 13:1-3).

 

5.- Ministros para la ordenación de ancianos y diáconos (Nm. 27:18-23, Dt. 34:9, Hch. 6:3-6, 1 Ti. 5:22, Tit. 1:5-6).

VI.  La Resurección de los Muertos

 

INTRODUCCIÓN

 

La palabra hebrea Mowth que se traduce como muerte, significa separación, no extinción o aniquilación, y se refiere por lo tanto, a romper el vínculo con la fuente que da la vida.

 

La palabra resurrección (He. Qûm, Gr. Anastasis), significa volver a la vida, reestablecer o reactivar la relación rota con la fuente de vida.

 

Es la resurrección lo que hace diferente la fe cristiana de las demás religiones, ya que la fe puesta en alguien que murió y no ha resucitado es vana y quien la profesa está en la miseria, pero si hay resurrección de muertos, entonces la fe puesta en Cristo resucitado está viva y es eficaz (1 Co. 15:11-19).

 

LA CONDICIÓN DEL HOMBRE

 

En el Edén Dios prohibió al primer hombre comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn 2:16-17), cuando el hombre desobedeció y comió de él, se cumplió la sentencia de muerte, pues el espíritu del hombre se separó de Dios y el hombre murió espiritualmente (Ro. 6:23, Stg. 1:15). Todo hombre nace muerto espiritualmente porque heredó esta condición de Adán (Ro. 5:12, 3:23, 1 Co. 15:21).

 

Para que pudiera abrirse la resurrección que reestableciera la comunión del hombre con Dios, era necesario que esa sentencia de muerte la recibiera alguien inocente que lo sustituyera. Esa es la razón por la que el Hijo de Dios se hizo hombre, fue tentado en todo según nuestra semejanza y venció toda tentación para mantenerse justo y poder morir en su lugar, purgar su pecado y resucitarlo juntamente con Él (Gá. 4:4-5, He. 4:15, 1 P. 2:24, Jn. 10:17-18, He. 9:27-28), Él tuvo que morir para destruir el poder de la muerte sobre aquellos que creyeran el Él como su sustituto (He. 2:14, Gá. 3:13, 2 Co. 5:21). El agotó todos nuestros pecados en su muerte expiatoria (1 Jn. 2:2, He. 9:28) y al no ser hallado en él pecado propio, instauró la resurrección o nueva vida en Cristo (Hch. 2:24, 32, 2 Ti. 1:10).

 

La resurrección sucede espiritualmente cuando por medio de Cristo, la persona reestablece su comunión con Dios al recibir el perdón de sus pecados, porque su espíritu se une al espíritu de Cristo (Col. 2:12-13, 3:1, Ef. 2:4-6, 1 Co. 6:17). También se conoce como renacer del espíritu o ser regenerado (Jn. 3:3-6, 1 P. 1:3, Tit. 3:5), lo que nos convierte en hijos de Dios, es decir, nos imparte su naturaleza divina, por lo cual quien ha recibido a Cristo ya no se puede morir espiritualmente nunca más (Jn. 1:11-13, 1 Jn. 5:11-13).

 

La base de nuestra fe es la muerte y la resurrección de Jesucristo el Hijo de Dios (1 Co. 15:17, Ro. 4:25, 5:10, Hch. 13:32-34, 17:31, Ro. 1:4).

 

La muerte física del hombre, como la separación de su espíritu y su alma de su cuerpo, fue también consecuencia del pecado (Gn. 3:17-19). Por lo tanto también se requiere de una resurrección física, que sucederá hasta el final, cuando su espíritu, alma y cuerpo se vuelvan a unir, con el propósito de poder experimentar su destino final (1 Co. 15:25-26, 51-57, Ro. 8:19-23, 1 Ts. 4:17-18).

 

Para poder entender esta gran verdad de la Palabra de Dios y conocer a fondo la doctrina Bíblica de la resurrección, es necesario responder a las siguientes siete preguntas:

 

1.- ¿Dónde se muestra la resurrección? 5.- ¿Cómo opera la resurrección?

2.- ¿Por qué medios se muestra la resurrección? 6.- ¿Para qué es la resurrección? Propósito

3.- ¿Qué garantiza la resurrección? 7.- ¿Cuándo se muestra la resurrección? Tiempos

4.- ¿Quién es la resurrección?

1.- ¿DÓNDE SE MUESTRA LA RESURRECCIÓN?

 

El Señor refirió que tanto su muerte como su resurrección estaban declaradas en el Antiguo Testamento, formado por los libros de Moisés, por los profetas y los Salmos (Lc: 24:26-27, 44-46); también en todo el Nuevo Testamento se tienen abundantes referencias y testimonios acerca de la resurrección. Veamos ejemplos:

 

LA LEY (El Pentateuco)

 

Gn. 3:15

Lv. 16:15-22, 32-34

Lv. 23:10-11, 17

Nm. 24:17

 

LOS PROFETAS (mayores y menores)

 

Is. 20:19

Is. 25:8-9

Is. 53:10-12

Jr. 33:14-17

Os. 6:1-3, 13-14

Joel 2:27-28, 32

Jon. 2:1-11

Zac. 2:12-13

Mal. 4:2

 

LOS SALMOS (libros poéticos)

 

Job 19:25-27

Sal. 2:7-8

Sal. 16:8-11

Sal. 85:10-11

Sal. 91:14-16

Sal. 143:11-12

Pr. 8:35-36

Cant. 2:10-13

 

LOS EVANGELIOS (predicación de Jesús)

 

Mt. 16:21, 17:22-23, 20:18-19, 27:63-65

Mr. 9:9, 10:33-34, 16:14

Lc. 9:22, 13:32-35, 18:31-33, 22:15-16, 37, 24:45-46

Jn. 2:19-22, 10:17-18, 18:35-37, 20:30-31

 

LOS HECHOS (por los discípulos)

 

Hch. 1:2-3, 2:31-33,36, 3:14-16, 26, 4:10-12, 33, 5:30-32, 9:11, 21-22

Hch 7:52-56 por Esteban

Hch. 8:35-36 por Felipe

Hch. 10:39-43, 13:28-35, 14:15, 17:2-3, 18-20, 30-32, 23:6, 24:14-16, 25:19

Hch. 26:6-15, 22-23.

 

DOCTRINA DE PABLO

 

CARTAS A SIETE IGLESIAS GENTILES

 

1.- A LOS ROMANOS. Tema central: Justificación. Énfasis: en la Palabra de Dios

Ro. 1:3-4, 17

Ro. 4:17-25

Ro. 5:1-10

Ro. 6:3-11

 

2.- A LOS CORINTIOS. Tema central: Santificación. Énfasis: Relación con el mundo.

 

1 Co. 1:5-10

1 Co. 4:16-18

1 Co. 5:1-9, 14-15

1 Co. 13:4-6

1 Co. 15:3-10, 40-44, 50-58

 

3.- A LOS GÁLATAS. Tema central: Restauración (sanidad). Énfasis: Autoridad.

 

Gá. 2:20-21

Gá. 3:1, 26-29

Gá. 4:6-11

 

4.- A LOS EFESIOS.  Tema central: Seguridad en Cristo (Salud). Énfasis: Tratos personales.

 

Ef. 1:3, 19-23

Ef. 2:5-7

Ef. 4:9-10

 

5.- A LOS FILIPENSES. Tema central: Reposo. Énfasis: Plan de Dios.

 

Fil. 3:7-15, 20-21

 

6.- A LOS COLOSENSES. Tema central: Vida abundante. Énfasis: Dios mismo.

 

Col. 1:4-5, 10, 27

Col. 2:12-13

Col. 3:1-4

 

7.- A LOS TESALONISENSES. Tema central: Tiempo del fin. Énfasis: Gloria de Dios.

 

1 Ts. 1:9-10

1 Ts. 2:19-20

1 Ts. 3:13

2 Ts. 1:7-10

2 Ts. 2:14.

 

CARTAS PASTORALES

 

1 Ti. 4:8-10

2 Ti. 2:8-11

Tit. 2:13-14

File. 25

 

A LOS HEBREOS

 

He. 3:1-4, 8, 13

He. 2: 9-10, 15

He. 7:23-25

He. 9:28

He. 10:25, 34-35

He. 11:35

He. 13:21

 

CARTAS DE LOS APÓSTOLES HEBREOS

 

Stg. 1:12, 18

Stg. 5:8

1 P. 1:3-4, 7, 21

1 P. 3:18, 21-22

2 P. 1:11, 14-15, 16-18

2 P. 3:4-14

1 Jn. 1:1

1 Jn. 2:1, 17, 25, 28

1 Jn. 3:2-3

2 Jn. 1:3, 7, 10

Jd. 1:14-15, 21, 24-25

 

APOCALIPSIS

 

Ap. 1:4-7, 18

Ap. 5:12-13

Ap. 11:18

Ap. 19:5-8

Ap. 20:4-6

Ap. 21:2-4, 9-11

Ap. 22:5, 12, 17, 21

 

Como hemos visto, es una doctrina muy amplia e importante, que todo cristiano debe conocer para tener seguridad.

 

 

2.-. ¿POR QUÉ MEDIOS SE MANIFIESTA LA RESURRECCIÓN? 

 

La resurrección  de Cristo fue atestiguada por personas que Dios escogió, para dejar constancia o pruebas de su realidad (Hch. 10:39-41). En cada ocasión que Él apareció después de su resurrección, deshizo las obras del diablo en ellos (1 Jn. 3:8). Del mismo modo, la resurrección de Cristo es la clave de victoria para nosotros. Cuando el diablo trate de estorbar nuestro caminar con esos mismos problemas, propios de la naturaleza humana, también podremos echar mano del poder de la resurrección de Cristo Jesús nuestro Señor.

 

  1. María Magdalena (Jn. 20:13-17). Cristo se le apareció para liberarla del quebrantamiento de corazón (Mr. 16:9-11).

 

  1. Varias mujeres (Mt. 28:8-10), Cristo les apareció para quitar su profunda tristeza (Lc. 24:1-10, Mr. 16:1).

 

  1. Pedro (Mr. 16:7, 1 Co. 15:5, Lc. 24:12, 34), un ángel le mandó avisar por medio de las mujeres que fueron al sepulcro, porque a causa de las veces que le negó antes de que el gallo cantara, él tenía mucha condenación.

 

  1. Caminantes de Emmaus (Lc. 24:13-35), se les apareció y les ministró con las Escrituras para deshacer su confusión mental.

 

  1. A 10 apóstoles (Lc. 24:36-43, Jn. 20:19-23), el Señor les ministró paz para liberarlos del miedo que sentían de quienes lo habían crucificado.

 

  1. A más de 500 hermanos (1 Co. 15:4-6), para romper su escepticismo y acreditar su resurrección a todos (Hch. 1:3-4), y les mandó esperar el cumplimiento de la promesa de bautizarlos con el Espíritu Santo, quien fue enviado como testigo de la resurrección y para volver a cada creyente un testigo más (Hch. 1:8, 5:32).

 

  1. A Santiago, el hermano del Señor (1 Co. 15:7). Su hermano lo conoció bien en la carne, pero no creía en quien era Él (Jn. 7:5). Cristo se le apareció para revelarle que era el Hijo de Dios, rompiendo su limitación intelectual mediante el poder de la resurrección. Santiago llegó a ser pastor de la iglesia de Jerusalén (Hch. 12:17, 15:13) y posteriormente ejerció el apostolado (Gá. 1:19, Stg. 1:1, 4:6-7). Indudablemente esa aparición marcó su vida y ministerio (Stg. 2:19-20).

 

  1. A Tomás (Jn. 20:24-29). Se apareció entre los apóstoles cuando estaba presente Tomás, pues era atormentado por la duda (incredulidad), misma que Cristo rompió para siempre en él. Creer sin requerir ver pruebas físicas es una bienaventuranza.

 

  1. A 7 discípulos (Pedro, Tomás, Natanael, Juan, Jacobo y dos discípulos más (Jn. 21:1-14), para sanar su profundo desánimo, pues habían vuelto a su vida vieja y necesitaban hacer nuevos votos. La manera de hacerlo, es repetir el milagro que hizo cuando los llamó a pescar hombres y dejar sus redes y barcas (Mt. 4:18-22, Lc. 5:1-11), para mostrarles que su llamamiento y sus dones son sin arrepentimiento (Ro. 11:29). En esa aparición sacaron 153 grandes peces, después que durante la noche no habían encontrado ni un charal. Entre ellos estaba Natanael, quien era un hombre veraz (Jn. 1:45-51), que formó equipo con sus amigos los apóstoles, y se fue con ellos arrastrado por su desánimo.

 

  1. A los 11 apóstoles en Galilea (Mr. 14:27-28), no era la primera vez que se les aparecía, en las ocasiones anteriores les había liberado de diferentes obras del diablo, pero en esta ocasión ellos habían sido citados por el Señor para un propósito especial (Mt. 26:31-33, 28:7, Hch. 13:31), su muerte los había escandalizado (decepcionado) y necesitaban recibir una visión espiritual que los sanara del escándalo, de lo contrario se dispersarían. Ser escandalizado significa perder el coraje y los valores del alma, por causa de algo contrario a lo que esperaban, por ejemplo, ser defraudados por alguien en quien confiaban. Cristo es piedra de tropiezo y de escándalo para los que no comprenden la razón de su encarnación y por lo tanto desobedecen (1 P. 2:8). El poder de su resurrección era lo único que podía liberarlos de esos sentimientos tan negativos. El diablo sigue haciendo que la cruz de Cristo siga siendo escándalo a muchos (1 Co. 1:23), que requieren una revelación fresca de su resurrección para sanar.

 

  1. A los discípulos en Bethania (Lc. 24:45-53, Hch. 1:4-12). Era para el Señor un lugar muy especial, el monte la Las Olivas era un lugar predilecto para orar a su Padre (Lc. 21:37-38, 22:39-41, Mr. 14:25-26, Jn. 18:1-2); sus amigos vivían en Bethania (Mt. 21:16-17); de allí era el burrito que lo llevó a Jerusalén como su Rey (Mr. 11:1-3); fue allí que recibió la doble unción para su sepultura (Mt. 26:6-13, Jn. 11:2, 12:1-3).

 

Es por eso que escogió este lugar para aparecérseles, el diablo los quería separados unos de otros, pero Cristo los unió mediante su resurrección, porque quería darles una identidad, para que se sintieran parte de algo especial. Dios quiere que todo creyente tenga identidad, que se sienta parte de la iglesia de Cristo en su localidad, que se pueda integrar a ella, plenamente identificado con su causa y dispuesto a luchar con todo su corazón por ella (Ro. 14:7-9, 2 Ti. 1:12).

 

  1. Finalmente y como una doble porción, el Señor se apareció a dos de sus discípulos que quedaron unidos por una experiencia difícil: Esteban y Pablo: el peligro de muerte.

 

Esteban fue un hombre totalmente entregado a su Señor, fue el primer mártir del cristianismo (Hch. 6:8-15, 7:54-60), a quien se le concedió, justo antes de morir, ver a su Cristo ya sentado a la diestra del Padre en su gloria y testificarlo ante sus verdugos.

 

Saulo fue testigo y quien avaló esa lapidación (Hech. 8:1-3), que lo marcó para cuando él mismo tendría su visión celestial de Cristo (Hch. 9:1-8, 15-16), entonces comprendió que fue contra Cristo tal aprobación y pudo sentir la omnipotencia del Señor resucitado y su propia pequeñez (1 Co. 15:8-9), que lo hizo considerarse el más pequeño de todos los creyentes, indigno de ser llamado apóstol y se sintió como un abortivo (1 Ti. 1:16).

 

Pablo, como Esteban, sería apedreado y también daría su vida por su amado Señor, quien lo levantó de la muerte varias veces para proseguir con su encomienda hasta terminar (Hch. 14:29-30, 2 Co. 6:4-10, 11:22-29, Fil. 2:17-18).

 

Dios con sus respectivas apariciones marcó a ambos como parte de su remanente, formado por todos aquellos que han centrado sus vidas en el Cristo resucitado, que saben que regresará muy pronto por su iglesia de vencedores, formada por todos sus seguidores que con fervor y fidelidad le siguen sin condiciones ni reservas, que no temen a la muerte, porque han tenido la visión y la experiencia de la resurrección de su Señor (Ro. 8:35-39, Fil. 1:20-21, 2:17, 2 Co. 1:7-10), y que esperan que Él regrese por ellos en cualquier momento (1 Ts. 4:17).

 

 

3.- ¿QUÉ GARANTIZA LA RESURRECCIÓN?

 

Cuando el Señor resucitó pudo entregar a su iglesia y a cada creyente, su armadura para caminar en victoria, esto nos habla de dos cosas: La autoridad de la resurrección para vencer al enemigo, y la protección de la resurrección para estar seguros y nunca ser intimidados (Ef. 6:10-18). Es el poder de su fortaleza para enfrentar, vencer y permanecer siempre firmes, después de haber acabado con el enemigo y sus huestes infernales.

 

De las siete armas referidas por el apóstol Pablo, seis son defensivas o de protección y sólo una es ofensiva o de ataque, pero suficiente para vencer a cualquier enemigo de Dios. Veamos brevemente su uso, antes de considerar cómo es que mediante su resurrección, el Señor equipo a los creyentes con estas poderosas armas espirituales:

 

  • El cinto de la verdad.- Nos habla de cómo los principios y maneras establecidos en su Palabra, nos permiten concentrar el poder de la verdad para ser efectivos durante toda la batalla, como un cinturón en el vientre de un guerrero, que lo guarda de hernias y le permite concentrar toda su fuerza (Jn. 8:32,. 2 Co. 13:8).

 

  • La coraza de justicia.- Protección para el pecho y en especial para el corazón del guerrero. Era una plancha de bronce o de acero que cubría desde el cuello hasta la cintura, prefigurando la protección que da la obra consumada de Cristo en el Calvario, con la cual nos justificó, dándonos completa seguridad contra la condenación que atenta contra la vida (Ro. 8:1, 31-34) y además, al liberarnos de ella, nos vuelve servidores de justicia (1 Jn. 4:17-18, Ro. 6:18, 22).

 

  • El calzado del apresto del evangelio de la paz.- Protección para los pies, para seguridad al caminar, apoyando bien los pies, firmes sobre cada punto de la Gran Comisión. Apresto o diligencia es la clave, para obedecer y nunca salirnos de la paz del evangelio (Ro. 12:11).

 

  • El escudo de la fe.- Otra arma de protección, sobre todo de aquellos ataques con las flechas encendidas del maligno, que son pensamientos y cuestiones que pretenden hacernos dudar de Dios (Job 5:19-21, 1 Jn. 5:4-5).

 

  • El yelmo de la salvación.- Un casco de bronce o acero que protegía la cabeza, centro de control de todo el cuerpo. Dios quiere que no perdamos la esperanza y nos mantengamos serenos y en control aún en lo más duro del combate (Is. 30:15), este yelmo prefigura la esperanza de salvación que es viva en cada creyente y le asegura la victoria y un futuro glorioso con su Señor (1 Ts. 5:8-9).

 

  • La espada del Espíritu.- La única pero efectiva arma ofensiva del guerrero de Dios. La lanza y las flechas son opciones paras la pelea a distancia, pero la espada es para pelear cuerpo a cuerpo. Esta espada es la Palabra de Dios, que ya protege nuestro vientre con su verdad, nuestros pies con el evangelio de la paz, y también nos permite vencer al enemigo con sus dos filos agudos (He. 4:12, Ro. 12:21), como Cristo en su tentación (Mt. 4:4, 7, 10). No olvidar que es del Espíritu la espada, para depender de Él y asegurar la victoria (Lc. 12:11-12).

 

  • Orando en el Espíritu en todo tiempo.- Manteniendo la buena condición espiritual. La misma unción poderosa que reposó sobre Cristo en su ministerio terrenal, nos fue dejada cuando el resucitó y fue exaltado (Jn. 7:37-39, Hch. 2:32-33). Como el gimnasio que da al guerrero el entrenamiento y lo mantiene en buena condición física, Dios tiene para el cristiano su gimnasio que es la oración en el Espíritu, tanto en el entendimiento como en otras lenguas, que mantengan la unción poderosa sobre cada guerrero de Dios (Ef. 6:18, 1 Co. 14:14-15, Ro. 8:26-27, Ro. 12:2).

 

La conquista de la tierra de Canaán consistió en vencer a las siete naciones que habitaban en ella. Del mismo modo, el Nuevo Testamento nos refiere siete espíritus que el diablo ha lanzado contra la iglesia, para usurpar su herencia, por lo que las siete armas de la armadura de Dios, son las que nos garantizarán la victoria. Para mayores detalles, ver el manual de doctrina de Las Siete Verdades Clave, en especial la doctrina “Las Verdades de Dominio”.

 

Veamos ahora cómo, cuando Cristo resucitado se apareció a diferentes personas, los fue equipando con cada una de estas siete armas, mediante su resurrección, porque la resurrección garantiza la victoria total.

 

  1. A María Magdalena y las otras mujeres que fueron al sepulcro (Jn. 20:17, Lc. 24:9-11).- Ellas recibieron del Señor las Sandalias del apresto del evangelio de la paz, cuando les envió a decir a sus discípulos que Él había resucitado. Ellas obedecieron de inmediato, haciendo puntualmente lo que les pidió, aunque los discípulos no les creyeron (Mt. 28:8-10, 2 Co. 2:9, 7:14-16).

 

  1. A los caminantes de Emmaus (Lc. 24:13-16, 21, 25-26).- Le puso sobre su cabeza el yelmo de la salvación, para cubrir su mente y guardarlos en esperanza (Sal. 140:7,  1 Ts. 5:8). Es el reposo o serenidad necesarios para mantener el control o dominio en cualquier situación (Is. 26:12).

 

  1. A los apóstoles (Lc. 24:45-46).- El Señor resucitado ciñó con el cinto de la verdad, los lomos de su entendimiento, que les recuperó el dominio propio o templanza (1 P. 1:13, Is. 11:5).

 

  1. A Tomás (Jn. 20:24-31).- Le entregó el escudo de la fe para que fuera fiel. El quería evidencias visibles de su muerte, y Cristo se las dio, pero además le dio fe para que nunca más requiriera moverse por vista (2 Co. 5:7). Dios nos quiere como a los héroes de la fe de Hebreos 11, osados, dispuestos, seguros de la victoria (Fil. 1:27-30). Jonatán tuvo esa experiencia de fe (1 Sm. 14:6-15).

 

  1. A Pedro y sus seis compañero de pesca (Jn. 21:1-14).- A ellos les dio la cota de justicia, la cual se recibe por fe y amor y no por méritos propios (1 Ts. 5:8). 153 grandes peces les demostraron que el poder de la resurrección podría sustentar su vida si ellos le servían de corazón (Dt. 11:13-14, 2 Ts. 3:3-5). Eso es lo que significa buscar primero su reino y su justicia y él se encargará de suplir todas las necesidades temporales (Mt. 6:31-34).

 

  1. A Esteban y a Pablo (Hch. 7:52-60, Hch. 9:4-7).- Les dio la espada del Espíritu de dos filos. El filo del Logos ungido fue dado a Esteban y el filo del Rhema ungido a Pablo, que es la lengua del Señor resucitado (Ap. 1:16, 19:15).

 

Cuando Dios habla de la palabra que sale de su boca, que sirve como semilla para el que siembra y pan para el que come (Is. 55:10-11), nos muestra que la semilla es figura de la palabra Logos, que permite volver a sembrar mediante dar el conocimiento de Cristo como Salvador (1 P. 1:23-25, Jn. 1:1). El pan para el que come es figura de la palabra Rhema, que es la misma semilla, pero que es molida, amasada con aceite y agua y cocida al fuego, para poder alimentar al que lo come y se hace parte de él (Hch. 13:6-12, Hch. 14:8-10).

 

  1. A todos los discípulos (Lc. 24:48-53, Hch. 1:4-8).- Les dio el arma secreta de la oración en el Espíritu para que en todo tiempo estuvieran apercibidos y el enemigo nunca los pudiera tomar desprevenidos (Hch. 1:8, 2:4, 1 Co. 14:2, 14, Ef. 6:13, 18-20).

 

 

4.- ¿QUIÉN ES LA RESURRECCIÓN?

 

El mismo Señor declaró que Él era la resurrección y la vida, cuando iba a resucitar a Lázaro (Jn. 11:25). Dios quiere que conozcamos a Cristo y el poder de su resurrección (Fil. 3:10). Como Moisés anheló conocerle y le conoció (Ex. 33:13-14, He. 11:26-28). Conocer a Cristo y el poder de su resurrección nos introduce a la vida abundante y sobrenatural. Cuando una abeja sale de su celda ya es adulta, así es Cristo cuando le dejamos manifestarse en nuestra alma. Hay siete principios que liberarán en cada creyente el poder de la vida resucitada de Cristo, que Dios nos muestra mediante la resurrección de Lázaro, que recordaremos más fácilmente como las siete “R” de la resurrección:

 

  1. Rhema (Jn. 11:1-4).- Cuando Cristo recibe la noticia de la enfermedad de Lázaro Él declara: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios”. Días antes, después que sanó a un paralítico, había declarado que antes de hacer algo, el Padre se lo mostraba, y que sabía que le mostraría cuando alguien iba a resucitar, para entonces hacerlo, porque él nada podía hacer por sí mismo (Jn. 5:19-21). Todas las palabras que Cristo habló venían del Padre y las decía como el Padre las diría (Jn. 12: 49-50). Una rhema es una palabra de las Escrituras vivificada por la potencia de Dios para un cumplimiento inmediato (Mr. 12:24). Nunca olvidemos que la fe viene por el oír y el oír por una rhema de Dios ((Ro. 10:17).

 

  1. Reposo de fe (Jn. 11:5-6).- Cristo no se movió bajo la presión de la necesidad ni por las circunstancias, sino por una Rhema de Dios que le garantizaba que las cosas serían así, por lo tanto reposó por dos días más, se replegó a su espíritu en fe y se sustrajo de las presiones externas para estar en comunión con su Padre y moverse juntamente con Él (Jn. 5:17). Este reposo es difícil para la carne, pero necesario para liberar el poder de la resurrección. Cuando finalmente el salió para Betania ya sabía lo que iba a suceder (Jn. 4:34-35). Aprender a esperar en Dios es necesario para sincronizarse con el tiempo de Dios, que es diferente al tiempo del hombre (Jn. 9:4). Si no reposamos en fe, a veces nos anticiparemos a Dios y no pasará lo que Dios quiere, otras veces dejaremos pasar la oportunidad, pero si reposamos, estaremos en el lugar exacto, en el tiempo correcto y entonces veremos las obras de Dios (Jn. 11:15).

 

  1. Reacciones correctas (Jn. 11:7-10).- Jerusalén y sus alrededores era peligroso para el Señor porque sus enemigos se habían propuesto matarle (Lc. 13:31-33), pero Él tenía que regresar para hacer la voluntad de Dios juntamente con Él. Un creyente que ha experimentado el poder de la resurrección es alguien que está dispuesto a correr riesgos para actuar con Dios, sabe que requiere disposición y valor. Ser dóciles a Dios nos permitirá tener las reacciones correctas, de lo contrario desertaremos de su voluntad y no veremos las maravillas de su poder.

 

  1. Revelación de quién es Cristo (Jn. 11:17-27).- La muerte es un enemigo superior a la capacidad del hombre, es un obstáculo infranqueable, pero Cristo se reveló como el: “Yo soy la resurrección y la vida”, superior a la muerte. Sin esa revelación todo se puede frustrar, pero al recibir la revelación de quien es Él, como Marta, podremos confiar en Él y tener expectación por lo que parece imposible (Sal. 16:5, 8-11). Esa revelación es la clave que nos dispone para el milagro que Dios quiere y puede hacer. Por esa verdad es que Moisés pastoreó al pueblo de Dios por el desierto (Nm. 10:35), por lo mismo David pudo enfrentar a Goliat, y Pablo pudo subir a Jerusalén al encuentro de la voluntad de Dios para él (Hch. 20:24).

 

  1. Respuesta de la fe: Diligencia (Jn. 11:28-30).- Al parecer Cristo había llegado tarde, ya que caso tenía, pero de todos modos ella acudió a su llamado de inmediato. Qué importante es la diligencia, esa disponibilidad inmediata (Ro. 12:11), es diferente a prisa carnal. Cuando Abraham fue probado y Dios le pidió matara a su hijo único y amado, él tuvo la respuesta de fe que Dios esperaba, pues madrugó para obedecer (Gn. 22:1-3). Ser oportuno es moverse con Dios precisamente cuando Dios te lo indica, no antes ni después, eso liberará la gracia de Dios en tu situación particular que obrará el milagro que está en la voluntad de Dios.

 

  1. Realidad de la necesidad (Jn. 11:11-14, 33-36, 38).- La realidad era que Lázaro ya había muerto, había sido sepultado y su cuerpo estaba en proceso de descomposición. Parecía terrible, ver el dolor de sus amigos le afectó, no pudo evitarlo y lloró, porque los amaba y también le dolía lo que había pasado. No negó lo que había pasado, era necesario enfrentarlo confesando la resurrección. Si estás enfermo no se trata de negarlo sino de enfrentar esa realidad con la sanidad que también Dios te ha dado. El pecado es real, por eso existe el perdón que le costó la vida a nuestro Señor y debes recibirlo de Dios. En cualquier necesidad que tengas, reconoce que es real, pero además reconoce que la resurrección de Cristo es real y libera el poder de Dios.

 

  1. Realidad de la experiencia (Jn. 11:39-45).- Liberar el poder milagroso de la resurrección es la voluntad de Dios, hay cuatro aspectos que es necesario romper:

 

    • Romper todo bloqueo mental (Jn. 11:39-40).- “Quitad la piedra”. La gran roca que cubría la tumba prefigura la incredulidad, debido al proceso mental derivado de las circunstancias: después de 4 días el cuerpo ya hedía y no era lo lógico, parecía absurdo; pero hay que quitar esa piedra como ellos lo hicieron, tan sólo porque Jesús se los pidió (Stg. 1:6-7). Dios jamás te defraudará si confías en Él, sin peros, actúa en su Nombre.

 

    • Romper todo bloqueo emocional (Jn. 11:41-42).- Jesús estaba ligado emocionalmente con sus amigos y su tristeza le afectaba, por eso lloró, pero tuvo que sobreponerse para romper ese bloqueo emocional, así que alzó sus ojos al cielo y dio gracias a su Padre. Despréndete de aquellas emociones que te puedan bloquear, alza tus ojos al cielo y da gracias a Dios por la rhema que recibiste y confiesa que Dios te ha oído y te ha respondido (Col. 2:6-7). Dar gracias alinea tus emociones con la voluntad de Dios.

 

    • Romper toda imposibilidad (Jn. 11:43).- “¡Lázaro, ven fuera!”. Confiesa que las cosas son como Dios lo dijo y no como se ven, por imposible que parezca, declara en tu situación lo mismo que Dios dice (Ro. 14:17, 10:8-10, 2 Co. 4:13-14), hazlo consciente de la resurrección de Cristo.

 

    • Romper toda atadura (Jn. 11:44-45).- “Desatadle y dejadle ir”, dijo Jesús a  quienes removieron la piedra, Lazaro ya había resucitado pero seguía atado con los vendajes, así que requería que se quitara todo lo que le impedía caminar con libertad. Cuando Dios ya ha obrado el poder milagroso de su resurrección en tu caso, es importante tomar conciencia de que las cosas no pueden seguir igual que antes, el milagro debe cambiar el curso de las cosas, romper viejos hábitos y cualquier otra cosa que impida moverse en el nuevo nivel que se te abrió con el poder de Dios.

 

 

5.- ¿CÓMO OPERA LA RESURRECCIÓN?

 

Es muy importante que cada creyente conozca y aprecie los recursos que Dios le ha dado con su resurrección, porque el mismo poder de su vida resucitada está a su disposición para llegar a ser más que vencedores en Él. Todo el poder que operó en la resurrección de Cristo debe operar en cada creyente para que alcance la perfección que Dios anhela en él (Ef. 1:16-23, 4:10-13).

 

Si la PERFECCIÓN es su voluntad, veamos como opera la resurrección para que cada creyente pueda llegar a esa meta, estudiaremos algunas preposiciones que relacionan a Cristo con el creyente, y para recordarlo con mayor facilidad, le llamaremos: las 7 “P” para perfección, que Cristo Jesús nos entregó al resucitar:

 

  1. Posición (Ef. 1:18-20).- Cuando Cristo resucitó tomó una posición que es sobre todos los cielos a la diestra de su Padre, Él está sentado en su trono sobre todas las cosas para que pueda cumplir todo lo que quiere (Ef. 4:10). Al creer en Él y saber que murió y resucitó es que recibimos la salvación (Ro. 10:9), eso nos da la misma posición espiritual que Él tiene (Ef. 2:6-7, 10). Ahora estamos nosotros en Cristo, por eso recibimos toda bendición espiritual en los cielos (Ef. 1:3). Debemos estar conscientes continuamente de nuestra posición en Cristo, que es celestial por sobre todas las cosas (Col. 2:10, 3:1-3, 2 Co. 5:17). Es energía pura del cielo, como la energía potencial lista para fluir cuando se presente la ocasión, pues depende de lo elevado que  este la fuente respecto a las cosas de la tierra, que es donde será liberada.

 

  1. Práctica ((Jn. 1:12).- El nuevo nacimiento consiste en que Cristo entre a nuestro corazón, a nuestro espíritu y nos hagamos un espíritu con él (1 Co. 6:17). Cristo en nosotros es una realidad que va a afectar nuestra vida práctica, porque Él vive en nosotros, nosotros vivimos en su fe (Gá. 2:20), esa es la verdadera vida en el Espíritu, dejarlo vivir en nosotros (Ro. 8:10). Si nos mantenemos en esa novedad de la vida espiritual no podemos pecar (1 Jn. 3:9), y entonces que no hay ninguna condenación, porque en el espíritu no se falla (Ro. 8:1). Todos los creyentes tenemos este vida espiritual, pero no todos la ejercen caminando en el espíritu (Gá. 5:16, 25). Disfruta el hecho de que Cristo está en ti y vive esa realidad práctica (Fil. 3:3, Ro. 1:9, 2 Co. 10:2). Esta es la manera de experimentar la energía cinética de la resurrección, dejar a Cristo vivir en nosotros y afectar nuestra manera de vivir.

 

  1. Principios de vida (Jn. 10:10).- Vida abundante que sólo puede ser liberada mediante el estar dispuestos a experimentar sus principios de vida, que son tres: muerte a uno mismo (Jn. 12:24), sepultura del “Yo”  y la resurrección que libere la vida sobrenatural del Cristo resucitado. La diferencia entre u cristiano nominal y uno fructífero no es por el despliegue de sus habilidades naturales, sino por la manifestación de la gracia de Dios en él. Es crucial comprender para experimentar lo que significa lo que es Cristo por nosotros (Gá. 5:24, Ro. 14:7-9). Si vivimos sólo para Él experimentaremos su fluir por nosotros (2 Co. 5:14-15). Estos principios abren la válvula de la vida abundante y sobrenatural de su vida resucitada (2 Co. 4:10-12).

 

  1. Pacto nuevo (He. 13:20).- La ley tenía muchas bendiciones para los que la cumplieran, era un pacto condicionado a nuestras obras; pero por medio del sacrificio de Cristo, Dios estableció un nuevo pacto en su Sangre, para darnos todo por gracia mediante la fe (Ro.4:16). El nuevo pacto nos muestra lo que es Cristo para nosotros (He. 9:15-18, 1 Co. 3:21-23). Para eso está a la diestra del Padre, para garantizarnos que todo lo ganó para nosotros y lo podemos disfrutar y con ello a Él (Ef. 2:18, He. 7:24-26, 10:19-23).

 

  1. Poder (Ef. 1:21-23).- El mismo poder de su resurrección se libera cuando le reconocemos como cabeza de la iglesia y nos sometemos para alcanzar su plenitud (Col. 1:17-19). Esto es Cristo sobre nosotros, que en manera práctica significa que debemos integrarnos a una iglesia local e interdepender de todos sus miembros (Ef. 4:10-15). El cuerpo crece por acción de la cabeza y de ello depende alcanzar la plenitud (Col. 2:18-19, Col 1:28-29). Si nos sometemos a Él, tenemos garantizada la perfección y seremos parte de la iglesia gloriosa que se casará con Él (Ef. 5:25-27).

 

  1. Persona (Fil. 3:10-14).- Conocerle a Él y el poder de su resurrección debe ser el anhelo de todo creyente que quiere ser un vencedor, porque Él es la resurrección en persona (Jn. 11:25). Cristo dentro de nosotros es su misma vida resucitada llenándonos (Ef. 3:16-17, JN. 14:23). La madurez espiritual no es otra cosa que la manifestación del Cristo que está dentro de nosotros (Ro. 8:9, 29, 2 Co. 3:17-18). Andar en el Espíritu donde Cristo es perfecto nos perfecciona y el alma fructifica mostrando como fruto del Espíritu en ella el carácter de Cristo (Gá. 5:22-23, Fil. 1:11).

 

  1. Presencia (Mt. 28:20).- Él ahora está espiritualmente con nosotros, pero prometió volver físicamente para llevarnos con Él (2 Co. 4:14). Esto mostrará la plenitud de lo que es Cristo con nosotros. Para movernos hoy con Él ejercemos la fe (2 Co. 5:6-9). Al morir, nuestra alma irá directo a su presencia y reposará con perfecta paz (Fil. 1:23). Pero cuando Él venga y seamos transformados o resucitemos para vida, porque el Espíritu de Cristo mora en nosotros (Ro. 8:11), todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, resucitará para disfrutar de su real presencia física con nosotros, cuando todo nuestro ser se encuentre irreprensible y seamos Perfectos como Él se lo propuso (He. 9:27-28, Fil. 3:20-21, 1 Co. 15:51-58, 1 Ts. 4:15 a 5:1, 1 Ts. 5:23-24).

 

 

6.- ¿PARA QUÉ ES LA RESURRECCIÓN?

 

El propósito triple de la iglesia sólo va a ser alcanzado mediante el poder de la resurrección: El propósito de Propagación es la manera en que la iglesia se reproduce extendiendo el Reino de Dios al ganar más personas para la Salvación (Mr. 16:15-16). El propósito de Habitación es la manera en que la iglesia se constituye en la morada de Dios en esta tierra (Ef. 2:20-22). Y el propósito de Revelación es el tercer propósito de la iglesia, pues es a ella que Él se revela y en ella que Dios es conocido (Ef. 3:9-11).

 

Para alcanzar el propósito de Propagación, estudiaremos doce ocasiones que es mencionada la resurrección en la epístola a los Romanos, que nos enseña un modelo para lograr reproducirnos espiritualmente mediante la resurrección.

 

Para que se efectúe el propósito de Habitación, estudiaremos el Tabernáculo y sus muebles, ya que es una figura de la iglesia como lugar de morada de Dios.

 

Y para cumplir el propósito de Revelación, veremos en la vida de Cristo los diferentes ciclos en que pasó por el proceso de muerte, sepultura y resurrección, ya que esa fue la clave de su progreso, y como discípulos, de esa manera aprenderemos a profundizar cada vez más en su conocimiento.

 

6.A. PARA PROPAGACIÓN

 

  1. Ser hijos por su resurrección (Ro. 1:3-4).- Jesús fue declarado Hijo de Dios con potencia por medio de su resurrección. La resurrección cumplió la profecía de haber sido engendrado como Hijo de Dios (Sal. 2:7, Hch. 13:33-35), es decir, mediante la resurrección Cristo fue hecho el primogénito entre muchos hermanos (He. 2:10-13, Ro. 8:29). Ahora nosotros al creer en Cristo somos también engendrados de Dios y recibimos su naturaleza divina (Stg. 1:18, Jn. 1:12-13, 1 Jn. 3:1, Ro. 9:8). Esto también se conoce como regeneración o nuevo nacimiento (1 P. 1:3, Jn. 3:6-8). Dios quiere tener muchos hijos.

 

  1. Ser Justificados por su resurrección (Jn. 4:25 a 5:1-2).- La resurrección es la evidencia de que el sacrificio fue perfecto porque satisfizo las demandas de la justicia divina, de otra manera él no hubiera resucitado (1 Co. 15:14). Cuando nacemos lo hacemos ya condenados porque en Adán todos morimos, pero del mismo modo, mediante Cristo recibimos la abundancia de su gracia mediante la Justificación de vida, que es nuestra en el Cristo resucitado (Ro. 5:17-18, Gá. 2:16). Dios quiere seguridad para sus hijos.

 

  1. Ser Santificados por su resurrección (Ro. 6:4).- Una nueva manera de vivir que consiste en vivir para Él y no más para nosotros mismos (2 Co. 7:1). En la medida en que nos disponemos para Él, Él va siendo formado en nuestra alma de modo que va adquiriendo su semejanza, es decir, cada día más nos parecemos a Él (Ro. 8:29, 2 Co. 3:18). Dios quiere que sus hijos crezcan.

 

  1. Identificados con su resurrección (Ro. 6:5-6).- Juntamente con Él, tanto en su muerte por nosotros como en su resurrección. Recibimos junto con nuestra salvación una identidad porque es mediante su resurrección que fuimos unidos a un mismo destino juntamente con Cristo (Ro. 1:12, 8:17, EF. 2:5-7, Col. 2:12-13). Es ponernos la camiseta, sentirnos honrados por el privilegio que se nos concedió en Cristo, es hacer propia su causa para servirle con dignidad (1 Ts. 2:12, Ef. 4:1, Col. 1:10). Dios quiere que sus hijos se sepan dignos.

 

  1. Convencidos por su resurrección (Ro. 6:8).- La resurrección es el argumento más convincente de la obra de Dios, estamos seguros que viviremos con Él, plenamente convencidos que si resucitó, todo lo puede hacer, porque sabemos en quien hemos creído y de lo que es capaz, garantizando nuestra propia resurrección (Ro. 4:21, 2 Ti. 1:12). Dios nos quiere bajo convicción para convencer a quienes duden.

 

  1. Liberados por su resurrección (Ro. 6:9).- No tenemos otro Señor que Él, que nos liberó del señorío del pecado, de la muerte y del diablo (Ro. 8:2, 6:14, Gá. 1:4-5, Col. 1:13). Libres de toda otra servidumbre (Gá. 2:4-5, 5:1, Jn. 8:36), para ser siervos suyos bajo su Señorío (Gá. 5:13, 1 Co. 8:9, Ro. 6:16-22, He. 9:14). Dios quiere hijos que le sirvan.

 

  1. En comunión por su resurrección (Ro. 6:10).- Vivir a Dios es una relación con Él personal e íntima. Al celebrar la Cena del Señor, recordamos su muerte hasta que Él venga, es decir, su muerte, resurrección, exaltación y retorno para llevarnos con Él, Este memorial nos une con Él y entre nosotros porque resucitó, está vivo (1 Co. 11:26, 10:16-17). Libre acceso a la presencia de Dios porque su muerte fue un sacrificio perfecto y porque está vivo para ser el puente o pontífice que nos consagró el camino, para mantener una comunión inquebrantable con Él y entre nosotros, para congregarnos y provocarnos al amor y a las buenas obras (He. 10:19-25). Dios quiere intimidad con sus hijos.

 

  1. Confesión de su resurrección (Ro. 6:11).- Primero es pensar para luego hablar (He. 12:3-4). Confesar es repetir en fe lo mismo que Dios ha dicho, es decir, repetirlo convencidos de que es la verdad. Es tan importante confesar, que afecta lo natural y aún lo eterno (Mt. 10:32, Lc. 12:8-9, Ro. 10:8-11). Profesar es mantener la confesión, es decir, el cristiano debe mantener su confesión ante quien sea y bajo cualquier circunstancia, como lo hizo Cristo ante Poncio Pilatos, que se sostuvo confesando quien era aunque todo lo negaba (1 Ti. 6:12-15). Confiesa que caminas delante del Dios que da vida a todas las cosas, piensa y declara que es por eso que vives, por Él y para Él, porque Él resucitó, en Él todas las promesas de Dios se cumplen siempre (1 Co. 1:18-22). Dios quiere que confesemos siempre su resurrección.

 

  1. Cese del reino de pecado por su resurrección (Ro. 6:12, 14, 7:6).- Porque Él murió nosotros estamos muertos al pecado, y como Él resucitó, así nosotros vinimos a libertad del pecado para vivir en la gracia (Ro. 8:2-9). Si dentro de mí está Cristo resucitado impartiéndome su nueva naturaleza, como nacido de Dios no puedo pecar, es decir, en mi espíritu regenerado no puedo pecar jamás (1 Jn. 3:4-9). Esa es la clave de victoria sobre el pecado, pero si vivimos en la carne o vieja naturaleza, sucumbiremos ante el pecado (Stg. 4:17). Dios quiere que vivamos la vida resucitada.

 

  1. Fortalecimiento de la vida nueva (Ro. 6:13).- Lo que antes eran instrumentos de pecado ahora son instrumentos de justicia y Dios tiene recursos poderosos para vivir plenamente la nueva vida en Cristo (Ro. 13:12-14, 2 Co. 6:7, 10:3-54, Ef. 6:11-13, Col. 1:27-29). Dios quiere que nos movamos en los recursos de la resurrección.

 

  1. Propiedad suya por su resurrección (Ro. 7:4, 11:36, 14:7-9).- Somos del que murió y resucitó, a fin de que fructifiquemos para Dios, es tan grandioso y gratificante el saber que somos de Cristo y Cristo es de Dios, y en Él todo es nuestro (1 Co. 3:21-23), por esa razón es que podemos glorificarle con todo nuestro ser al vivir para Él (1 Co. 6:19-20). Ahora puedes referirte a Dios como alguien de tu propiedad y a quien le perteneces para siempre, el resucitó para garantizarlo (Fil. 4:19). Nadie podrá cambiar nunca esta verdad definitiva (Ro. 8:38-39). Dios quiere que disfrutemos saber de quien somos.

 

  1. Traspaso por su resurrección (Ro. 8:11, 23).- Nuestro cuerpo también participará de la resurrección o será transformado, si cuando Él venga estamos vivos, para estar siempre con él (Jn. 8:51, 11:23-27, Col. 3:4, Fil. 3:20-21, 1 Ts. 4:15-17). Porque aún los impíos resucitarán, pero para condenación en la muerte segunda (Jn. 5:28-29, Dn. 12:2, Ap. 20:13-15). Dios quiere que vivamos para la resurrección.

 

Estos doce principios basados en la resurrección de Cristo y lo que nos ha entregado con ella, nos permitirán disfrutar plenamente de la vida nueva, que se manifiesta y reproduce saludablemente.

 

6.B. PARA HABITACIÓN

 

Si comprendemos la importancia de la resurrección y sus efectos en quienes la creen, podremos ver los caminos de Dios ilustrados en el Tabernáculo que edificó Moisés para que Dios morara entre su pueblo (Ex. 25:8), como los caminos de la resurrección o de vida sobrenatural a la que somos llamados (Ex. 33:13, Sal. 103:7, 68:24, Hch. 2:28). Israel no quiso andar en los caminos de Dios, por lo tanto no disfruto del favor divino, abiertos ahora por Cristo para nosotros (Sal. 81:13-16). Cada mueble nos mostrará uno de sus caminos de vida resucitada:

 

  1. El altar de bronce (Ex. 38:1-6).- El altar del holocausto o de los sacrificios es una figura muy clara del Calvario donde se realizó el sacrificio perfecto de Cristo por nosotros. También es figura del sacrificio vivo que nosotros debemos a ofrecer a Dios, para mortificar la carne y vivir en el poder de su resurrección, experimentando su buena voluntad, agradable y perfecta (Ro. 12:1-2, Ef. 5:1-2, He. 13:12-13, 1 P. 2:21). Este mortificar la carne, es mediante la autodisciplina (1 Co. 9:24-27), pero nunca debe confundirse con el esfuerzo propio, porque sólo es posible por la nueva vida que vino con la resurrección de Cristo que nos vivificó (Ro. 8:12-14). Este es el camino de la resurrección para el hombre nuevo.

 

  1. La fuente de bronce (Ex. 30:18-21, 38:8).- Este mueble se construyó del bronce pulido del espejo de las mujeres, por lo que podía reflejar al sacerdote cuando se lavaba en ella, lo que tipifica la Palabra de Dios que nos muestra cómo somos ante Dios (Stg. 1:23-25). También el agua limpia que contenía la fuente es figura muy clara de la Palabra de Dios para lavar (Jn. 15:3, Ef. 5:26). El sacerdote tenía que lavar sus manos y pies antes de ministrar en el santuario, lo que prefigura que para poder ministrar, antes es necesario venir a la Palabra de Dios que purifique nuestra conducta (pies) y nuestro servicio (manos). Si el sacerdote no se lavaba moriría al intentar servir: Para que nuestro servicio sea acepto y en consecuencia ministremos vida. El verdadero servicio es ministrar la vida de Cristo que resucitó y vive en nosotros; porque Él es santo es que nosotros podemos ser santos en nuestro servicio (1 P. 1:15-17). Es el camino de preparación para el servicio de la resurrección.

 

  1. La tienda cubierta (Ex. 26:30-37).- Ilustra el camino o manera de Dios para edificación de la iglesia como lugar de habitación de Dios, al conocerlo nos permitirá realizar la obra de la resurrección, (He. 3:1-6, 8:5). La iglesia es la verdadera casa de Dios. Pablo como arquitecto recibió los planos de la iglesia (1 Ti. 1:13), y le pidió a Timoteo que fuera un obrero aprobado para trazar los detalles en la manera correcta (2 Ti. 2:15).

 

  1. La mesa de los panes (Ex. 25:23-30, Lv. 24:5-9). Muestra el camino para impartir la sana doctrina, la Palabra pura de su resurrección, sin cortes ni añadiduras (Mt. 16:11-12, Pr. 30:6, Dt. 4:2, Ap. 22:18). Sin levadura en el corazón, expresada en sinceridad y verdad. Cuando se estudia las verdades del Orden Divino, se dan las características del pan y de la mesa, ilustrando los principios que regulan la manera de recibir e impartir la doctrina sana. Siete veces en las epístolas pastores el apóstol Pablo se refiere a la sana doctrina, dando en cada ocasión una clave para conservarse en pureza doctrinal.

 

  1. El candelero de oro (Ex. 25:31, 39-40). Las sesenta partes de este mueble de una sola pieza, de oro puro, del cual no se dan medidas (Ex. 27:20-21), nos ilustra el testimonio de la resurrección, donde la divinidad de Cristo como cabeza fluye como el aceite, tipo del Espíritu Santo, fluye desde la caña central a los brazos, tal y como los verdaderos ministros dados mediante su resurrección, imparten la presencia y bendición del Señor, mediante el llamado y la unción del Espíritu Santo (Ef. 4:7-13), cuando son fieles administradores de las gracias de Dios (1 Co. 4:1-2, Tit. 1:7-9, 1 P. 4:10-11, 1 P. 5:1-4). La luz tipifica la revelación de la Palabra por el Espíritu Santo (Ef. 3:5-7). Dios es tan grande en cada iglesia local, como cada una se abre a percibirlo y le da libertad de fluir.

 

  1. El altar de oro para el incienso (Ex. 30:1, 6-10). Prefigura el camino para la adoración de la resurrección. Hay tres aspectos generales que muestran el Orden Divino para la adoración: El altar nos ilustra el modelo de Dios para la verdadera adoración, colocado frente al Arca del Pacto, figur de Cristo resucitado y exaltado como centro de la adoración; el incensario que se ponía sobre su corona de oro, muestra la posición del adorador, ya que todo el año el incensario permanecía en el lugar santo, pero el día de la expiación se introducía al lugar Santísimo a donde pertenecía, con lo que ilustra que donde está Cristo, estamos juntamente con Él, sentados en lugares celestiales (He. 9:1-4, Lv. 16:12-14, 4:6-7, Ef. 1:20-21 con 2:4-7). El incienso es una figura de la adoración acepta por Dios (Ex. 30:34-38, He. 9:6-8, Ro. 12:1-2), con sus cuatro ingredientes: estacte, uña olorosa, gálbano aromático e incienso limpio (Ef. 6:19-20, Col. 3:16-17, Sal. 87:7).

 

  1. El arca del Pacto (Ex. 25:10, 16, 22). Ilustra el camino para obtener y mantener las maravillas de la resurrección o glorias de Dios (He. 9:4-5). Sus cuatro tesoros ilustran que es Cristo en el cielo y en nuestro espíritu, la perfecta provisión divina para experimentar toda su gloria (1 Jn. 4:17, 1 Co. 1:30):

 

    • El maná  (Ex. 16:33-35), prefigura a Cristo resucitado como la sabiduría de Dios (1 Co. 10:11, Col. 2:3). Cristo es la Palabra de Dios como el alimento espiritual para la mente renovada del cristiano espiritual (Sal. 19:7, 1 Co. 1:24, 2:14-16, Ro. 12:1-2, Col. 1:9-11); y nos muestra la gloria de su nombre en relación con el mundo, porque es para eso la sabiduría (Sal. 119:98, 1 Co. 2:4-6, 1:20-21).

 

    • La vara de Aarón que reverdeció (Nm. 17:1-10), prefigura Cristo en nosotros es la justificación, porque Dios la hizo florecer para justificar a Aarón como sacerdote  (Sal. 19:7). La vara es un estándar, como lo debe ser su Palabra justa que Cristo cumplió y como sacerdote nos pudo justificar para darnos una nueva vida en Él (Col. 2:13, Ro. 5:9-10, 6:3-5, 7-11), y nos muestra la gloria de su Palabra cuando la podemos heredar y al cumplirse se hace parte de nosotros.

 

    • Las tablas de la Ley (Ex. 25:6, 21, 34:27-29, 40:20-21), prefigura que Cristo en nosotros es la santificación, escrita por el Espíritu Santo como una trascripción al alma de Cristo la ley en nuestro espíritu, en las tablas de carne de nuestro corazón (He. 10:16,  2 Co. 3:3), lo que nos muestra la gloria de su vida cuando le dejamos manifestarse como el fruto del Espíritu de Cristo en nuestro carácter transformado (2 Co. 3:18, Gá. 5:22-23).

 

    • El propiciatorio o asiento de misericordia (Ex. 25:18-22, Lv. 16:14-15), de oro puro, de una pieza con sus dos querubines, donde se rociaba la sangre del sacrificio el día de la expiación, prefigura que Cristo es en nosotros redención por su Sangre preciosa, entregándonos una redención triple para todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo: redención de la maldición de la ley en nuestro espíritu, como algo ya consumado (Gá. 3:13, Ef. 4:30); una redención presente para el alma, de modo que al rendirse a Cristo Él pueda darnos victoria (1 P. 1:18, Ro. 6:8, 22, Ef. 1:14, Col. 3:23-24), y una redención futura para nuestro cuerpo que ahora se conserva en esa esperanza (Ro. 8:23, He. 9:12). Cristo nuestra redención nos muestra la gloria de su presencia, que mora entre los querubines (Nm. 7:89).

 

 

6.C. PARA REVELACIÓN

 

El Señor Jesús, durante su vida en la tierra como hombre, paso varias veces por el ciclo de muerte, sepultura y resurrección, como la manera en que Dios puede obrar en el creyente la revelación de su resurrección, cuando es pasado por el mismo proceso (Jn. 12:24). Cristo fue confrontado por siete veces con este principio de vida abundante o resucitada, que es la clave para ser promovido a más en el reino de Dios, por lo que debemos estar dispuestos a seguir sus pisadas como verdaderos discípulos (1 P. 2:21).

 

  1. En su nacimiento (Mt. 1:18-21, Fil. 2:5-7).- El humanarse fue anonadarse a sí mismo, como una humillación extrema, despojándose de toda su gloria (2 Co. 5:16-17). El mismo Dios se hizo carne para ser como nosotros y lograr que un día nosotros fuéramos como Él. Por esta humillación es que hay para nosotros un nuevo nacimiento, espiritual, divino, con el cual somos hechos hijos de Dios (Jn. 1:11-14). Para nosotros se da el proceso cuando venimos al arrepentimiento y a la fe para participar del nuevo nacimiento.

 

  1. Su huída a Egipto (Mt. 2:13-23).- Egipto es una figura del mundo y cuando Herodes trató de matarlo, su huída cumplió una profecía que decía que Dios lo llamaría de Egipto, cuando Herodes murió y sus padres regresaron para vivir en Nazaret. Todos debemos pasar por un conflicto con el mundo para morir a él y vivir en él pero separados de su sistema y para ser testimonio de una nueva manera de vivir para Dios (Gá. 6:14, Ef. 5:1-12).

 

  1. Su niñez y juventud, hasta los 30 años (Lc. 2:41-42).- Fueron años de sometimiento a sus padres en una vida oculta, de quietud, de reposo, de formación del carácter, de establecimiento de las prioridades que regirían su vida y ministerio. No fue tiempo perdido, sino del reposo necesario para consolidar su vida en Dios (Dt. 17:15, 18-20). Fue tiempo de transcribir su copia personal de su puño y letra del Antiguo Testamento (Sal. 19:7-11). Someter la carne es necesario para liberar la vida abundante en Cristo llegado el momento. Toma tiempo desarrollar devoción verdadera, el anonimato es bueno para mortificar la carne y su vanidad, hasta rendir realmente la voluntad a Dios y darle el primado de nuestro corazón (1 P. 1:22, 2:7-8).

 

  1. Su bautismo en agua (Mt. 3:13-17).- Fue voluntario, con lo cual mostró su determinación de morir a la vida que había llevado hasta ese momento y vivir sólo para la voluntad de su Padre, fue una muestra de su obediencia total, que es la manera de cumplir toda justicia. Para el creyente que está dispuesto a servirle, es necesario que determine pasar por este ciclo de muerte a la vida propia, sepultura y resurrección a la vida de servicio verdadero (Mr. 10:35-45). Es el tiempo de aplicar la Palabra a tu vida y no en la de los demás, tu determinación de serle fiel al precio que sea, sabiendo que seguirle tiene sus consecuencias en la vida natural (2 Co. 6:8-13, Fil. 2:12-13). Dios produce obediencia en  medio de la aflicción.

 

  1. Su tentación en el desierto (Mt. 4:1-11).- Por cuarenta días fue sometido a toda clase de presiones, fue probado en todo según nuestra semejanza pero no falló (He. 4:15, 2:18),  porque mostró fidelidad a través de la prueba es que pudo ser aprobado para ejercer su ministerio (Lc. 4:13-15). El creyente también debe ser probado para ser aprobado, el desierto es el camino al servicio, es la manera de aprender la victoria y adquirir la visión celestial que nos llevará al cumplimiento pleno de su voluntad (1 P. 5:6-11, Stg. 1:12-18).

 

  1. Su muerte en la cruz, su sepultura y su resurrección (Mt. 27:50, 57-60, 28:1-7).- El Señor experimentó literalmente la muerte en la cruz y su alma en el infierno, resucitando para garantizar la efectividad de su muerte para satisfacer la justicia de Dios (Ro. 4:29 a 5:2), que nos abrió el acceso a la presencia de Dios, porque Él está allá por nosotros (He. 10:19-23). La muerte fue vencida y trajo a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2 Ti. 1:10). Resucitar juntamente con Él en su resurrección, significa que al renunciar a nuestra propia vida podemos disfrutar de una vida sobrenatural y abundante (Ef. 2:4-7). En la mayor debilidad humana fue manifestado el mayor poder divino, esto es llegar al límite y experimentar la suficiencia de su gracia (2 Co. 12:9-10). El creyente debe quitar toda reserva para que Cristo pueda vivir realmente a través de él, auténticamente bajo su señorío (Ro. 6:3-4, Col. 2:12, Ro. 14:7-9).

 

  1. La muerte, sepultura y resurrección de su cuerpo que es la iglesia (Hch. 3:20-21, 2 Ti. 2:11).- La restauración sólo se puede dar mediante el ciclo de muerte, sepultura y resurrección, sólo así se puede experimentar la vida sobrenatural, la resurrección es el surgimiento de esa clase de vida divina en un ser humano. Cuando todo esté restaurado, todo será reunido en Cristo (Ef. 1:9-10). La iglesia ha tenido que pasar por ese proceso a través de su historia para avanzar, los mensajes a cada una de las siete iglesias de Apocalipsis nos muestran este ciclo para cernir a la iglesia y obtener el remanente de vencedores:

 

  • De la apostasía a la Reforma (Hch 20:29-32), se puede apreciar como se separan las ovejas de los cabritos: Primero los nicolaítas tratando de controlar a la iglesia (Ap. 2:1-7), luego el circo romano tratando de detenerla con el martirio (Ap. 2:8-11), después la época monástica (Ap. 2:12-17), hasta el oscurantismo medieval (Ap. 2:18-29), en el que parecía que se extinguía la fe verdadera, pero que con la Reforma traería el poder de la resurrección por la fe en su Nombre.

 

  • De la Reforma con el protestantismo (Ap. 3:1-6), y el surgimiento de las iglesias evangélicas y posteriormente el pentecostalismo y las iglesias carismáticas (Ap. 3:7-13), el ciclo se vuelve a dar para derribar las barreras que la organización va levantando. La Palabra de Dios es la clave de los avivamientos.

 

  •  La séptima iglesia, la de Laodicea, que corresponde a nuestra época (Ap. 3:18-21), tiene también que pasar por el mismo proceso, para que de ella surjan los vencedores como primicias de la iglesia o la iglesia de los primogénitos (Ap. 14:1-5).

 

  • La iglesia en general, que no fue tomada por primicias al no estar apercibida, pasará por el proceso de muerte, sepultura y resurrección mediante la primera mitad de la Gran Tribulación (Ap. 12:13-17, 7:13-17), y los vencedores  de esta etapa final de la era de la iglesia, también participarán de la vida abundante, cuando reinen en el milenio, junto con Cristo y su Esposa, disfrutando de la gloria de su presencia.

 

 

 

7. ¿EL CUÁNDO DE LA RESURRECCIÓN?

 

Hay cuatro aspectos a cubrir para tener una respuesta escrituraria completa a esta pregunta acerca de los tiempos de la resurrección. Debemos comprender los tiempos en los que el poder de la resurrección es liberado para que le iglesia cumpla los propósitos de Dios y alcance su plenitud, lo cual estudiaremos con las cuatro estaciones del año (Gn. 1:14). Posteriormente veremos esos cuatro tiempos en sentido figurado, para liberar ese poder ahora, y en sentido literal, ya que, aunque todos los hombres, justos e injustos resucitarán, hay un orden perfectamente determinado en que sucederán las diferentes resurrecciones, con propósitos y destinos distintos.

 

7.1.- LAS CUATRO ESTACIONES DEL AÑO

 

Como las cuatro estaciones del año, hay diferentes tiempos de la resurrección: La primavera es el tiempo de los retoños y todo lo seco reverdece, es tiempo de propagación, del surgimiento de nueva vida. El verano es tiempo de labranza, del calor del estío y de las lluvias. El otoño es el tiempo de fruto, de la cosecha, de llenar los graneros. El invierno es el tiempo del reposo, del frío, del hogar y de las cosas cumplidas, de la etapa final.

 

Dios nos muestra en el Nuevo Testamento cuatro nueves que se relacionan con estos tiempos de manifestación del poder de la resurrección, en el tiempo de la Iglesia: La Gran comisión, las Bienaventuranzas, el Fruto del Espíritu y los dones del Espíritu, llevando a la Iglesia a experimentar el cuándo de la resurrección:

 

A). LOS NUEVE PUNTOS DE LA GRAN COMISIÓN.

 

Como la primavera, la Gran Comisión nos muestra la gloria del Nombre de Cristo, que libera el poder de la resurrección manifestando lo que Él hace por medio de sus hijos obedientes. Los 9 puntos de la Gran Comisión nos llevan en un proceso de multiplicación constante (Mr. 16:16-18, Mt. 28:19-20):

 

  • Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura.- Desde nuestro lugar de origen y extendiéndonos a lugares cada vez más lejanos, debemos estar dispuestos a compartir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, con la virtud que fue derramada cuando el Cristo resucitado fue exaltado a la diestra del Padre Celestial (Hch. 1:8, 2:32-33).

 

  • Doctrinad a todas las gentes.- Impartir la sana doctrina a las iglesias locales hasta que lleguen a conocer todo el consejo de Dios (Hch. 20:26-27).

 

  • Bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.- Llevar a cada creyente a la práctica de su fe mediante el discipulado, que se inicia con el bautismo en agua, que prefigura el proceso de muerte, sepultura y resurrección, clave de la vida abundante.

 

  • Enseñándoles que guarden todos sus mandamientos.- La enseñanza es muy importante, y la disciplina como parte de ella, para caminar en todos los principios divinos, como las doce ordenas de Cristo y el modelo del Orden Divino dado en el libro de Los Hechos.

 

Los cinco puntos siguientes nos muestran los recursos de la Gran Comisión:

 

  • En mi Nombre echarán fuera demonios.- Liberando de raíz a las gentes de todas las calamidades impuestas directamente por el diablo y los demonios, tal y como Israel fue liberado de la esclavitud y opresión de faraón y todos los egipcios (Lc. 10:18-20).

 

  • En mi Nombre hablarán nuevas lenguas.- Adoración verdadera y los doce beneficios de orar en lenguas para andar en el Espíritu.

 

  • En mi Nombre tomarán en sus manos serpientes.- Ejerciendo dominio, manteniendo el control sobre la naturaleza y lo que representa en lo espiritual.

 

  • En mi Nombre, si bebieren cosa mortífera, no les dañará.- Bajo protección mientras se cumple la voluntad de Dios, con dominio sobre el reino químico.

 

  • En mi Nombre pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán.- Rompiendo las deficiencias y males orgánicos para restaurar el Orden Divino en los cuerpos y las almas de la gente.

 

B). LAS NUEVE BIENAVENTURANZAS.

 

Como el verano es un tiempo de labranza al calor del día, que con esperanza de la lluvia trabaja la tierra el labrador, sembrando el grano que debe morir y podrirse, para que surja la nueva vida que fructifique (Jn. 12:24), las nueve bienaventuranzas nos enseñan cómo heredar las bendiciones de Dios, mediante el tomar la actitud correcta, para poder disfrutar de la gloria de su Palabra al cumplirse ésta, participando de lo que Dios tiene (Mt. 5:1-12):

 

  • Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.- Espíritu aquí se refiere a la actitud, su pobreza es entonces sinónimo de humildad, clave para poder reinar con Cristo, como Cristo que fue vencedor al morir como el Cordero de Dios.

 

  • Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.- Llorar también nos muestra la actitud de intercesor que se identifica con el sufrimiento humano y puede remover las cosas difíciles para establecer la voluntad de Dios. Qué consuelo tan maravilloso se experimenta cuando llegan las respuestas de Dios.

 

  • Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.- La mansedumbre, que no resiste el mal, que pone la otra mejilla, que camina la otra milla, que tiene contentamiento con todo lo que viene de Dios aunque sea difícil, porque sabe que es para su bien, que cuenta con todo lo necesario en la tierra y más, porque a los mansos no les dañan la abundancia ni las riquezas.

 

  • Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.- El progreso es resultado de un anhelo de más, el no conformarse con algo bueno y siempre desear lo mejor. El que tiene metas altas y pugna por alcanzarlas logrará los estándares de Dios porque no se sentirá saciado con menos.

 

  • Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.- Compasión, ternura, comprensión, son la clave para que Dios nos tenga misericordia (Pr. 11:17, Ro. 12:8, 1 P. 3:8-9).

 

  • Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Un corazón limpio, sin doblez, sin engaño ni fingimiento, es la clave para mantener la visión espiritual (He. 12:14). La miopía y la ceguera vienen cuando se permite que el corazón se contamine con la basura de este mundo (2 P. 1:8-10).

 

  • Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos (Gr. Uihos: hijos maduros) de Dios.- Los que buscan la paz y la siguen (1 P. 3:10-11), los que son guiados por el Espíritu de Dios (Ro. 8:14). La madurez es resultado de la constante edificación. Recordemos que es necesario orar por nuestros gobernantes para tener tiempos de paz, porque son propicios para la edificación de las iglesias (1 Ti. 2:1-3, Hch. 9:31).

 

  • Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.- Fidelidad es la fe que se mantiene firme bajo la presión del rechazo y la persecución, cuando por hacer lo correcto se sufre el ser tratado como malhechor (1 P. 3:13-14, 16-17, 4:14-16, 2 Ti. 3:12).

 

  • Bienaventurados los que son vituperados, perseguidos y difamados por causa de Cristo, porque tendrán merced grande en los cielos.- Cuando el creyente no retrocede, la oposición del diablo lo único que provoca es que experimente más la gloria de Dios (1 P. 4:12-13, 5:6-9, 11). Esa es la merced, la recompensa, acá en la tierra victoria y gloria, y en los cielos galardones y coronas (Ro. 8:17-18).

 

C). LAS NUEVE MANIFESTACIONES DEL FRUTO DEL ESPÍRITU

 

Como el otoño es tiempo de recoger el fruto, de cosechar y llenar los graneros, el fruto del Espíritu con sus nueve manifestaciones nos va a mostrar lo que Dios es en el creyente, al aparecer en su carácter la semejanza con Cristo o madurez espiritual del alma. El carácter es definido por la manera de ser, es decir, la manera en que una persona siente, piensa y actúa, de modo que el fruto del Espíritu es realmente la manifestación del como siente Cristo, mediante el amor, el gozo y la paz; de cómo piensa Cristo, mediante la tolerancia, la bondad y la benignidad, y de cómo Cristo, cuando mediante lo que le dictan la mente y las emociones ejerce su voluntad y toma sus decisiones, actúa con fe, mansedumbre y templanza.

 

  • El amor es fruto del Espíritu de Cristo que desde nuestro espíritu ejerce su influencia sobre las emociones de nuestra alma hasta transformarla a su semejanza. La madurez es un alma transformada, que siente lo mismo que Cristo por los perdidos, por su iglesia y por su Padre Celestial (2 Co. 5:14, Ef. 3:19).

 

  • El gozo es también una emoción del corazón de Cristo que va llenando el corazón del creyente que se rinde a Él, de modo que se puede gozar cuando ve contento a Dios por alcanzar sus motivos (Gá. 6:4) (Gr. Kauchëma, que significa satisfacción por lo hecho o regocijo).

 

  • La paz de Cristo como fruto en el alma del creyente, es un sentimiento de Cristo que mantiene al alma serena aun y cuando las circunstancias sean adversas. El creyente rendido a Dios va a mostrar cada vez más este sentimiento como parte de su carácter transformado (Fil. 4:7, Fil. 3:15).

 

  • La tolerancia de Cristo nos viene de la mente de Cristo para conformar nuestros pensamientos a su manera. Tolerancia es la capacidad de evaluar las desviaciones del estándar sin perder el propósito. No cede, pero comprende la debilidad o incapacidad para alcanzarlo. Dios tolera nuestras desviaciones pero no desiste de su propósito de llevarnos a su estándar. Cuando permitimos a Dios renovar nuestra mente, adquirimos la capacidad de comprender mejor las fallas de otros con el propósito de ayudarlos a superarlas.

 

  • La benignidad es una forma de pensar que no puede admitir un mal pensamiento, Dios es benigno por naturaleza para con los buenos y aún los malos (Lc. 6:35, 1 P. 2:3). Si permitimos a Dios obrar su carácter en nuestra alma, seremos benignos como Él y no tendremos a ningún hombre por adversario, sólo al maligno que es de naturaleza contraria y que opera en la carne.

 

  • La bondad de Cristo o el pensar bien para lograr un beneficio para con el hombre, es también parte de la mente de Cristo (Jr. 29:11). Cuando el vive en el creyente y aflora en su carácter, este se vuelve bondadoso y piensa bien de la gente para bendecidle.

 

  • La fe de Cristo es también fruto de su Espíritu en nuestra alma sumisa a Él, la fe se ve por las obras, de modo que lleva a cabo todo lo que sintió y pensó (Stg. 2:17). El creyente con este fruto del carácter es activo, obediente, práctico, diligente.

 

  • La mansedumbre de Cristo, el más manso de todos los hombres (Mt. 11:29), no reacciona bruscamente, sino que obra con suma delicadeza, con ternura, no tomando en cuenta las ofensas. Cuando brota esta manifestación del fruto del Espíritu, el creyente puede ser un restaurador, hasta de quienes se resisten (2 Co. 10:1, Gá. 6:1, 2 Ti. 2:24).

 

  • La templanza o dominio propio es también otra característica de Cristo, que no se deja llevar por sus impulsos, sino que actúa sin perder el control. Un hombre de Dios debe ser templado, lo cual sólo se puede lograr si permite que Cristo viva en Él y desarrolle en él esta cualidad suya (1 Ti. 3:2, Tit. 1:8). Es actuar con el reposo de Dios.

 

D). LOS NUEVE DONES DEL ESPÍRITU SANTO

 

Como el invierno, estación de reposo y recogimiento, de obras cumplidas y metas alcanzadas, los nueve dones del Espíritu Santo nos comunican la habilidad de Cristo para llevar a cabo plenamente los tres propósitos de Dios para su iglesia: Revelación, Propagación y Habitación. Mediante ellos, el creyente mostrará lo que Dios es con él, manifestando la gloria de su presencia hasta que Él venga (1 Co. 12:7-12). A diferencia del fruto, que debe desarrollarse en cada creyente, los dones son repartidos entre los creyentes que integran una iglesia local, de modo que se complementen y en conjunto muestren la habilidad de Cristo. Los dones serán repartidos por el Espíritu Santo según la función que desarrollará cada uno como miembro del cuerpo de Cristo (Ro. 12:3-6):

 

  • Palabra de ciencia es un don de revelación de una parte específica del conocimiento de Dios para una situación particular. Viene a la mente del creyente sin que intervenga su voluntad o deseo, por acción directa del Espíritu Santo, y tiene el propósito de descubrir los planes del diablo en contra de alguien o peligros o circunstancias adversas que requieren de intercesión o de alguna corrección en lo que se esté haciendo (Pr. 14:15, 22:3, Is. 40:14, Stg. 3:13). No siempre se debe dar, sobre todo cuando se reveló como un motivo de intercesión.

 

  • Palabra de sabiduría es un don de revelación del cómo usar correctamente el conocimiento de las cosas, para alcanzar los buenos resultados, acordes con la voluntad de Dios. Es el Espíritu de consejo necesario para pastorear y que se resuelvan los problemas paso a paso, la palabra de sabiduría es también específica para el caso que se está tratando y se puede pedir pero no depende del deseo sino de la operación del don. La palabra de ciencia te da un qué, pero la palabra de sabiduría te da un cómo usar ese qué.

 

  • Discernimiento de espíritus, es el tercer don de revelación que el Espíritu Santo imparte a algunos creyentes para edificación de la iglesia, por medio de él se puede discernir tanto el espíritu o actitud de las personas, como los demonios que pudieran estar oprimiendo, vejando o poseyendo a una persona o personas. Es una revelación que mantiene a la iglesia libre de contaminación espiritual, como el olfato que previene al cuerpo se ingerir cosas en mal estado.

 

  • El don de fe está en relación principal con propósito de propagación, es un don de poder que le da autoridad al creyente para echar fuera demonios, aunque también puede obrar en la voluntad creativa de Dios para que sucedan cosas que en lo natural no serían posibles, dando palabras de fe bajo la convicción del Espíritu Santo, como cuando se secó la higuera (Mt. 21:19), o cuando Pablo habló en contra de un siervo de Satanás y este quedó ciego (Hch. 13:9-11), o sosegar la tormenta (Mr. 4:39).

 

  • El don de milagros es otro don de poder, en especial para cumplir el propósito de propagación, mediante él es posible realizar portentos y milagros (Hch. 5:12, 6:8), como la sanidad del cojo de La Hermosa (Hch 3:6-8), o caminar sobre las aguas  (Mr. 14:25-29), o sanar a un ciego de nacimiento con las cuencas vacías (Jn. 9:6-7).

 

  • Dones de sanidades, son dones de poder para sanidad de diferentes tipos de enfermedades sobre todo de quienes son evangelizados (Hch. 5:15-16, 19:11-12).

 

  • El don de profecía es el más importante de los dones y el que se debe procurar más, porque es el don que dispara los demás dones, ya que cumple con el propósito de habitación o de manifestar la presencia de Dios en su iglesia, es tan importante, que todos pueden profetizar y deben procurarlo (1 Co. 14:1, 3, 5, 25-25, 31).

 

  • El don de género de lenguas, como parte de los dones para alcanzar el propósito de habitación, va principalmente dirigido a los incrédulos o escépticos de la congregación, como una señal que les muestra que Dios está presente y que va a hablar (1 Co. 14:21-22). Siempre debe operar con el don de interpretación de lenguas para que la iglesia sea edificada al entender el mensaje de Dios.

 

  • El don de interpretación de lenguas es compañero inseparable del de géneros de lenguas, pues el que lo tiene recibirá la interpretación del mensaje en lenguas y podrá darlo en el idioma nativo para edificar a los oyentes (1 Co. 14:27-28), y aún queda la posibilidad de que, si no hubiere intérprete, quien dio el mensaje en lenguas ore por la interpretación y la reciba para darla a la iglesia (1 Co. 14:12-13).

 

 

7.2.- la resurrección y la gloria de Dios

 

Para comprender mejor estos cuatro tiempos de la resurrección en los que la gloria de Dios debe resplandecer, los veremos con diferentes modelos de resurrección que nos muestra la Palabra de Dios:

 

A). En relación a LA GLORIA DE SU NOMBRE  la Biblia nos muestra doce casos de resurrección que nos ilustran el poder de la resurrección en doce diferentes esferas de acción, donde los creyentes se tienen que mover para ejercer ese poder y que la voluntad de Dios se cumpla:

 1.    Isaac (Gn. 22:10-14).- Dios le pidió a Abraham que mate a su hijo, el de las promesas. De inmediato Abraham determinó obedecer sin reservas, confiando plenamente que Dios tendría que resucitarlo para cumplir todas las promesas  dadas sobre él, por lo que Isaac murió en el corazón de su padre (He. 11:17-19), de donde lo volvió a recibir cuando el ángel le impidió matarlo. Abraham fue justificado por su obediencia de fe (Stg. 2:21-23, Ro. 4:20-22).

Esfera de acción: De las cosas imposibles.- En lo natural era imposible que Isaac naciera, mas nació (Gn. 18:10-14). También sería imposible que si Abraham lo sacrificaba, lo que significaba destazarlo para luego quemarlo en el altar, pudiera recuperar su cuerpo de la cenizas para volver a la vida, pero Abraham no dudó que eso iba a suceder (Jn. 8:39, 51-56).

2.    El hijo de la viuda de Sarepta (1 Ry. 17:7-22).- La falta de lluvia había traído hambre, que sobre todo los pobres estaban resintiendo, el profeta obedece a Dios y busca a la viuda pobre, quien esperaba hacer su última comida con su hijo y luego morirse de hambre. El profeta le pide que de su último puñado de harina le haga primero una torta a él. Ella lo hizo así porque creyó que eso venía de Dios y experimentó el milagro de la multiplicación que les sustentó por el año siguiente. De pronto el hijo de la viuda muere.

 Esfera de acción: De las circunstancias.- Cuando el hijo de la viuda muere, el profeta se turba, parecía no tener sentido que Dios los estuviera sustentando milagrosamente y que el muchacho muriera, era como si las circunstancias hubieran imperado sobre el poder de Dios (Sal. 31:6). Dios prueba la fe en circunstancias adversas y nos enseña a no considerarlas sobre Él (Ro. 8:28), aunque también debemos evitar el ser movidos por circunstancias favorables.

 

3.   El hijo de la Sunamita (2 Ry. 4:8-37).- Ella era una mujer piadosa que quiso servir a Eliseo porque sabía que era un hombre de Dios, como un ministerio de ayudas dispuso un aposento para que se hospedara el profeta cuando pasara por allí. El que da un vaso de agua a un profeta recibirá merced de profeta (Mt. 10:40-42). No le sirvió por interés de recibir algo a cambio sino por vocación, por lo que Dios la recompensó con un hijo, lo que ella disfrutó grandemente, así que cuando su hijo enfermó y murió, ella se mantuvo con doble paz en medio de su aflicción, porque confiaba en Dios y de inmediato supo lo que debía hacer, buscar al profeta y no dejarlo hasta obtener respuesta.

 Esfera de acción: De lo vocacional.- Dios nos ha dado a cada uno una vocación para colaborar dentro del reino de Dios (Ro. 12:5-13), y es una gran bendición cuando cada uno sirve moviéndose en el ámbito del quehacer humano, permitiendo que la gracia de Dios fluya de unos a otros en su cuerpo (1 Co. 12:20-30). Es una maravillosa armonía cuando todos sirven así (Col. 3:23-25), recibirán recompensa, porque Dios honra a quienes le sirven (Jn. 12:26).

 

4.    Un israelita sepultado en la tumba de Eliseo (2 Ry. 13:20-21).- La palabra usada en el hebreo Ish, significa que era un hombre respetable o líder. Los moabitas empobrecían a Israel con sus invasiones (2 Ry. 1:1, 3:7), además los israelitas habían olvidado que Dios había maldecido a los moabitas, por lo que ellos tenían el respaldo de Dios para vencerlos (Dt. 23:3-6), pero en cambio les tenían miedo, pero la resurrección de este hombre por medio de los huesos del profeta rompió ese olvido y ese miedo.

 Esfera de acción: De lo financiero.- La pobreza de Israel se debía a su olvido y no era la voluntad de Dios, así que las cosas cambiaron cuando vieron el poder de la resurrección y recordaron quienes eran: el pueblo de Dios. Aquellos cristianos que están pasando por crisis económica y quedan atrapados en los afanes por las cosas básicas, deben recordar que esa no es la voluntad de Dios, que en vez de afanarse tanto, deben renovar su confianza de quienes son en Cristo (Sal. 23:5, 37:18-19, 78:19-29). Lo que para la gente sin Dios es la canasta básica, para el hijo de Dios debiera ser la añadidura, y lo será si se cumple el principio de prioridades prácticas que Dios estableció (Mt. 6:31-34, 1 Ti. 6:6).

 

5.    Jonás en la ballena (Jon. 1:10 a 2:11, 3:1-10).- Nínive era una ciudad pecadora que si no se arrepentía sería destruida. El rey de Nínive escuchó el mensaje y decretó que todos ayunaran, hasta los animales para que Dios los perdonara. Jonás murió y resucitó para que su mensaje conmoviera los corazones más duros y se arrepintieran.

 Esfera de acción: De lo político.- Aquellos que tiene el poder político determinan el futuro de sus gobernados, pues su influencia es determinante. El decreto del rey de Nínive salvo a la gran ciudad y hasta sus animales, en cambio, los enemigos de Cristo que tenían influencia no cejaron hasta que lo mataron, cumpliendo el plan de Dios que era necesario que Él muriera y resucitara para salvar a la nación. Para ellos fue dada la señal de Jonas, pero ni así comprendieron quién era Él, ni a qué había venido (Mt. 12:38-41). Cristo murió y resucitó para salvar al mundo y con ello hizo surgir a su iglesia, usando a los políticos para que su plan se cumpliera. Por eso debemos orar por nue4stros gobernante, porque cooperen con la voluntad de Dios para su iglesia (1 Ti. 2:1-3, Ro. 13:1-6, JN. 19:10-12, 1 P. 2:17-18, Pr. 8:15-16, Dn. 2:21, Hch. 9:31).

 

6.    El hijo de la viuda de Naín (Lc. 7:11-16).- Aunque Cristo nunca se movió bajo la presión de las necesidades, sino dependiendo por entero de las instrucciones de su Padre (Jn. 5:19-21, 16-17, 30), cuando vio a aquella mujer viuda que había perdido a su hijo que la sustentaba, su compasión trascendió lo terrenal para suplir más allá, porque Él siempre obra con prioridad en lo espiritual sobre lo natural. Ella estaba desolada y desamparada, no obstante no pidió algo al Señor, pero Él la consoló resucitando a su hijo.

 Esfera de acción: Del espíritu.- Cristo sabía a qué había venido (Lc. 9:55-56, Mt. 18:11-14), además siempre hacía puntualmente lo que el Padre le indicaba y por ello la gente glorificaba a Dios, de manera que esta resurrección mostró su anhelo de trascender lo temporal para impartir vida espiritual (Ef. 1:3, 2 Co. 4:16-18).

 

7.    Las niñas de doce años (Mt. 9:18-26, Mr. 5:22-43, Lc. 8:41-56).- Estos fueron unos de varios milagros dobles que Cristo realizó con el mismo patrón (la multiplicación de los panes y los pescados, liberación del gadareno y los gergesenos, las pescas milagrosas, las mujeres con flujo de sangre, etc.). En ambas resurrecciones, otro caso de sanidad lo demora y parece que cuando Él llega es demasiado tarde, ya no tenía caso molestar al maestro. Pero eso no alteró al Señor y les animó a confiar, hasta que vieron el poder de la resurrección que se las devolvió.

 Esfera de acción: Del alma.- Todos hemos experimentado la angustia de los momentos de crisis en los que los segundos cuentan y el tiempo se agota hasta que ya nada se puede hacer en lo humano. La angustia produce un ensanchamiento del alma, es decir, aumenta su capacidad y además la abre delante de Dios para que Él la conozca (Sal. 142:3, 31:7).

 

8.    Lázaro (Jn. 11:14-48).- Los trasplantes de órganos requieren que estos se conserven frescos, por lo que son refrigerados para que no se descompongan. Los órganos de Lázaro estaban en franco proceso de descomposición, después de tres días ya no había cerebro y sus vísceras hedían deshaciéndose. No obstante Cristo dio la palabra de resurrección que en un instante regeneró todos los órganos de su cuerpo devolviéndole todas sus funciones tal y como fueron establecidas por Dios desde su diseño, y sin secuelas.

 Esfera de acción: De lo físico.- El deterioro de todos los órganos del cuerpo de Lázaro no impidieron que el poder de Dios lo levantara y por causa de tan grande portento muchos creyeron en Él (Jn. 12:1, 10-11, 17-19). Pese a ello, sus enemigos no le reconocieron, porque tenían sus prioridades en lo material, habían hecho de su oficio un negocio, aunque se suponía que como líderes espirituales que estaban para mediar entre Dios y los hombres, debían de haberlo identificado fácilmente.

 

Las siguientes cuatro resurrecciones se relacionan con la plenitud de Dios que el Señor entrega a su iglesia cuando ella se va extendiendo en las cuatro direcciones del amor de Dios: Ancho, largo, profundo y alto (Ef. 3:16-18). Lo ancho se refiere a extenderse hacia los lados y ampliar el reino de Dios ganando a más personas para el reino, liderado por el ministerio evangelístico. Lo largo o longitud del reino nos habla de la continuidad o perseverancia de los creyentes como discípulos que caminan toda la senda hasta la meta, liderado por el ministerio pastoral. Lo profundo del reino nos habla de su riqueza y calidad, liderado por el ministerio de maestro. Finalmente, la altura del reino, nos habla de su supremacía o soberanía sobre todo, incluyendo el reino de las tinieblas, liderado por el ministerio profético. Con eso en mente, veamos las siguientes resurrecciones:

 

9.    Dorcas (Hch. 9:36-43).- El Evangelio se estabas propagando y muchas iglesias estaban surgiendo. Pedro el apóstol fue llamado  por la iglesia de Joppe, consternados porque una amada discípula que era mucha bendición y estaba sirviendo eficazmente, había muerto, al parecer, en forma prematura. Pedro, se encerró con el cuerpo y se puso a orar para recibir de Dios lo que era su voluntad, luego se dirigió al cuerpo y habló con toda autoridad la palabra de resurrección y la presentó viva, lo que trajo mucho ánimo y consolación a todos.

 Esfera de acción: Sobre la oposición al entendimiento del reino.- La amplitud o anchura del reino se logra cuando el evangelio se propaga, pero de inmediato el diablo tratará de impedirlo por medio de sus recursos de hurtar, matar y destruir (Jn. 10:10), por lo que es necesario que el poder del Evangelio que se basa en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, rompa la oposición del diablo. Cuando Dorcas resucitó, mucha compañía fue agregada al Señor y el reino de las tinieblas fue razgado.

 

10.    Pablo (2 Co. 11:23-25, Hch. 14:19-20, 22,).- Él habla de varias muertes, por lo menos una cuando fue apedreado y otra cuando estuvo hundido en el mar. Es posible que entonces haya sido cuando él visitó el tercer cielo (2 Co. 12:2-4). Lo cierto es que el diablo siempre trato de impedir que él llevara a cabo su ministerio, pero nunca lo consiguió, ni con su muerte, pues Dios lo resucitó para que continuara.

 Esfera de acción: Sobre la oposición a la continuidad del reino.- La longura o longitud del reino es caminar todo el camino hasta el fin. Morir antes de concluir la obra encomendada es truncarla, pero Pablo confiaba plenamente que quedaría hasta acabar, porque Dios así se lo había prometido (Fil. 1:20-26, Hch. 20:23-24, 23:10-11, 2 Tiu. 4:6-8).

 

11.    Eutico (Hch. 20:7-12, 25-28).- Un joven con mucho anhelo, como toda su iglesia de Troas, que aunque muy cansado por tantas horas de reunión, después de una semana de reuniones, prefirió permanecer en el aposento alto donde Pablo les predicaba, que irse a descansar, así que se acercó a la ventana para que el aire lo despabilara, pero el sueño profundo le ganó y cayó desde el tercer piso matándose. Pablo sabía bien que era su último viaje y quería darles todo lo que aguantaran recibir, todo el consejo de Dios (Versos 31-32). Después de recostarse sobre el cuerpo y dar la palabra de fe, aunque no se manifestó lo que él había declarado, se subió y prosiguió su estudio hasta el amanecer, luego se despidió y se fue, y hasta después Eutico abrió los ojos y toda la iglesia fue muy consolada.

 Esfera de acción: Sobre la oposición a la calidad del reino.- La calidad se alcanza cuando se profundiza más en la verdad, es la profundidad del reino. Pablo no fue interrumpido ni por la muerte de Eutico, porque el bien sabía lo importante que era ministrar hasta el detalle toda la verdad del evangelio del reino, y la iglesia lo siguió y perseveró, pese a su dolor por la muerte del joven, por la misma razón. Pablo fue un ministro muy completo, tal vez el único después de Cristo que mostró tal calidad (Ef. 3:1-5, 4:10-13). Fue predicador (evangelista), apóstol y maestro (1 Ti. 2:7), también fue profeta (Hech. 13:1 con 16:9-10), y también un pastor tierno (1 Ts. 2:7-12). La calidad se obtiene cuando se anhela de Dios y nada puede distraer la concentración en ese punto.

 

12.    Los dos testigos (Ap. 11:3-7, 10-12, 16-17).- Por las referencias que daré a continuación, estos dos testigos pueden ser los profetas Moisés y Elías. El cuerpo de Moisés fue sepultado por Dios, pero luego fue recogido y llevado (Dt. 34:5-6, Jd. 9); durante su ministerio redentor en Egipto tuvo el poder para convertir el agua en sangre, mismo que se usará en el tiempo de su profecía durante la primera mitad de la Gran Tribulación. Elías fue arrebatado al cielo por medio de un torbellino y no vio muerte (2 Ry. 2:11), de quien se dice que vendría antes del juicio de Dios a Israel, que se dará en la segunda mitad de la Gran Tribulación (Mal. 4:5-6), él tuvo la facultad de hacer descender fuego del cielo, otra señal que será manifestada por los dos testigos. Ambos profetas estuvieron con Jesús en el monte de la transfiguración y hablaron con Él acerca de su partida, eso los convierte en testigos especiales, ya que un testigo dice lo que sabe porque le consta (Mt. 17:1-8, Mr. 9:1-8, Lc. 9:28-35). Profetizarán por 1260 días y después los matarán, exhibirán sus cuerpos en la plaza de la gran ciudad, probablemente Roma, y todo el mundo festejará su muerte con una fiesta internacional, pero después de 3 días resucitarán y ascenderán con la gran nube de testigos de la gran cosecha de todos los escogidos de la iglesia, cerrando la primera mitad de la Gran Tribulación (Mt. 24:29-31) y dando inicio a la segunda parte, que será para refinamiento de Israel.

 Esfera de acción: Sobre la oposición a la soberanía del reino.- La altura del reino está sobre el intento final del Anticristo para usurpar el reino de Dios, pero la presencia de la iglesia y el Espíritu Santo, así como la profecía de los dos testigos y los juicios que traerán sobre la tierra, impedirán que el Anticristo tenga el control mundial desde el principio de la Gran Tribulación, hasta que la iglesia sea refinada y se cumpla el número de los redimidos (2 Ts. 2:3-13, Ap. 6:9-11, Ap. 15:3-4); después de los primeros 1260 días, cuando los dos testigos mueran y en tres días resuciten junto con todos los creyentes que no participaron del rapto de vencedores, y toda la iglesia sea recogida, se abrirá el período en el que el Anticristo iniciará su breve reinado mundial de 3 ½ años, mismo tiempo del ministerio terrenal de Cristo, para dar lugar al tercer evento de la segunda venida de Cristo, cuando retorne y pise la tierra, destruya al Anticristo y al falso profeta, encadene al diablo y establezca su reino milenial de paz sobre toda la tierra. Esa será la máxima oposición del diablo al reino de Dios (Ap. 19:11 a 20:3).

 

B). En relación a LA GLORIA DE SU PALABRA, que resplandece precisamente cuando se cumple y se establece el reino de Dios, estudiaremos las palabras acerca del reino de Dios que Cristo dio a sus discípulos después que resucitó y se les apareció (Hch. 1:3):

 

    1. Jesús se presenta ante María Magdalena (Jn. 20:17).- El Señor le dice, ve y di a mis hermanos, subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Con ello estaba abriendo a la iglesia como su reino, declarando lo que hizo posible cuando resucitó, que Dios nos estaba engendrando mediante la resurrección de su hijo, para ser nuestro Padre y Jesús nuestro hermano mayor (Jn. 1:4-5, 9-13, He. 2:9-13). El reino de Dios está formado por los hijos del reino.
    2. Las otras mujeres que fueron al sepulcro (Mt. 28:9-10).- El mensaje fue: No temáis, id y dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea y allí me verán. Este fue un mensaje para que los discípulos acudieran a una cita en Galilea, donde les entregaría la Gran Comisión, fue una palabra para separarlos y revelarse a ellos hablándoles de cómo hacer crecer el reino de Dios. El reino de Dios requiere que los hijos de Dios se separen del mundo para formar el reino de Dios.
    3. Los caminantes de Emmaús (Lc. 24:13-27).- Cristo se les aparece en el camino y les muestra en la Escrituras, desde Moisés y por todos los profetas, que era necesario que Él padeciese y que después entrara en la gloria. El cumplió todos los escritos, estos regularon todos los acontecimientos fielmente. Es muy importante saber que el reino de Dios ha sido previsto y en él todas las cosas se rigen por su Palabra, la que define las fronteras o límites del reino de Dios (Col. 1:13, Ro. 7:6).
    4. A los apóstoles (Lc. 24:36-49, Jn. 20:19-23).- Les demostró que no era una visión sino que era real, mostrándoles sus manos y sus pies heridos, y comiendo delante de ellos, después les abrió los sentidos para que comprendiesen la razón de su sacrificio y al verlo resucitado con pruebas indubitables, pudieran ser testigos ante el mundo y cumplieran el propósito de propagar el evangelio del reino (Hch. 1:22, 2:32, 3:15, 4:33, 5:32, 10:39-41, 13:31), para que se constituyeran en la luz del reino de Dios.
    5. A Tomás (Jn. 20:36).- Tomás fue incrédulo en cuanto a la resurrección, lo cual le limitó, por esa razón y para ejemplo de todos los que dudan, Cristo se le presenta y le invita a meter su mano en su costado y su dedo en la llaga de sus manos, exhortándole a creer, porque eso es lo que hace a sus hijos bienaventurados. La fe es la clave para liberar el poder del reino de Dios.

Las siguientes tres apariciones se relacionan con la comisión del reino:

 

    1. A Pedro y otros seis discípulos (Jn. 21:5-6, 12-22).- El Señor le había mandado avisar a Pedro que lo buscaría en Galilea (Mr. 16:7), y lo buscó en el mar de Galilea donde se fue a pescar y allí lo restauró y lo retó en su amor para que usara las llaves del reino que le había dado, y a dejar las redes para hacerse pescador de hombres (Mt. 4:18-20, 16:15-20). Las llaves del reino son una parte de la comisión del reino.
    2. A los apóstoles en Galilea (Mt. 28:16-20, Mr. 16:15-18).- Cuando ellos acuden a la cita en Galilea, les entrega la Gran Comisión, con el propósito de que se consagraran por entero a llenar al mundo con hijos del reino, como parte de la comisión del reino.
    3. A todos los discípulos (Hch. 1:6-8, Lc. 24:45-47, 1 Co. 15:6).- Esto es en Bethania y son muchos los discípulos que se reunieron, más de quinientos, a quienes les habla de esperar el bautismo del Espíritu Santo, para recibirlo y moverse bajo su dirección y poder. Como una tercera parte de la comisión del reino, les dio la clave para alcanzar la madurez del reino.

 

Las siguientes cuatro apariciones en las que Señor dio palabras específicas en relación al reino de Dios, son posteriores a su exaltación y le fueron concedidas al apóstol Pablo, para hablarle de cómo lograr el reposo del reino de Dios.

 

  1. A Saulo de Tarso en su conversión (Hch. 9:1-6).- Respirando muerte, persiguiendo a la iglesia, persiguiendo a Jesús, el Señor se le aparece y le declara lo duro que es dar coses contra el aguijón. Primero lo libera de la carga de muerte de la ley y lo introduce en el reposo del reino, luego, mediante Ananías, le entrega su llamado para predicar el evangelio con la conciencia de que eso le significará muchos sufrimientos por su Nombre (Hch. 9:10-16), con lo que le imparte una visión espiritual y le muestra como ministrará en el reposo de Dios, que es espiritual, sobre las cosas materiales y circunstancias, para que muchos otros entren a su reposo (Hch. 26:13-18).
  2. A Pablo (2 Co. 12:2-10).- Después de las maravillosas revelaciones que recibió en el tercer cielo, verdades profundas del Evangelio, le fue dado un aguijón en su carne, para asegurarlo y no permitir que se saliera de la gracia de Dios, él Señor le dijo: Bástate mi gracia, porque mi potencia se perfecciona en tu debilidad. Y con ello estableció que es necesario depender de la gracia, para experimentar la revelación del reino.
  3. A Pablo prisionero (Hch. 23:10-11).- Ya tenía años preso cuando recibió estas palabras del Señor Jesús, que confiara, porque aún le faltaban muchas penas, pero que era necesario ser su testigo en Roma de la misma manera que lo había sido en Jerusalén (preso), fue por esta causa que tiempo después, apeló ante el rey Agripa, para que fuera enviado al Cesar, lo que encaminó todo para que se cumpliera el plan de Dios (Hch. 25:11-12, 26:32). Por sobre todas las circunstancias, la confianza en Dios le ministró el reposo para que cumpliera su servicio en el reino de Dios.
  4. Pablo prisionero en el barco rumbo a Roma (Hch. 27:21-25).- La muerte está tratando de impedir que Pablo llegue a Roma, pero el Señor le asegura que llegará y que cumplirá su propósito. De Roma surgen varias de las epístolas que no sólo ministraron a las iglesias de su época, sino que trascendió su tiempo para alcanzar a la iglesia de todos los tiempos (A los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a Los Colosenses, la 2ª de Timoteo y Filemón). Pablo recibió claridad y trabajó desde su prisión para que la iglesia alcanzara el reposo al alcanzar la plenitud del reino de Dios.

 

 

C) En relación a LA GLORIA DE SU VIDA, veremos el cuándo opera la resurrección en la vida de cada creyente, son siete etapas de la vida personal en las que podemos experimentar la gloria de su vida resucitada o sobrenatural.

 

  1. En la regeneración (Col. 2:13-15).- Al ser perdonados y recibir la salvación, pasamos de muerte a vida eterna, porque nuestro espíritu fue regenerado al unirse al Espíritu de Cristo que le impartió la nueva naturaleza o naturaleza divina.
  2. En el despertar de un sueño espiritual (Ef. 5:14).- Es un riesgo que un creyente decaiga en su vida espiritual y requiera ser despertado nuevamente a la vida abundante de comunión con Dios (Ro. 13:11-14).
  3. Mediante el ciclo de muerte, sepultura y resurrección (Mt. 2:19-21).- Como vimos en los propósitos de la resurrección, en especial en el de revelación, este ciclo es necesario para que el creyente experimente mayor autoridad espiritual.
  4. Mediante avivamiento (Sal. 43:5).- Cuando se siente cansancio por lo duro de la batalla, Dios tiene tiempos de frescura espiritual que nos renuevan (Sal. 68:9).
  5. Mediante restauración (Esd. 1:1).- Cuando se vive en el esfuerzo propio de la vida natural, tratando de agradar a Dios mediante nuestra capacidad, se falla y se frustra el plan de Dios. Restauración es la manera de Dios de llevarnos a más sobre nuestras deficiencias y limitaciones, para llevarnos al modelo perfecto de Cristo en todos los aspectos.(Gá. 6:1).
  6. Impartiendo vida resucitada a todo el ser:
    • Al espíritu (Hch. 19:21).- al responder al llamado de Dios personal (Hch. 20:22, Ro. 1:9, 12:11).
    • Al alma (Pr. 12:25).- Para levantarla y animarla cuando se abate (Sal. 42:5, Hch. 14:22, Fil. 1:14).
    • Al cuerpo (Ro. 8:11).- Si el Espíritu de Cristo mora en nosotros, vivificará nuestros cuerpos mortales ahora, y también en aquel día.

7.   Resplandeciendo (Is. 60:1).- Mientras seguimos viviendo en este tiempo, esperando la manifestación de su venida y el rapto de los vencedores, debemos brillar con el poder de su resurrección (Col. 3:1-4).

 

D). Con relación a LA GLORIA DE SU PRESENCIA, los tiempos de la resurrección física de los hombres, sabemos por las Escrituras que la totalidad de los hombres resucitarán (Dn. 12:12-13, Jn. 5:28-29), pero no todos en el mismo tiempo ni para el mismo destino (1 Ts. 5:1).

 

Pablo declara que la resurrección es para todos los hombres, pero que hay un orden militar estricto en los tiempos diferentes en que se va a dar (1 Co. 15:20-26), al utilizar la palabra griega tagma, que significa precisamente un orden de grados sucesivos o en secuencia, en relación a la iglesia nos dice: Primero Cristo, como primicias, luego los vencedores, como parte de las primicias o Pentecostés; después los que son de Cristo en su venida, como la cosecha de todos los frutos, y luego, el fin, cuando se dará la resurrección de todos los demás: los justos del antiguo Testamento que no fueron vencedores y los salvos del milenio, como todos los perdidos, para ser juzgados en el juicio final del Gran Trono Blanco.

 

La clave para comprender los tiempos de la resurrección de los muertos es el triple ministerio de Cristo, el ungido de Dios, que corresponde a las figuras del Antiguo Testamento de quienes eran ungidos con aceite para ejercer su llamamiento: Los profetas (1 Ry. 19:16), los sacerdotes (Ex. 29:4-7, 40:15) y los reyes (1 Ry 17:15). Como veremos, las resurrecciones están ligadas al cumplimiento de cada uno de los ministerios de Cristo: de Profeta, Sacerdote y Rey.

 

Siendo la resurrección el sello y la prueba de que cada uno de los tres ministerios de Cristo se ha cumplido plenamente, cada uno de ellos culmina con una doble resurrección:

 

  • En el pasado, durante su ministerio terrenal, el Mesías recibió la unción del profeta, para hablar las palabras de Dios o buenas nuevas de Salvación (Dt. 18:15-18, Hch. 3:22-23, 7:37, Mt. 13:57, 14:5, 21:11, Lc. 4:17-19, 7:16, 13:33, Jn. 6:14, 7:40, 9:17, He. 1:1-2).

 

Al concluir su ministerio profético, vino su propia resurrección, y también se dio la resurrección de los vencedores del Antiguo Testamento, listados en Hebreos 11, como los héroes de la fe, que saludaron las promesas sin ver su cumplimiento en sus días, pero participaron de su cumplimiento, siendo Cristo el precursor que abrió el camino y penetró los cielos y se llevó consigo a quienes lo esperaron; esa fue la mejor reswurrección que ellos esperaban (He. 6:18-20, Col. 1:18, Mt. 27:53, Is. 26:19, He. 11:35).

 

  • En el presente, desde su sacrificio, resurrección y exaltación, y por todo el tiempo de la Iglesia, Él está ejerciendo su Sacerdocio o pontificado a la diestra del Padre, habiendo recibido la unción sacerdotal y viviendo siempre para interceder por los creyentes (Ro. 8:31-34, He. 2:17, 3:1, 4:14-15, 5:5-10, 6:20, 7:11, 17, 26-28, 8:1, 9:11-12, 10:21).

 

Al concluir el ministerio sacerdotal de Cristo y cerrarse la era de la Iglesia, también habrá dos resurrecciones de los integrantes de la Iglesia: los vencedores, que serán arrebatados para el trono (Mt. 24:27-28, Ap. 3:21), y a la mitad de la Gran Tribulación, todos los que son de Cristo, después de un período de lavado y planchado de sus vestidos, que estarán frente al trono (Mt. 24:29-31, y Ap. 7:9-15).

 

  • En el futuro, cuando regrese a las nubes por su iglesia y después retorne para pisar la tierra, el Señor Jesucristo fungirá como el Rey ungido que su pueblo Israel espera, para reinar sobre la tierra mil años en su reinado universal de plenitud y perfecta paz (Dn. 9:24, 1 Ti. 6:15, Ap. 17:14, 19:11-21, 20:4-6).

 

Al concluir el reinado milenial de Cristo, también resucitarán los justos que no han participado aún de la resurrección, tanto los santos del Antiguo Testamento que no fueron vencedores, como Adán, Eva, Lot, Esaú, Saúl, la tribu de Dan, que no está considerada en el refinamiento de la Gran Tribulación (Ap. 7:4-8, Gn. 49:16-18), y muchísimos más, como todos los que fueron salvos durante el milenio, una resurrección final de justos para vida eterna (Is. 25:8-9, Ap. 20:5-6). Pero además, y para presentarse ante el Gran Trono Blanco del juicio final y participar de la muerte segunda o eterna, resucitarán todos los perdidos de todas las edades, será la resurrección de condenación (Ap. 20:11-15, 2 Ts. 1:9).

 

Con este recorrido por toda la Biblia sobre la resurrección, podemos comprender la importancia que tiene esta doctrina básica, ya que es la principal diferencia entre todas las religiones y el cristianismo verdadero, que autentifica en mensaje del evangelio y lo confirma liberando el poder de Dios. ¡Aleluya!

 

VII.    EL JUICIO ETERNO

 

El Salmo 50 versículo 6 nos da una declaración que abre nuestros entendimientos para entrar en esta verdad, “Dios es el Juez.” Además de todas las otras actividades y ministerios que tiene nuestro Dios, una de las más importantes es ésta. Dios no solamente creo todas las cosas incluyendo a los ángeles y a la raza humana para ponerlos en algún lugar del universo y dejarlos que ellos hicieran lo que quisieran, sin responsabilidad alguna, Dios también ha establecido leyes para cada una de las fases de su gran creación, y así como ha puesto leyes para el sol y la luna (Sal. 104:9), también lo ha hecho para los ángeles y el ser humano; leyes que están para ser acogidas y respetadas por todos.

Cuando estas leyes son desobedecidas, seguramente vendrán consecuencias, ya sea en la vida presente o en la porvenir, dejando claramente ver que La Creación tiene que entregar cuentas al Juez de toda la Tierra (Gén. 18:25). Esto significa que el Creador se ha reservado el derecho de juzgar a su Creación para establecer Su justicia, y todas las leyes bajo las cuales sucederán estos juicios han sido claramente escritas en:

a)              Los cielos Sal. 19:1

b)             La Palabra de Dios Ex. 20

c)              En la misma creación. Ro. 1:19-20.

d)             El corazón del hombre Ro. 2:15.

Al leer los primeros dos capítulos de la epístola a los romanos, encontramos un concepto que es de vital importancia para entender esta verdad del Juicio Eterno: El hombre es inexcusable, es decir, en cualquier manera va a tener que entregar cuentas de sus hechos conforme a la ley de Dios.

Asimismo, es importante entender dentro de esta verdad, que Dios ha dotado tanto a ángeles como al ser humano de un elemento llamado “libre albedrío;” que no es otra cosa sino el ejercicio propio de la voluntad para escoger ya sea; caminar en lo que Dios ha determinado o desobedecer sus mandamientos y caminar en el deseo del corazón.

Podemos decir a manera de introducción que existen dos conceptos básicos para el ejercicio del juicio de Dios

a)              Dios ha dado el conocimiento de sus leyes para hacer a toda su creación inexcusable.

b)             Dios ha dado una libre voluntad de escoger.

Una vez entendidos los conceptos anteriores podemos mencionar que el Término Juicio Eterno, no se refiere un juicio que durará eternamente, más bien, se refiere a la perspectiva general de Dios de cómo se juzgará desde la perspectiva de la eternidad a toda la creación en 9 diferentes juicios que muestra la Palabra de Dios.

Estos 9 juicios están clasificados de la siguiente manera:

1.    Los 4 Juicios sobre la humanidad

a)     El Juicio del Calvario

b)    El Juicio Personal

c)     El Tribunal de Cristo

d)    El Juicio del Gran Trono Blanco

2.   Los Juicios de las Naciones

a)     El Juicio de Israel como nación escogida.

b)    El Juicio de las Naciones Gentiles.

3.    El Juicio del Reino Angélico

a)     El Juicio de Satanás.

b)    El Juicio de los Ángeles.

4.    El Juicio de la Tierra y los Cielos.

En cada una de estas categorías existen leyes específicas por las cuales Dios juzgará, y en base al resultado del juicio determinará la sentencia correspondiente.

Para poder tener un entendimiento claro de cada uno de estos juicios, los abriremos en cuatro aspectos principales que son:

  1. Las leyes o normas que gobiernan nos dan la Visión del juicio.
  2. La manera en la que se efectúa el juicio muestra la Visitación de Dios en ese juicio.
  3. El tiempo y el lugar en el que se lleva a cabo el juicio. Esto es el Veredicto que resulta del juicio.
  4. Las Consecuencias, que en cualquier manera muestran la Victoria del Rey de reyes en ese juicio.

 

1.    Los 4 Juicios sobre la humanidad (Heb. 9:27). Después de la muerte no queda ninguna otra alternativa, ya que no hay ni reencarnación ni purgatorio ni nada que se le asemeje, sino solamente enfrentar el juicio de Dios, es por eso que debemos entender claramente como prepararnos para Aquel Día.

a)     El Juicio del Calvario, el Juicio de la Cruz de Cristo. Éste es sin lugar a dudas el juicio de mayor preponderancia para la raza humana. Desde antes de la fundación del mundo el Cordero de Dios había sido inmolado para poder dar a la raza humana una esperanza delante de Dios, ya que dentro del conocimiento anticipado de Dios (su presciencia), Él sabía que no había posibilidades para que el hombre pudiera sostenerse cumpliendo la Ley de Dios sin caída, sin embargo, ya que el propósito de la creación del hombre fue el que tuviera eterna comunión con su Creador, iba a ser necesario que se estableciera un juicio justo por medio del cual, los que aceptaran las condiciones establecidas, fueran absueltos de todas sus fallas e imperfecciones, este es el Juicio del Calvario. Este juicio fue revelado tanto a los fieles del Antiguo Testamento, ya que lo vemos desde las túnicas con las que Dios cubrió a Adán y a Eva, en el sacrificio de Abel, etc.; como a los del Nuevo Testamento.

  1. Las leyes que gobiernan a este juicio son los “Diez Mandamientos,” que fueron confirmados y redefinidos por el Señor Jesucristo en el Sermón del Monte. Allí Él declara lo que es realmente vivir en la justicia de Dios, un estándar muy alto, que seguramente ningún hombre alcanzaría. Él dijo: “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 5:21), y a partir de allí empieza a establecer una justicia mayor en sus “oísteis que fue dicho.” Lo que al entendimiento y capacidad humana pareciera inalcanzable, Cristo nos da la clave para poder alcanzar, porque Él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.”
  2. La manera en la que nuestro Señor Jesucristo cumplió toda la ley de Dios y caminó en una justicia mayor que la de los escribas y de los Fariseos, llegando al final de su ministerio habiendo sido tentado en todo pero sin pecado, nos muestra su pureza al llegar al juicio de la cruz, como un Cordero sin mancha y sin contaminación. Este juicio estaba determinado para los transgresores, como aquellos que fueron crucificados juntamente con el Señor Jesús, y es en este juicio, donde Él fue cargado con todos nuestros pecados y rebeliones que cometimos en contra de la ley establecida, tomando nuestro lugar. Es decir, el juicio de la Cruz que nos tocaba a nosotros por nuestras transgresiones, fue llevado por un Cristo santo y sin mancha, que tomó nuestro lugar. Cuando Él clamó “consumado es,” nos estaba dando la manera por la cual podíamos nosotros ser absueltos de todos nuestros pecados.
  3. En relación al tiempo y al lugar de éste juicio o tribunal es aquí en la tierra de los vivientes y ahora. Cada día que el hombre vive sobre esta tierra, tiene la oportunidad de recibir la obra sustitutoria de Jesucristo en la cruz llevando todos sus pecados y haciéndole completamente justo delante de Dios (1Co. 5:21). El dejar pasar la oportunidad de recibir a Jesucristo como Salvador, provocará que en el futuro se enfrente el Juicio del Gran Trono Blanco.
  4. Las posibles consecuencias son; el ser declarado justo o ser hallado culpable.
  5. Para aquellos que acepten por fe la obra sustitutoria de Jesucristo en la cruz del Calvario el cual murió y pagó por todas las transgresiones, la consecuencia es una libre entrada al cielo, habiendo sido completamente justificado por gracia a través de la fe en el sacrificio redentor del Señor Jesús.
  6. La consecuencia negativa es para aquellos que; habiendo recibido la predicación del evangelio, y habiendo sido convencidos por el Espíritu Santo de su culpabilidad, aún así, voluntariamente rechazaron la obra de Jesucristo en la cruz, no dejando para ellos otra salida que esperar el día del Juicio del Gran Torno Blanco en donde se confirmará su sentencia de fuego y tormento eterno.

b)    El Juicio Personal (1Co.11:31-32; 1Jn.1:5-2:2). Este es un juicio provisto por la gracia de Dios antes de llegar a su Presencia y enfrentarnos con Aquel que tiene “ojos como llama de fuego.”

  1. Las leyes que gobiernan este juicio son las reglas de conducta que están escritas en la Palabra de Dios. Debemos de entender que este juicio es exclusivamente para los que han pasado exitosamente el juicio anterior llamado el Juicio del Calvario, ya que al ser nacidos de nuevo y tener asegurada la entrada al cielo, es decir la salvación por fe, en tanto que se llega al destino final existe un gran tramo que se debe de recorrer para llegar en la manera más gloriosa posible. Existían en el Antiguo Testamento leyes de conducta que tenían el propósito de mantener al pueblo de Israel dentro de los estándares de Dios y con el objeto de llenarlos de las bendiciones de lo Alto. En el Nuevo Testamento tenemos ahora las instrucciones dadas por nuestro Señor Jesucristo, así como los escritos apostólicos que nos han sido dados, no para ganar la salvación, sino para mantenernos dentro de los estándares que Dios ha establecido para su pueblo, y que de esta manera nos sea administrada una amplia entrada al cielo. Estas normas de conducta nos ayudan a entender la mente de Dios en relación a lo que Él espera de sus hijos y también el porqué de las disciplinas que Él muchas veces tiene que aplicar para mantenernos en su Santidad, aniquilando al “viejo hombre.”
  2. Dios en este juicio nos da la oportunidad de juzgarnos personalmente y venir a cuentas con Él en una manera cotidiana para que nuestra conciencia se mantenga limpia y podamos ser sensibles a su voz. Cuando fallamos en este juicio personal, es entonces cuando vienen las disciplinas de Dios que son por amor (Heb. 12:5-11), con el objeto de prepararnos para encontrarnos con Él. Este juicio es de fundamental importancia para llegar a ser la Esposa del Cordero que se ha aparejado. Esto significa que a través de este juicio, nos estaremos limpiando de toda inmundicia y suciedad que pudiera venir a nuestras vidas y al confesarlas en verdadero arrepentimiento, quedaremos sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante (Ef. 5:25-27; 2Co. 11:2). Notemos que en el primer pasaje la limpieza viene por el lavacro de la palabra, es decir, al vernos en el espejo de la Palabra y ver nuestras imperfecciones, debemos venir en arrepentimiento a confesar nuestras fallas y ser limpios. El segundo pasaje está escrito a una iglesia que tenía muchas fallas, como se puede ver claramente en las dos epístolas que Pablo les escribió a los Corintios, sin embargo al finalizar la segunda, aún así él los considera todavía una virgen pura para Cristo (1Pe. 4:17).
  3. El tiempo y el lugar del juicio es durante la vida cristiana que podemos ejercer en esta tierra. Todo el tiempo que vivamos en esta tierra, Dios nos está dando la oportunidad de corregir y de estar preparados para Su Venida. Una vez finalizada nuestra vida en esta tierra, no habrá más oportunidad para el juicio personal.
  4. Las consecuencias de este juicio personal serán reveladas en el siguiente juicio que es llamado “El Tribunal de Cristo;” ya que como lo mencionamos, este juicio es solamente preparatorio dándonos una oportunidad de presentarnos lo más limpio posible ante Él.
  5. Por un lado, si nos juzgamos honestamente delante de Dios de acuerdo a la palabra que nos fue revelada durante nuestra vida, entonces sufriremos menos disciplinas de parte de Dios y estaremos mejor preparados para presentarnos ante nuestro Señor.
  6. De otra manera, las disciplinas de Dios sobre nuestra vida se aumentarán, y habremos asimismo desaprovechado la gran oportunidad que Dios nos brindó para corregir, antes de llegar a Su Presencia.

c)     El Tribunal (Gr. = “Bema”) de Cristo (Ro. 14:10-13; 2Co. 5:10). A este tribunal solamente tienen derecho de asistencia los que han sido redimidos por la sangre de Cristo, ya que como lo mencionamos anteriormente, los que rechazan a Cristo en el juicio de la cruz, no tienen otro destino mas que la segunda muerte que les será determinada en el Juicio Final, es decir, el Juicio del Gran Trono Blanco.

  1. Las leyes que rigen en este juicio son las que nos fueron reveladas durante nuestra vida como cristianos en la tierra. De todo eso tendremos que dar cuenta en este tribunal. “porque á cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.” (Lu. 12:41-48). Mientras más entendimiento nos es dado en cómo debemos caminar delante del Señor agradándole en todo, conociendo que Él también nos da la gracia para cumplir, en esa medida es en la que tendremos que responder delante de Él.  Esto significa que nunca seremos juzgados por algo que no recibimos el entendimiento y la gracia para cumplirlo.
  2. En relación a la manera en la que se llevará a cabo este juicio; podemos decir que cada uno compareceremos delante de este tribunal para dar cuenta de lo que allí estará escrito, ya sea bueno o malo. Es importante considerar también que el que nos juzgará será Jesús, como está escrito en Juan 5:22- 27 y 1Jn. 2:28; 4:17.
  3. Este juicio se inicia en el mismo momento del arrebato de la Esposa del Cordero (Mt 24:28), la cual incluye también la resurrección de las primicias de 1Corintios 15:23, 24 y la mejor resurrección de Filipenses 3:11. En ese mismo instante se empezarán a sentir los efectos del dictamen de éste tribunal, tanto para los vencedores- ya que empezarán a gozar de la Presencia de su Amado aunada a todos los privilegios de ser la Esposa del Cordero; como para los derrotados, los cuales serán dejados atrás en la Tribulación, esperando la segunda oportunidad de ser arrebatados. Es importante entender que en cuanto seamos arrebatados ya no estaremos sujetos a las limitantes de espacio y de tiempo como lo estamos en nuestros cuerpos mortales, por lo tanto, la comparecencia ante este tribunal de todos y cada uno de los santos puede ser efectuada en unos instantes (Lc. 24:36). Los santos irán pasando por este tribunal a medida que vayan entrando con sus cuerpos glorificados a la Presencia de Dios, ya que nadie podrá presentarse a las bodas sin haber sido purificado con anterioridad. Esta purificación se hará por medio de los juicios en la primera parte de la Gran Tribulación (Mt 24:29-31), ya que tendrán que esperar a que el Señor regrese de las bodas (Lc. 12:36). Así como cuando se celebraba la Pascua en Israel y había una segunda oportunidad para los que se habían perdido de la primera, así será en este tribunal. Es segunda oportunidad será 3 años y medio después de la primera.
  4. Las consecuencias o resultados de este tribunal están claramente descritas tanto en los Evangelios como en los escritos apostólicos, de los cuales enlistamos únicamente las siguientes referencias: Mt. 25:1-30; Jn. 15:6; 1Co. 3: 11-15; 1Co. 9:25-27; Fil. 2:19; 2Tim. 4:8; Stg. 1:12; 1Pe. 5:1-4; Heb. 6:4-9; 10:26-31; Judas 24; Ap. 3:21; 19:7-8. A partir de aquí podemos ver claramente dos clases de consecuencias:
    1. La primera esta caracterizada por gloriosas bendiciones como son: El entrar a las bodas desde la ceremonia nupcial, el haber llevado fruto para su gloria, el ser librado de la Gran Tribulación (representada en ocasiones como el lloro y el crujir de dientes), recibir recompensas y herencia, el ser hallado sin caída, ser la Esposa del Cordero, las coronas, sentarse en el Trono con Cristo, etc.
    2. La segunda clase de consecuencias de este tribunal se caracteriza por fuertes disciplinas de fuego purificador para que aquellos que no lo hicieron por iniciativa propia, puedan entrar en la presencia de Dios, donde no hay posibilidades de llevar las inmundicias o los malos hábitos que esos creyentes permitieron durante su paso por el mundo. Esas consecuencias son: No poder entrar a las bodas (solamente poder participar de la cena Ap. 19:9), pérdida de recompensas o herencia, ser avergonzados (Ap. 3:18; 16:15), estar delante del trono, tener que pasar por la primera parte de la Gran Tribulación, una horrenda expectación de fuego.

d)    El Juicio del Gran Trono Blanco (El Juicio Final). Este es el juicio que cierra el ciclo para la humanidad, todos los seres humanos que no han recibido su sentencia final acudirán a este tribunal (Dn. 12:2-3; Jn 5:28-29; Ap.20:11-15).

  1. La ley que gobierna este juicio es sencilla, cada quién será juzgado según sus obras (Ap.20:12). Aquí encontramos dos clases de libros, los libros del registro de las obras y el libro de la vida. Jesucristo es llamado el “Autor de la Vida,” (Hch. 3:15), y Él mismo es el único que tiene potestad de dar vida eterna (Jn. 17:2-3; 1Jn. 5:11-12). Es decir, no hay otro evangelio, no hay otra manera de tener vida eterna, no hay otro camino, la única manera de ser escrito en el libro de la vida es el aceptar al Hijo de Dios, Jesucristo, esta es la única “obra” que salva, pero no es una obra de esfuerzo propio, sino una acción de fe.
  2. Aquí todos serán juzgador por sus obras. Cabe mencionar que a los que no se encuentren escritos en el libro de la vida, ninguna de esas obras les van a salvar, solamente servirán para determinar en una manera contundente su rechazo hacia el Hijo de Dios, a la obra del Espíritu Santo y lo abominable de sus depravados hechos por más religiosos que ellos pudieran haber sido. Esos “trapos de inmundicia” serán sacados a la luz delante de Dios y serán los testigos más severos de aquellos que merecen una muerte eterna, la “muerte segunda,” en la cual no hay esperanza, sino únicamente una condenación perpetua. Dentro del grupo de personas que asistan a este tribunal habrá algunos que se salven, ¿quiénes? aquellos que se encuentren escritos en el libro de la vida. Estos son los que fueron salvos ya sea durante la Gran Tribulación, o durante el milenio. Recordemos que al final de cada etapa en la vida de la humanidad existe un tiempo de prueba, es por eso que Satanás será suelto por un poco de tiempo, al final de los mil años, para “probar” a los moradores de la Tierra.
  3. Este juicio se llevará a cabo delante de Dios, y será al final del milenio, antes de entrar en la eternidad, antes del cielo nuevo y la tierra nueva.
  4. Las consecuencias de este juicio son determinantes:
  5. Los que se hallen escritos en el libro de la vida irán con los redimidos a la vida eterna
  6. Los que no se hallen escritos en ese libro de la vida, irán a dar al lago de fuego por la eternidad.

 

2.    Los Juicios de las Naciones

a)     El Juicio de Israel como Nación Escogida. Dios se refiere a Israel en 1 Crónicas 16:13 como su pueblo escogido, diciendo: “Oh vosotros, simiente de Israel su siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos. Jehová, él es nuestro Dios; Sus juicios en toda la tierra.”

  1. La nación de Israel va a ser juzgada en base a las leyes y privilegios que le fueron concedidos como “Pueblo Escogido de Dios” (Dt. 7:6), en el libro de Deuteronomio encontramos a Moisés dando a Israel todas estas leyes,  mandamientos y ordenanzas que hablaban en figura del sacrificio perfecto del Cordero de Dios, preparándolos no solamente para entrar en la Tierra Prometida, sino también para esperar al Mesías (Dt. 18:15).
  2. Todo el Antiguo Testamento encontramos juicios y amonestaciones de parte de Dios a través de sus profetas y santos que fueron enviados para llamar a Israel a volver a su Dios, y a estar apercibidos para la venida de Aquel Mesías.
  3. En el tiempo señalado, Jesús vino a este mundo para salvar a su pueblo se sus pecados (Mt. 1:21), sin embargo como ellos no lo recibieron (Jn1:11), antes lo crucificaron para que se cumpliesen todas las Escrituras (Lc. 24:25-26); entonces la nación de Israel quedó relegada de su privilegio (Ro. 9:30-33), con el propósito de que entrase la plenitud de los Gentiles en el Plan Eterno de Dios (Ro.11). El mismo Señor Jesús habló de estos juicios sobre Israel, al descubrir la falsedad de sus líderes religiosos en Mateo 23.
  4. Las consecuencias del Juicio de Israel son las siguientes:
  5. Al no reconocer y recibir a Jesús como el Mesías prometido ellos fueron “quebrados” del plan de Dios, en el cuál se abría una Nueva Creación, un Nuevo Hombre, que es la Iglesia, en donde no hay distinción de razas o nacionalidades, sexos, cultura o posición social (Gá. 3:28). Esto significa que en este tiempo de la Iglesia, Israel no será completamente restaurada.
  6. Los Israelitas, en una condición de individualidad, tienen que reconocer a Jesús como su Salvador y entrar por el Juicio de la Cruz, para poder ser parte de la Iglesia y entonces ser nuevamente injertados en su oliva natural. Ellos, como el resto de los creyentes en Cristo Jesús tendrán también que atravesar por el Juicio Personal y el Tribunal de Cristo. Los que no acepten a Jesús como su Salvador serán tratados como el resto de los pecadores e irán a para al Juicio del Gran Trono Blanco para de allí ser enviados al Lago de Fuego.
  7. Israel como Nación tendrá que esperar al Milenio, dentro del cuál ella será restaurada como “cabeza de naciones,” para así dar cumplimiento a los pasajes que hablan del Mesías reinante, aunque esto no vendrá sin que antes ellos tengan que pasar por los 7 años de la Gran Tribulación (Mt. 24:4-25), que abrirá finalmente su ojos y “mirarán al que traspasaron” (Zac. 12:10-14; 13:6).

b)    El juicio de las Naciones Gentiles. Este juicio está descrito en Mateo 11:20-24; 25:31-46; y Apocalipsis 15:4; 20:8-9; 21:24-26 y 22:2.

  1. Todas las naciones de la tierra y sus gobernantes han sido siempre supervisados por Dios, y Él ha derramado sus juicios sobre ellas de diferentes maneras cuando su maldad y depravación sobrepasan los límites que Él ha establecido. Cristo menciona en el pasaje de Mateo 25:35-36, seis criterios que se utilizarán para ese juicio. Todos ellos se enfocan hacia los necesitados a través de los cuales el mismo Cristo quería manifestarse a las naciones. La opresión de los pobres y el gemido de los menesterosos hace que Dios se levante en juicio en contra de los opresores (Sal. 12:5).
  2. Todas aquellas naciones serán traídos en el día del juicio delante del Hijo de Dios, y Él que conoce los corazones y las acciones de todos, dará a cada quién su pago.
  3. Este juicio se realizará después del milenio en el trono supremo del Señor Jesucristo, cuando la totalidad de las naciones haya sido probada, al haber vivido bajo regímenes humanos hasta antes de la Gran Tribulación, así como bajo el régimen del Rey de reyes y Señor de señores en el milenio.
  4. Las consecuencias son dos; el reino eterno, o el fuego eterno.

 

3. El Juicio del Reino Angélico

a)     El juicio de Satanás. Este juicio está relatado en los pasajes de Isaías 14:11-15; Ezequiel 28:5, 6, 14-18; Hebreos 2:14-15; Apocalipsis 20:9, 10.

  1. La soberbia de Satanás fue la que lo condenó, al querer ser igual a Dios, tratando de arrebatar la supremacía al Hijo de Dios, estaba rebelándose a su posición y su iniquidad quedó manifiesta.
  2. Aunque el juicio sobre Satanás ya ha sido realizado (es por eso que ni para él ni para sus demonios hay manera de arrepentimiento), al ser arrojado del cielo y ser derrotado en su propio terreno por Cristo a través de la muerte sepultura y resurrección; Satanás ha sido dejado sin el castigo final.
  3. Este castigo le vendrá inmediatamente después del Milenio y antes del juicio del Gran Torno Blanco.
  4. Las consecuencias de este juicio, aunque han sido devastadoras para Satanás (siempre termina derrotado), se verán concluidas cuando sea finalmente lanzado al lago de fuego y azufre por toda la eternidad.

b)    El Juicio de los ángeles. Aquí encontramos básicamente los siguientes pasajes: Mateo 8:29; Lucas 8:28-31; 1 Corintios 6:3; Colosenses 2:15; 2 Pedro 2:4; Jud. 6-7.

  1. La lealtad y obediencia a Dios, son los criterios que gobiernan este juicio.
  2. Todos los ángeles se presentarán delante de Dios y delante de sus santos para ser juzgados y para darles la sentencia final. Es importante considerar que los ángeles que no guardaron su dignidad, es decir, los demonios, ya han sido exhibidos y sacados a la vergüenza por la cruz de Cristo.
  3. El tiempo en el cual se celebrará esta sentencia, al igual que para Satanás, será inmediatamente después del Milenio y antes del juicio del Gran Torno Blanco.
  4. Los ángeles que si guardaron su dignidad quedarán en la eternidad con Dios y con los redimidos. Los que no lo hicieron así, terminarán en el lago de fuego eterno.

 

4.   El Juicio de la Tierra y los Cielos. Génesis 3:17-19, Romanos 8:19-23; 2 Pedro 3:10-12 y Apocalipsis 20:11; 21:1 nos hablan de este juicio.

  1. La Tierra y los Cielos, que fueron restaurados del caos inicial en el que Satanás, después de que fue lanzado del cielo los había dejado, fue puesta bajo la autoridad del hombre, sin embargo cuando éste pecó, trajo una maldición sobre esa creación.
  2. Esto significa que esta tierra en la que vivimos no será perpetua, un día gozaremos de cielos y tierra nuevos, donde morará la justicia.
  3. Al finalizar el Milenio y haber sido finalmente probadas las naciones que habiten la tierra en esa época, se efectuará la sentencia final sobre esta Creación.
  4. Una vez que se hayan cumplido todos los propósitos para los cuales esta tierra y estos cielos fueron creados, tendrán que ser consumidos por fuego, y no se hallará más lugar para ellos. Esto es necesario para acabar completamente con toda cosa que haya sido contaminada por el pecado.